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Representante despreciable. Perdón Uruguay

Por Armando Maronese - 4 de Marzo, 2015, 21:37, Categoría: Opinión

Quedó demostrado fehacientemente el menosprecio de Argentina hacia la existencia soberana de Uruguay, por la actitud despreciable que se ha tenido con éste país y que a fin de cuentas no es nada nuevo, pues distintos gobiernos argentinos han tratado a este país hermano más o menos groseramente y eso ya es proverbial.

 

La acusada presidente de Argentina, cumpliendo con la consigna heredada de Perón, de que "primero un sopapo y después un mimo”, envió al procesado vicepresidente Boudou quien fue luego abucheado por la multitud y cuyo testaferro está preso a pedido de la Justicia uruguaya, para asistir al traspaso de mando de Mujica a Vázquez.

 

Por primera vez en la historia de ambos países, un presidente no asiste a la toma de posesión de un presidente rioplatense. Algo vergonzoso y despreciable.

 

Éste es el primer sopapo que la presidente argentina da al presidente Vázquez que lo dejó knock out, pese a la silbatina y abucheo del pueblo frente amplista al procesado Boudou, silbatina y abucheo que todo el pueblo compartió por encima de banderías.

 

Todo esto, sin olvidar el grosero desprecio de la mandataria argentina al Dr. Vázquez, durante su primera presidencia, cuando en su segunda asunción lo rezongó en pleno discurso en el Congreso argentino, delante de cientos de invitados extranjeros. No se recuerda, en los últimos 100 años, algo similar a la actitud kirchnerista.

 

Para quienes no están demasiado familiarizados con nuestra historia común, ésta ingrata situación originada con la presencia del procesado Boudou, no constituye un hecho aislado. Súmese a vuelo de pájaro el actual conflicto en torno al funcionamiento de la planta procesadora de celulosa UPM; las reiteradas omisiones argentinas para concretar el dragado y profundización del Canal Martín García, y la atrevida y no menos lesiva "Doctrina Zeballos".

 

Cabe recordar que el Canciller argentino Estanislao Severo Zeballos (1854-1923), a principios del siglo pasado, dio nombre a esta ingeniosa doctrina, también conocida como "Doctrina de la Costa Seca".

 

El citado canciller expresaba por entonces: "La República Oriental no tiene derecho alguno sobre el Río de la Plata. Su dominio sólo se extiende hasta la línea de las más bajas mareas".

 

¿Qué significaba esto? Pues que cuando los montevideanos fueran a sus playas, mientras estuvieran en la arena seca estarían en Uruguay. Pero, cada vez que decidieran bañarse... Lo harían en aguas argentinas. Realmente un asco.

 

Por ello, esta historia en torno a los despojos que dejó Mujica en lo que a las relaciones con Argentina se refieren, inició ayer un nuevo episodio con este despreciable representante que Cristina Fernández de Kirchner les envió al traspaso de mando. Por cierto que, pese al knock out, los uruguayos no se sintieron sorprendidos. Sí indignados.

Y esa indignación sólo sirve para mayores afrentas y rencores. Hasta un ser con la capacidad de cerebro disminuida, se dará cuenta que la presencia de Boudou en representación del gobierno argentino en la asunción de Tabaré Vázquez constituye una afrenta a nuestros entrañables vecinos.

Por decisión de Cristina Kirchner, la Argentina fue representada en la asunción del presidente electo de Uruguay, Tabaré Vázquez, por un funcionario doblemente procesado y enviado a juicio oral en una de las numerosas causas que se le siguen.

En verdad es un hecho lamentable y vergonzoso, una afrenta. En primer lugar, por la enorme gravedad institucional que significa que un vicepresidente de la Nación se encuentre en esa situación judicial y, en segundo término, por el desprecio político al que se somete a nuestros entrañables vecinos enviándoles a un funcionario al que la presidente ni siquiera quiere hoy sentado a su lado en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional.

Es absolutamente comprensible el malestar que en los últimos días han expresado muchísimos uruguayos por semejante ofensa lanzada desde nuestro país.

El gobierno nacional ha justificado la ausencia de Cristina Kirchner, por coincidir la asunción en Uruguay con la asamblea parlamentaria local. Sin embargo, tanto Néstor Kirchner como la actual mandataria, acomodaron los horarios en 2010 para poder viajar a Uruguay cuando quien asumía era José Mujica, el presidente saliente, a quienes los Kirchner habitualmente dispensaron mejor trato que al actual líder del Frente Amplio.

Como si todo ello no fuera suficiente, la presencia de Boudou en Uruguay ha sido precedida por tres hechos judiciales que la agravan todavía más: el 19 del mes último, la Cámara Federal confirmó el procesamiento del vicepresidente en la causa Ciccone, dejándolo a un paso del juicio oral y público por la compra de esa imprenta, a través del fondo The Old Fund cuando era ministro de Economía y, anteayer, el mismo tribunal le rechazó un recurso de queja en la causa en la que se lo investiga por falsificar papeles de un automóvil para evitar tener que pagar la mitad de su valor a su ex esposa, por lo que también irá a otro juicio oral.

También anteayer el juez federal de Mendoza Walter Bento, le negó la excarcelación al supuesto testaferro de Boudou, Alejandro Vandenbroele, al considerar que cuenta con los medios económicos como para intentar fugarse del país. Precisamente, Vandenbroele está preso por pedido de la justicia uruguaya, por haberse negado a presentarse en una causa en la que se investiga si lavó dinero en una operación presuntamente vinculada con la adquisición de la ex Ciccone.

Con su decisión de enviar a Boudou a Uruguay, Cristina Kirchner ha pretendido sacarse de encima el lastre que le significaría tener que dejar para la historia la foto de su último discurso ante la Asamblea Legislativa, sentada junto a la figura más desacreditada de su gobierno, el mismo funcionario del que ella alguna vez dijo sentirse orgullosa. Sin embargo, ese lastre seguirá atado a la presidente mientras no le pida la renuncia al cargo y el kirchnerismo siga protegiéndolo de todas las formas posibles con increíbles argumentos que desafían la razón.

Boudou es un vicepresidente que no sólo avergüenza a los argentinos. Su presencia en la asunción de Tabaré Vázquez es un deshonor también para los uruguayos y una enorme afrenta a quien hoy asume la presidencia de ese país.

Como ya he dicho, no se trata de la situación personal y aislada de uno o más funcionarios, sino de la propia salud de la República.

Por Armando Maronese

 

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