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Arranca en diciembre la pesadilla de Cristina K

Por Fernando Gutiérrez - 1 de Diciembre, 2014, 20:01, Categoría: Opinión

Arranca en diciembre la pesadilla de Cristina K: cómo se prepara para prevenir los saqueos, apagones y suba del dólar. Hoy arranca el mes más temido por el Gobierno, por una serie de acontecimientos que pueden alterar la paz social. El panorama financiero luce controlado. No así otros focos de conflicto, como los apagones o los disturbios. El plan oficial "diciembre en paz" ya está en marcha.

Para una presidente que adora mencionar la expresión "inclusión social" en todos sus discursos, pocas cosas pueden ser peor que las imágenes de personas saqueando las góndolas de los supermercados, y protagonizando refriegas con la policía. Más aun si estos hechos se combinan con apagones y con una suba del dólar.

Determinada a "exorcizar" los fantasmas, Cristina K viene denunciando, desde hace meses, la existencia de conspiradores que están preparando los disturbios de fin de año como parte de un plan para desestabilizar a su Gobierno. La última de esas advertencias ocurrió la semana pasada, en su reaparición pública tras la licencia médica.

Al terminar su discurso y desearle un buen año al auditorio de empresarios de la construcción expresó: "Espero que este fin de año no empecemos con las efemérides. Está todo armado, preparado. Lo sabemos todos. Basta, no empecemos. Si hay otras formas más lindas y legítimas de hacer política que esas". Por más que se diera el lujo de referirse al tema con cierto aire despreocupado y risueño, quedó claro que la posibilidad de nuevos disturbios es una de sus principales preocupaciones.

Es que, a pesar de que siempre quede a mano el argumento de que "estuvo todo armado" y que las protestas no fueron espontáneas, lo cierto es que el Ejecutivo nunca logra evitar pagar un fuerte costo político.

Basta recordar el 10 de diciembre del año pasado, cuando lo que debía ser una fiesta popular por los 30 años de la vuelta de la democracia, se terminó empañando por los violentos disturbios en el interior.

Como la ominosa situación generada por los televisores que mostraban en "pantalla partida", imágenes de Cristina K bailando junto al grupo musical Fuerza Bruta -acompañada por Moria Casán y otras figuras del espectáculo en el escenario montado en Plaza de Mayo-, y otras imágenes mostrando los muertos por las refriegas entre la policía y manifestantes en Tucumán. Lo que se dice, una pesadilla para cualquier dirigente político.

Tuvo, además, un agravante: cuando en su descargo la Presidente expresó su descreimiento sobre los "efectos contagio" en las protestas policiales y los disturbios ("lo único que se contagian son las paperas y la rubeola", dijo), la realidad la desmintió de manera contundente.

Lo cierto es que esas protestas policiales, se multiplicaron ante la constatación de que los uniformados de Córdoba habían conseguido una mejora salarial. No sólo eso, sino que los estatales de varias provincias salieron inmediatamente a reclamar aumentos en igual porcentaje que los obtenidos por la policía.

"El que no llora no mama, como dice el tango. Es el efecto demostración. Si la policía consigue un incremento tan significativo gracias al conflicto, lo que está generando es un incentivo para que los demás hagan lo mismo", afirmaba Sergio Berensztein, entonces director de la consultora Poliarquía.

El resultado no podía ser más desastroso porque además, el Gobierno había quedado mal parado por su actitud inicial de atribuir los desórdenes a la mala administración de José Manuel de la Sota.

Para agravar las cosas, en Buenos Aires se batía el récord de malhumor ciudadano por los apagones, al tiempo que en la city porteña se disparaba el blue, en una clara señal de que el mercado esperaba una devaluación.

Por usar una expresión de la propia Cristina K, es "too much" como para permitir la repetición de semejante cúmulo de catástrofes.

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Dólar tranquilo, apagones no tanto


Es en este contexto, que el Gobierno está en plena ejecución de s"diciembre en paz". El ámbito en el que parece más cerca de garantizar la calma es el del dólar. Con el blue anestesiado y los muchachos de Alejandro Vanoli y de la AFIP patrullando la city financiera -sumado a ciertas actitudes de moderación en la emisión monetaria-, se ha logrado una sensación de estabilidad. Por lo menos, la menor brecha actual entre el blue y el tipo de cambio oficial (53%), es motivo suficiente como para que el Gobierno sienta algo de alivio para el verano.

Las cosas empiezan a ponerse más complicadas cuando se entra en el tema de los apagones. Si bien hubo inversiones durante el año para tratar de limitar la posibilidad de cortes en los tramos más débiles de la red, lo cierto es que los problemas no están del todo resueltos. Esto quedó en claro con un corte ocurrido con los primeros calores de octubre y, sin ir más lejos, el jueves de la semana pasada. Lo cierto es que todos -desde Julio de Vido hasta las empresas distribuidoras- han admitido, con mayor o menor claridad, que los porteños están en manos del clima. Es decir, de la suerte.

Se asume que, ante la ocurrencia de temperaturas extremas -o, por usar la expresión de un directivo de Edenor, temperaturas "no razonables"-, sería inevitable que zonas de la ciudad queden sin energía eléctrica. Es por eso que desde el Gobierno se puso en marcha un plan de comunicación que tiende a, por lo menos, atenuar la irritación de los usuarios: se avisó que hay generadores móviles listos para dar cobertura de emergencia.

