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La Patria es Ella

Por Alfredo Leuco - 25 de Noviembre, 2015, 23:47, Categoría: Opinión

La presidente que se va maltrató gratuitamente a la mayoría de los argentinos. No es la primera vez que ocurre pero en esta ocasión, Cristina Kirchner superó todos los límites. La presidente que se va manchó su propia investidura presidencial y le dio una cachetada al sentido común, y a las instituciones republicanas que todos debemos cuidar como la savia que alimenta la democracia.

La presidente que se va no pudo ni siquiera disimular su bronca, su ira y la manera en que sus caprichitos monárquicos desembocan en el peor patoterismo de estado.
La presidente que se va no tuvo ni siquiera la dignidad de reconocer que su candidato perdió las elecciones y que como corresponde en todo país civilizado del mundo, hay que establecer un mecanismo racional y profesional para efectuar la transición.

La presidente que se va tuvo varios gestos que demuestran su mal humor y su condición mezquina. Pero el más grave fue haber ninguneado a Mauricio Macri, al que casi no le permitió hablar ni plantear los mínimos diálogos necesarios que se producen cuando un gobierno debe entregar las llaves y los libros contables a un nuevo inquilino. Es que Cristina Kirchner jamás se sintió inquilina de la Casa Rosada. Siempre actuó como propietaria, como la dueña del país, como la patrona del mal de Balcarce 50.

Esa actitud autoritaria no lastima ni erosiona la figura de Mauricio Macri. Castiga a los casi 13 millones de argentinos que votaron al presidente electo, y a la convivencia pacífica que debemos reconstruir urgentemente después de la docena de años K que inocularon tanto odio en la sociedad. Y finalmente, la presidente que se va se ensució a sí misma. Se habló encima. Cristina Kirchner conspiró incluso contra su propia imagen ante el mundo. Después de haber tenido casi la suma del poder público, se va por la puerta chica de la historia. Cristina Kirchner no se respetó a si misma. En el interior se dice: “Saber perder es la clave, que ganar cualquiera sabe”.

La presidente que se va se llena la boca invocando al pueblo y a los humildes. Miente cuando dice: “La patria es el otro”. En realidad con sus gestos y actitudes como las de ayer, demuestra que ella está convencida que “La Patria es Ella” y que una gran parte del pueblo argentino no se merece tener una estadista de sus pergaminos. Todo el tiempo su discurso pre y post electoral es ese. Dice sin decir: ¿Qué les pasa, argentinos? ¿Son tontos? ¿No se dan cuenta todo lo que hice por ustedes? Nunca voté en un país con el 5,9% de desocupación. Dan ganas de contestarle con respeto: esta vez tampoco votó en un país con esa desocupación tan baja. Esa cifra es una falsedad grande como su ego, doctora. Esa cifra es una mentira gigante en la que sólo cree usted y su pandilla. La presidente que se va, como es su costumbre, humilló primero al oficio de periodista. No a los poderosos dueños de Clarín, 

La Nación o Perfil. Fue contra los trabajadores de prensa a los que no les permitió ni siquiera ir al baño ni organizar su tarea racionalmente en la sala de prensa, que para eso existe una sala de prensa. Ayer dije que eso era una guachada. Cristina Kirchner no gana nada con eso. Perdemos todo. Solo canaliza su revanchismo. Ella tal vez no se dio cuenta pero esos latigazos no son contra nuestros compañeros cronistas. Son contra los lectores, oyentes y televidentes que tienen el derecho a ser informados. Y ese es el derecho que Cristina Kirchner les negó. Incluso hay que reconocer que ahí fue igualitaria. Su agresión fue pareja para todos. Hasta los muchachos que le chupan las medias y que cobran del bolsillo del estado que pagamos todos, tuvieron que esperar afuera sin las mínimas condiciones de respeto que merece todo ser humano.

