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Se necesita materia prima honesta para construir un país

Por Armando Maronese - 31 de Agosto, 2014, 3:10, Categoría: Opinión

Unos simples párrafos escritos, como al pasar… idealizando… divagando. Así como empleamos el tiempo en mandar chistes a todos nuestros amigos, pocas o nulas veces hacemos comentarios de este tipo de contenidos. Y eso me llama poderosamente la atención. La atención de lo bajo que vuela toda esta gente argentina.

El que guste, tome de estos lo que le sirva para pensar - La creencia general es que Perón no servía y robaba hasta a su sombra, el turco Carlos Saúl Ménem no servía, como así tampoco Duhalde o De La Rúa. Hoy se dice que Kirchner y menos aun Cristina Fernández de Kirchner sirve para mucho,  pero quienquiera que venga después de Cristina Kirchner, tampoco  servirá para nada y eso que esta mujer ya es demasiado inútil e incompetente, pero sí corrupta y ladrona. Yo la llamo la reina de los "buitres".

Por eso estoy empezando a sospechar que el problema no está en lo ladrón y corrupto que haya sido Perón, Carlos Saúl Ménem o en lo autocrático que fue Kirchner, lo tilinga, autoritaria y ladrona de Cristina Fernández de Kirchner.  

El real y más importante problema está en nosotros, nosotros como PUEBLO, nosotros como materia prima de un País. Porque pertenecemos a un país donde la lacra de la“Viveza criolla" es moneda valorada tanto o más que el dólar.

Un país donde hacerse rico de la noche a la mañana es una  virtud más apreciada que formar una familia a largo plazo,  basada en valores morales y respeto por los demás.

Pertenecemos a un país donde, lamentablemente, los periódicos jamás podrán venderse como se venden en otros países, es decir, poniendo unos expendedores en las aceras donde uno paga por un solo periódico, y saca un solo periódico dejando los demás donde están, como en realidad corresponde.

Pertenecemos a un país donde los lugares de trabajo son, entre otras cosas, las librería y papelerías particulares de sus empleados deshonestos que llevan a su casa, como propias, hojas de papel, lapiceras, bolígrafos, lápices, marcadores y todo lo que pueda hacer falta para la tarea de sus hijos.

Pertenecemos a un país donde la gente se siente triunfante si consigue colgarse del cable de televisión del vecino y donde la gente “inventa’’ a la hora de llenar sus declaraciones, para pagar   menos impuestos, o directamente para no pagarlos.

Pertenecemos a un país donde la impuntualidad es un hábito,  donde los directivos de las empresas no generan capital humano, donde las personas tiran basura en las calles y luego reclaman al gobierno porque las calles están sucias o se tapan las alcantarillas, donde no existe la cultura por la lectura y donde no hay conciencia ni memoria política, histórica o económica.

Donde nuestros congresistas trabajan dos días al año (y cobran todos los demás como altos ejecutivos) para aprobar una reforma fiscal al vapor, que lo único que hace es hundir al que no tiene, joder al que tiene poco y beneficiar sólo a unos pocos. ¿Pero que dije? ¿Que trabajan? ¡Oh, no! Son sólo viles siervos que votan a ojos cerrados lo que la corrupción del Poder Ejecutivo les manda obedecer, esté bien o esté mal. Más mal que bien, siempre.

Pertenecemos a un país donde los registros de conducir y los certificados médicos se pueden "comprar", sin hacer ningún examen. Un país donde puede subir a un colectivo, tren o subterráneo una persona de edad avanzada, una mujer con un niño en brazos o algún discapacitado, y la persona que viene sentada en el asiento especial para estas personas se hace la dormida para no dárselo y si alguien le reclama se levantará pero para dar un golpe o decir una mala palabra.

Pertenecemos a un país en el cual la prioridad de paso es para el automovilista y no para el peatón. Un país donde su gente está llena de faltas, a las que ignora, pero que disfruta criticando a sus gobernantes.