"Tenemos un stock de alrededor de 60 grupos electrógenos de un tamaño como para alimentar a un cliente de buen nivel de consumo", sostuvo Eduardo Mirabelli, vocero de Edenor, luego de que el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, conminara a las empresas a dar a conocer las medidas que se están adoptando. Igualmente, por las dudas, Julio De Vido adelantó que habrá graves sanciones para Edenor y Edesur ante cualquier evento de corte.

Entre la previsión y el paraguas acusador - Pero el tema que, por lejos, más preocupa a Cristina K es el de la agitación social, que incluyen los reclamos sindicales, por bonos de fin de año y alivio del Impuesto a las Ganancias. Y que, sobre todo, también incluye la posibilidad de saqueos en los barrios marginales donde un alto porcentaje de la población, depende de planes sociales y donde se ha naturalizado la expectativa por ayudas extra antes de las fiestas navideñas.

Respecto de la cuestión salarial, la Presidente debe íntimamente estar agradecida a los gobernadores de nueve provincias, luego de que estos hayan prometido bonos a los empleados estatales. Formalmente, estos gobernadores están contradiciendo al ministro Axel Kicillof, quien sostuvo que la inflación no justificaba el reclamo de pagos extra en diciembre. Al respecto, Capitanich agregó que esas provincias no contarán con asistencia financiera del Gobierno nacional, si esos bonos les llegasen a generar una asfixia en sus cajas.

Lo cierto es que, en su intento por curarse en salud para prevenir disturbios, estas provincias -muchas de ellas con el Estado como principal fuente de empleo-, le hicieron un favor al Gobierno nacional al descomprimir la tensión social. Pero hay un detalle: entre esas provincias no figura la de Buenos Aires, cuyo conurbano es una zona potencialmente conflictiva.

Además de este favor de las provincias, hay medidas de prevención tomadas por el propio Gobierno. Claro que, en este caso, el foco no está puesto en la ayuda económica sino, más bien, en la prevención policial. Sergio Berni, el funcionario que está a cargo de ese operativo, en los últimos días ha abundado en declaraciones. Dio a publicidad una reunión con 150 jueces y fiscales para garantizar un "rápido accionar en casos de saqueos".

También hubo reuniones con cadenas de supermercados, con el objetivo de reforzar la vigilancia policial. Además, Berni recurrió a la estrategia de la denuncia "por las dudas", al hablar sobre "informes muy confidenciales", en los que se revelaba el accionar conspirativo de organizaciones piqueteras ligadas a la oposición.

Esta es la "pata política" del plan gubernamental para diciembre: al señalar sospechosos -en una larga y variada nómina, en la cual figuran desde Luís Barrionuevo hasta Hermes Binner-, se busca que los sindicatos y organizaciones opositoras atenúen su nivel de crítica para no quedar ligados al mote de "instigadores de saqueos". Aun así, sobrevuelan grandes interrogantes: ¿Alcanzará? ¿Qué ocurre si alguien enciende otra mecha?

El desafío mayor: la logística del reparto - Se ha llegado al punto en el que está institucionalizado que diciembre es la temporada de disturbios, algo que en definitiva ni el propio Gobierno puede ocultar. Como dijo el propio Berni: "Los saqueos ya son parte de la cultura navideña".

Y es aquí donde empieza a jugar un factor, del que el Ejecutivo no quiere hablar en público: en gran medida, la prevención de los saqueos depende de qué tan buena sea la gestión del reparto de ayuda navideña en las zonas marginales. El punto clave es que, por más que a los funcionarios K le guste culpar a la oposición por armar disturbios, muchas veces los problemas surgieron en organizaciones vinculadas con el propio Gobierno.

A veces ocurre por problemas logísticos en el reparto de las canastas. En otros casos, el detonante es el conflicto político entre los "punteros". Esto quedó en evidencia por primera vez hace dos años, cuando en Bariloche se desataron saqueos a raíz del conflicto entre el intendente y un sector peronista opositor ¿Será este diciembre la excepción? Por lo pronto, ya se ha hablado con los supermercados, que suelen donar comida en Navidad.

Además, fuentes vinculadas dijeron que con los planes de ayuda en el conurbano, en el ministerio de Acción Social se planea un refuerzo de la asistencia. En las próximas horas se definirá si se tratará de dinero en efectivo para los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo o si se repartirán cajas de mercadería. Se trata, de esa forma, de desactivar las marchas de organizaciones piqueteras, en demanda de un "bono de fin de año".

"La gente está bastante contenida por los punteros y van a tratar de que haya la menor cantidad de conflictos posibles; por eso el Gobierno va a darle lo que pidan", confío esa fuente. En tanto, Guillermo Belliboli, dirigente de Polo Obrero, se queja de la estigmatización que suele hacerse en esta época del año sobre las organizaciones sociales. "No está en la cabeza de la gente hacer reclamos si la asistencia efectivamente llega. Hablar de saqueos es más bien una estrategia de Berni, porque si no pasa nada entonces va a poder decir que se controló la situación". Y recuerda que los problemas derivados de la economía, como la inflación y el repunte en el desempleo, hacen que este año pueda haber mayor sensibilidad por parte de la población.

Lo cierto es que el Ejecutivo tiene por delante uno de sus mayores desafíos: no solamente instrumentar ayudas en un momento en el que la caja fiscal tiene varios agujeros, sino asegurarse de que puede gestionar de manera eficiente la logística del reparto, para que todos los beneficiarios reciban su parte a tiempo.

Es el último diciembre antes del año electoral, de manera que es mucho lo que hay en juego: además de la paz social, puede verse seriamente herido el mito de la inclusión social.

Por Fernando Gutiérrez

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