La presidente que se va mostró una vez más la hilacha. Confirmó lo que todos sabemos respecto del síndrome de Hubris que padece. Es una enfermedad que produce la borrachera de poder. Es la consagración de la altanería y la soberbia. Es la pérdida de contacto con la realidad, la que le permite decir que su fortuna la hizo porque es una exitosa abogada o que se siente una arquitecta egipcia o alentar que sus ministros vomiten mentiras de lesa humanidad como decir que la inseguridad es una sensación o que en Alemania hay más pobres que en Argentina.

La presidente que se va se perdió la oportunidad de tener aunque sea un último gesto de valor republicano. De abrir las puertas y las cuentas de todos los ministerios para facilitarle la tarea al gobierno nuevo que eligió la soberanía popular. Bastante ya con la maldita herencia de bombas de tiempo que el presidente que viene tiene que desactivar en la economía en crisis, en el narcotráfico como etapa superior de la inseguridad y en la división terrible que instaló en esta tierra.

El presidente que viene, Mauricio Macri, anoche en TN, en nuestro programa de Los Leuco, dijo que “la reunión no valió la pena”. Esa confesión es de por sí un título impactante para todos. Pero lo más terrible fue el tono que utilizó el ingeniero. Estaba dolido, desilusionado, con vergüenza ajena, no quería dar detalles del tema. Incluso nos informó, que Cristina Kirchner le confirmó que le va a poner la banda presidencial el 10 de diciembre. Es que corrían rumores de que Cristina Kirchner, casualmente, se iba a engripar ese día y el acto protocolar lo iba a protagonizar el vice, el malandra de estado, Amado Boudou. Por suerte eso quedó en rumor. Cristina Kirchner le confirmó a Macri que va a cumplir con la ley y las formas, y le va a entregar los atributos de mando en la Asamblea Legislativa. Parece mentira, pero hasta estas cuestiones obvias deben ser chequeadas.

Tan bajo hemos caído. Hasta Aníbal Fernández, uno de los personajes con mayor imagen negativa y el que llevó con su candidatura al peronismo bonaerense a la peor derrota de la historia, tiene la caradurez de criticar a Macri diciendo que tenía ansias de protagonismo y de aparecer ante la luz de las cámaras, como si se tratara de un figuretti. Justo este gobierno habla de discreción, cuando han sido la desmesura y la obscenidad a la hora de gastar fortunas para los actos fastuosos y faraónicos hasta para inaugurar una canilla de agua.

Pero es lo que hay. Por eso el pueblo mayoritariamente decidió que se vayan. Que no haya continuidad. Que empiece algo nuevo. El domingo pasado en las urnas se expresó un hartazgo social hacia un gobierno que parece disfrutar con su actitud dañina y beligerante. Un lúcido dirigente peronista que no la quiere me dijo un día:

“Los Kirchner logran por violación, lo que podrían conseguir por seducción”. Está en su ADN la conducción mediante la intimidación. Ya quedan pocos días para que la presidente que se va vuelva al llano y se quede sin su chequera y sin su látigo.

El presidente que viene debería realizar una gigantesca y rigurosa auditoria de todos los ministerios, y presentar en conferencia de prensa el estado lamentable en el que dejan el país y las cuentas públicas.

Está muy claro que yo no soy kirchnerista y que fui muy crítico con la presidente que se va. Pero el tiempo mostrará que tampoco soy macrista, que como corresponde a mi oficio de periodista voy a ser lo más riguroso que pueda con la información que es sagrada y lo más libre con la opinión. Se elogiará lo bueno y se criticará lo malo como corresponde a nuestra tarea.

La presidente que se va cree que la patria es Ella. El presidente que viene tiene la oportunidad de demostrar que la patria somos todos. La presidente que se va acelera su propia decadencia. El presidente que viene abre una ventana de esperanza. Cristina Kirchner se va y Mauricio Macri viene. Los presidentes pasan. Los argentinos nos quedamos. Esa es la democracia.

Por Alfredo Leuco

 

 

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