Mientras más le diga rata al turco nefasto Menem, mejor soy yo como persona, pese a que apenas ayer me consiguieron todas las preguntas del examen de matemáticas de mañana.

Mientras más le diga autócrata a la corrupta Cristina Kirchner, mejor soy yo como Argentino, a pesar de que apenas esta mañana estafé a mi cliente a través de un fraude, lo que me ayudó  a pagar algunas deudas.  No, No, No. Ya basta.

Como “Materia Prima” para un país serio, tenemos muchas cosas buenas, pero nos falta muchísimo para ser los hombres y mujeres que nuestro País realmente necesita.

Esos defectos, esa alardeada “VIVEZA CRIOLLA" congénita y hasta la médula, esa deshonestidad en pequeña escala que después crece y evoluciona hasta convertirse en casos de escándalo por esa falta de calidad humana, más que Perón, Menem, De La Rúa, Duhalde,  Kirchner o Cristina Kirchner. Todo eso es lo que nos tiene real y francamente mal, porque éstos no han sido ni más ni menos que nuestros presidentes. Oigase y entiéndase bien, NUESTROS PRESIDENTES, nacidos  aquí y no en otra parte del mundo o en alguna probeta extranjera con el semen de algún simio.

Lo siento. Porque aunque Cristina Fernández de Kirchner, quien se robó del país más de 7 mil millones de dólares para su bolsillo particular, renunciara hoy mismo, el próximo presidente que lo suceda tendrá que seguir trabajando con la misma materia prima defectuosa que, como pueblo, somos nosotros mismos. Y no podrá hacerse nada.

No tengo ninguna garantía de que alguien lo pueda hacer mejor, pero mientras nadie señale un camino destinado a erradicar primero los vicios que tenemos como pueblo, nadie servirá.

No sirvió Perón, ni Menem, ni Duhalde, ni De la Rua, tampoco Kirchner, ni es apta Cristina Kirchner, y tampoco servirá el que venga.                                                

¿O qué?...  ¿Es que necesitamos traer a un dictador, para que nos haga cumplir la ley por la fuerza y a los tiros?

Aquí hace falta otra cosa, algo más que “cacerolazos” o “cuoetazos”. Y mientras esa  "otra cosa" no empiece a surgir desde abajo hacia arriba, o desde arriba hacia abajo, o del centro para los lados o como quieran, seguiremos igualmente condenados, igualmente estancados... igualmente sumergidos en la miseria de la inutilidad.

Es muy bueno ser argentino. Pero cuando esa Argentinidad autóctona empieza a hacerle daño a nuestras posibilidades de desarrollo como Nación, ahí la cosa cambia.

No esperemos encenderle una velita a todos los Santos o pedirle a Dios que nos mande un Mesías. Que cosa más absurda sería ¡Nosotros somos los que tenemos que cambiar! Al cambiar habrá gente honesta y entonces podremos y sabremos elegir un presidente diferente dentro de los mismos Argentinos, porque los habrá. Está muy claro... Somos nosotros mismos los que tenemos que cambiar.

Ahora, después de estas palabras escritas a la ligera pero con dolor, francamente he decidido buscar al responsable, no para castigarlo, sino para exigirle (sí, exigirle) que mejore su comportamiento y que no se haga el que no oye, el que no entiende.

Pertenecemos a un país, donde la pretensión monopólica de Cristina Fernández de Kirchner se irá con ella el próximo año. Tanto ella como Néstor Kirchner soñaron con un poder ilimitado en el espacio y en el tiempo. Hoy podemos decir que este sueño ha fracasado ¿Qué vendrá a reemplazarlo? Quizá, si aprendemos y hacemos las cosas bien, en diciembre de 2015, cuando venza el plazo de Cristina K, volverá la República.

