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Una tragedia educativa

Por Dr. Jorge R. Enríquez - 28 de Septiembre, 2014, 13:26, Categoría: Cultura - Educación - Literatura

La modificación del régimen académico de las escuelas primarias de la provincia de Buenos Aires, ha despertado una intensa polémica.

Hay en ella seguramente muchos aspectos técnicos cuyo análisis corresponde a los especialistas. Pero quienes no somos expertos en esa disciplina, no sólo podemos, sino que debemos involucrarnos en opinar sobre el sentido general de las reformas.

Porque ese sentido es claro aún para los profanos: se trata de profundizar la tendencia al facilismo educativo que nos ha llevado a un verdadero desastre. Un artículo de Claudia Romero, directora del Área de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella, publicado el 16/9/2014 en La Nación, es elocuente:

"Hoy sabemos también que el clima escolar es algo mensurable y que puede ser mejorado. Según el estudio Serce de Unesco de 2006, el clima escolar es la variable más importante para explicar el desempeño de los estudiantes de las escuelas primarias de América latina. La última evaluación PISA realizada en 2012 se focalizó especialmente en matemáticas, y evidenció que el clima de las escuelas argentinas es de los peores del mundo.

El 55% de los alumnos argentinos no puede empezar a trabajar por mucho tiempo una vez iniciada la clase, y en el 49% de las clases hay elevados niveles de ruido y desorden. Y no se trata precisamente de la efervescencia de clases creativas y participativas, no, todo lo contrario, es otra forma de perder el tiempo escolar, ya que se trata de la abolición de la clase; es la no clase, la no escuela, porque en esas clases no se enseña y no se aprende.

Además, el 51 % de los estudiantes señala que directamente no escucha al profesor. Hay muchas razones para no escucharlo. Algunas tendrán que ver con lo que los profesores tengan para decir, con la calidad de sus clases. Estudios recientes con docentes de educación primaria argentinos, muestran que menos de la mitad puede definir tres conceptos matemáticos básicos correspondientes al programa de estudios de 4º grado".

Frente a este desolador panorama, la solución no es que los chicos aprendan menos, sino que aprendan más. Puede ser un objetivo plausible que los niños estén en la escuela, que ésta los "contenga", como se dice ahora, ya que es mejor que estén en la escuela que en la calle, pero no se debe olvidar que la finalidad principal de la escuela es la enseñanza.

No se modifica esta decadencia cambiando nombres o generando la ilusión de que nada malo pasa. Poner un cuatro en lugar de un uno, dos o tres, si el alumno está aplazado, parece una broma. Lo trágico es hacerlos pasar de grado aún cuando no tenga los conocimientos mínimos.

Se parte de la idea de que obtener un certificado es un "derecho", que prescinde de las obligaciones de los alumnos. Si se trata de pasar de cualquier modo, omitamos la institución escolar. A determinadas edades, concedamos a las personas títulos que corresponden a los que deberían obtener normalmente si estudiaran.

El daño es enorme. Los países que avanzan son los que más invierten en su capital humano. Nosotros vamos en contra de la cultura del esfuerzo y del mérito. Así nos va.

Por Dr. Jorge R. Enríquez

 

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