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Carta de renuncia del Vicepresidente Elpidio González (1938)

Por Armando Maronese - 9 de Julio, 2014, 15:13, Categoría: Corrupción - Violencia

Un hombre ilustre que hemos olvidado. A mi modo de ver, quien se lleva las palmas es don Elpidio González, cuyas virtudes cívicas y morales todos conocemos y que se pueden resumir en su carta de renuncia a la pensión vitalicia que acababa de convertirse en ley.

Fue Ministro de Guerra (1919) y luego Jefe de la Policía de Capital Federal (1921) durante la presidencia de Hipólito Irigoyen, en su segundo mandato, fue Ministro del Interior (1928). Llegó a ser Vicepresidente de la Nación junto con Marcelo T. de Alvear (1922-1928).

 

Cuando llegó al poder, su patrimonio era 350.000 pesos fuertes; en 1930 con la revolución de Uriburu se encontró con deudas por 65.000 pesos, motivo por el cual le remataron su casa en calle Gorostiaga.


Así fue como el secretario de la Presidencia lo vio vendiendo anilinas en Plaza de Mayo. Al comunicárselo al Presidente J. P. Justo, éste le entrega un sobre con dinero para Elpidio González. Ante aquel buen gesto González respondió: “No voy a permitir que me ofenda el Presidente ni nadie, por mas buena voluntad que haya en el medio”.

 

Debido a esta circunstancia, el Diputado conservador Adrián Escobar presenta un proyecto de ley que establece la pensión vitalicia para los ex presidentes y vicepresidentes. En el debate parlamentario, se hace alusión al caso de Gonzáles.


Cuando un amigo le comenta eufórico a Elpidio González que de ahora en mas cobrará 2.000 pesos de jubilación por sus funciones, la respuesta fue tajante: “No, yo no puedo aceptar eso. Hay que servir a la Nación con desinterés personal, y después de disfrutar el honor de haber sido presidente o vice, no se le puede exigir al Estado que nos mantenga con altos sueldos vitalicios”


Pero para no dejar dudas, con la ley ya sancionada y promulgada, envía una carta al Presidente de la republica:


“…cúmpleme dejar constancia ante el señor Presidente, mi decisión irrevocable de no acogerme a los beneficios de dicha ley. Al adoptar esta actitud cumplo con íntimas convicciones de espíritu.


Jamás me puse a meditar acera de las contingencias adversas que los acontecimientos me pudieran deparar. Confió en poder sobrellevar la vida con mi trabajo, sin acogerme a la ayuda de la República, por cuya grandeza he luchado, y si alguna vez he recogido amarguras y sinsabores me siento reconfortado con creces por la fortuna de haberlo dado todo por la felicidad de mi patria”

 

Retirado de la política, se ganaba la vida como vendedor callejero de "Anilinas Colibrí". El 18 de octubre de 1951 falleció luego de estar internado durante seis meses, porque no tenía hogar ni quien se encargara de atenderlo. Murió en el Hospital Italiano, sin casa ni familia que lo cuide, con pocos amigos rodeándolo.

Pidió en su testamento: “ser enterrado con toda modestia, como corresponde a mi carácter de católico, como hijo del seráfico padre San Francisco, a cuya tercera orden pertenezco, suplico con amor de Dios la limosna del hábito franciscano como mortaja y la plegaria de todos mis hermanos en perdón de mis pecados y en sufragio de mi alma”.


Una persona que trabajó y luchó por el bien común, con errores y aciertos, pero con la dignidad intacta de haberlo intentado todo aún en perjuicio de sus intereses personales.


Es la verdadera excepción a la regla de que todo político se enriquece en la función pública, desde aquí este pequeño homenaje a alguien que no es tan recordado, pero bien podría servir de ejemplo a tantos que nos representan.

 



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Elpidio González

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Carta de Elpidio González

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Recordemos nuevamente y comparemos esto con lo que pasa actualmente: Fue Vicepresidente de don Marcelo T. de Alvear (1922/28) y Ministro del Interior durante la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen (1928/30) hasta la Revolución de 1930, a causa de la cual estuvo preso durante dos años.

Nos estamos acostumbrando a la injusticia y a la corrupción, olvidando que alguna vez hubo una Argentina distinta... Hoy, 9 de Julio, es el Día de la Patria. Honor a la memoria de esta Nación.

Honor a su gente honesta, y honor a los hombres de bien que lo sacrificaron todo por la libertad y a los símbolos patrios.

Por Armando Maronese

 

 

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