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Narcocracia y estado cómplice

Por Alfredo Leuco - 26 de Noviembre, 2014, 15:02, Categoría: Corrupción - Violencia

Les hablé de lo que pasa abajo, entre los adictos más pobres. Hoy quiero denunciar lo que pasa arriba, entre los traficantes y los gobernantes más ricos. La gran pregunta es: ¿Que hace el estado para combatir el narcotráfico? Y la respuesta es: nada.

O muy poco. Hay esfuerzos e iniciativas personales como las del secretario Sergio Berni que no alcanzan o giran en falso porque no están acompañadas de planes integrales de todos los ministerios.

Hace 11 años que los Kirchner están en el poder y esa capacidad nefasta que tienen para negar lo evidente, fue la que permitió la invasión silenciosa de los narcos. En todos los planos se han comportado como un estado bobo o lo que es peor, con complicidades que la justicia debería investigar.

Primero, el Sedronar. Es el organismo encargado de combatir la droga. Tiene rango de secretaría de estado. Durante 7 años, repito 7 años, no 10 minutos, el responsable fue uno de los grandes amigos de Néstor Kirchner.

El dentista José Ramón Granero, por acción u omisión permitió o colaboró para que los narcos hicieran un negocio multimillonario, con el delito despreciable de importar sólo en el año 2007, la friolera de 20 mil kilos de efedrina. Doy algunas cifras para que se entienda la magnitud de la corrupción.

En México la efedrina está prohibida porque se utiliza para fabricar drogas sintéticas como el éxtasis. Por lo tanto vale fortunas. Argentina, en promedio, importaba 1.200 kilos por año para uso medicinal. De pronto, pasaron a 20 mil kilos. ¿Se da cuenta?

Lo importaban y enseguida lo exportaban a México de contrabando y ganaban cataratas de dólares. Dicen que el negocio movió alrededor de 350 millones de dólares.

¿Granero nunca se dio cuenta de lo que pasaba? ¿Néstor Kirchner no notó nada raro pese a que seguía siempre muy en detalle los números de la economía?

Pero no solo Granero estuvo en esto. El ya fue procesado por la jueza Servini de Cubría. También estuvieron los tres hermanitos Zacarías. El cartel de los Zeta, se podría decir. El trío de grandes amigos de Néstor K y por eso ocuparon siempre puestos claves en el estado: en el PAMI, en protocolo de presidencia y en la Sedronar.

Repito: ¿Néstor no se enteró de nada raro? ¿Nada le llamó la atención? ¿Cristina K no sospechó de los aportes que recibió para su campaña electoral? La mayoría eran de droguerías involucradas en la mafia de los medicamentos y en el tema de la efedrina.

Hubo un triple asesinato por este tema y los Kirchner miraron para otro lado. Aquel asesinato hoy vuelve a los tribunales porque hay un expediente que dice que Damián Stefaninni, el financista que hace más de un mes está desaparecido, según Carlos Pagni, le cambiaba cheques a los acribillados en General Rodríguez.

Insisto: 350 millones de dólares por la efedrina, aportes para la campaña de Cristina K, triple asesinato, amigos de la familia como protagonistas. ¿Estado bobo o cómplice? ¿Demasiados tontos o demasiado vivos? ¿Pobres ineficientes o Ricachones corruptos?

Hoy en la Sedronar también manda un amigo de Cristina K. El cura Juan Carlos Molina que no tiene un solo antecedente como para estar en ese puesto. Y se nota en cada paso y en cada declaración. Tiene la habilidad de darse vuelta en el aire cuando le conviene.

De enemigo del Papa Francisco pasó a jugarla de amigo. De decir que si fuera por él, legalizaría el consumo de todo y luego pasó a decir que nunca había dicho eso. Es la contra cara de los curas villeros que si saben lo que hacen y que ponen el cuerpo. El cura Molina sobreactúa cancherísimo pero no tiene una planificación rigurosa desde el estado.

Esto es lo que han hecho los Kirchner con el principal organismo del estado para combatir las adicciones.

Simultáneamente utilizaron la Unidad de Información Financiera para hostigar y perseguir a empresarios y dirigentes opositores y para encubrir a los Lázaro Báez, en lugar de combatir el lavado de dinero.

Es poco y nada lo que José Sbatella hizo respecto de esos océanos de dineros negros e ilegales manchados en sangre y producto de las mafias organizadas. Casi no se descubrió nada al respecto. Pero la UIF tuvo una gran actividad como instrumento para castigar la disidencia política.

Ya dijimos que este país no tiene fronteras. Solo coladores por aire, tierra y agua. Ya pasaron cosas gravísimas. Intentaron asesinar a Antonio Bonfatti, el gobernador de Santa Fe.

Amenazaron de muerte a Germán de los Santos, corresponsal del diario La Nación en esa provincia. Se registró la presencia de los dos máximos patrones del mal colombianos reunidos en Argentina. Entran como panchos por su casa y hacen lo que quieren. Tienen la impunidad garantizada. Tienen vía libre para sus negocios criminales.

No es casual que Argentina, que era un país de tránsito, hoy sea uno de los mayores exportadores y consumidores de cocaína.

¿Quién tiene la culpa de esto? ¿Quien es el que por irresponsabilidad, incapacidad o complicidad permitió que lleguemos hasta acá? ¿A quién hay que pasarle la factura por este veneno que asesina generaciones y que destruye países? ¿A Clarín o a Cristina K?

Por Alfredo Leuco

 

 

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