Pero ¿No es que ya teníamos una República? No precisamente. No porque todavía no hemos aprendido. Lo que teníamos y tenemos era y es una república asediada por la pretensión monopólica de Perón, del turco Carlos Ménem, de Duhalde, de Carlos y Cristina F. de Kichner. Pero una república no es monopólica, sino pluralista. En el monopolio, el que tiene el poder anula, aplasta, a sus competidores. En el pluralismo, los competidores rotan según sea la cambiante voluntad del electorado. En el pluralismo, el que manda en el fondo es el electorado a través de sus cambiantes preferencias.

Pertenecemos a un país que al pasar de los escombros de una pretensión monopólica a las semillas de un sistema pluralista, el desarrollo político de la Argentina se prepara para dar un salto gigantesco. A condición de que no pretendan inaugurar nuevamente un monopolio, figuras como Sergio Massa, Daniel Scioli, Mauricio Macri y otros compartirán el poder sin la pretensión ni la posibilidad de monopolizarlo. Será entonces y sólo entonces cuando nacerá verdaderamente entre nosotros una auténtica república democrática. Nos pareceremos más a Chile o a Uruguay que a nosotros mismos, según las señales que nos daba nuestro propio pasado.

Para decirlo de otro modo, pertenecemos a un país que recién ahora nos estaremos despidiendo de la añoranza monárquica del Virreinato que nos acompañó desde los albores de nuestra independencia. Desde 1810 hasta aquí, y ya fuera bajo militares o caudillos, los argentinos hemos vivido en torno de la fascinación monárquica. Hoy, por primera vez, podríamos liberarnos de ella. Eso si nos despertamos de nuestro letargo o dejamos de ser un pueblo oveja.

Silenciosamente podríamos estar cambiando de sistema. Hemos sido estatistas en cuanto nos seguía dominando el monopolio del Estado. El pluralismo acoge y anuncia, por lo contrario, la flexibilidad sutil de las ideas y las opiniones sin que ninguna de ellas consiga sojuzgar a 1as demás. El Estado monárquico se reduce a sí mismo a la unidad y, al hacerlo, vuelve al monopolio. El pluralismo, al contrario, es al mismo tiempo uno y plural. Son varios los que conviven, misteriosamente, en una cercanía, en una suerte de complicidad institucional.

Se arriba así a una suerte de paradoja. Pertenecemos a un país donde buscamos la paz del poder, pero ella no podría lograrse sin una dosis de incertidumbres y temblores. Es que no somos dioses, sino aspirantes imperfectos a una suerte de divinidad ilusoria, que es la nuestra. Tenemos el don de la vida, pero nos ha sido dado por un breve plazo, de manera tal que, cuando parecía que estaba con nosotros ya se estaba yendo ¿Qué deberíamos hacer, en todo caso, frente a esta duda que nos acompaña? Si la repudiáramos, quizá renunciaríamos a lo que nos constituye. Pero en definitiva, ¿qué nos constituye? Nuestra misma esencia, la idiotez, la tozudez, el no te metás, el miedo ¿Será además la duda?

Pertenecemos a un país donde estamos insatisfechos, pero lo más que pediríamos es que nadie nos librara jamás de nuestra insatisfacción. Nuestra gloria mayor es la duda que albergamos y tememos al mismo tiempo. Pero nuestro gran capital es, aun así, la esperanza. ¿A quién deberíamos agradecérselo?

Pero sí, he decidido buscar al responsable  y estoy muy seguro  que lo encontraré apenas me mire en el espejo. Ahí estará, no necesitaré buscarlo en otro lado. 

Y vos ¿Qué pensás?... ¡Reflexioná! Pensá un poquito.

Comentálo con todos tus conocidos. Necesitamos hacer conciencia. Pensá por un instante que ya nos estamos yendo al carajo y si seguimos así nos vamos a ir un poquito mas lejos ¿O no?... ¿Qué opinás?

Este mensaje bien merece la pena hablarlo, comentarlo, estudiarlo con conciencia sana. No lo guardes en tu bolsillo ni en tu computadora. No seas corrupto como todos. Comenzá a aprender a ser más honesto y arranca de una vez para enseñarle bien a tus hijos lo que es el bien y lo que es el mal.

Por Armando Maronese

 

 

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