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Homo homini lupus

Por Armando Maronese - 26 de Octubre, 2013, 19:29, Categoría: Cultura - Educación - Literatura

Homo homini lupus. Es una alocución latina que significa: El hombre es un lobo para el hombre. Seguramente muchos hayan escuchado o leído esta frase más de una vez. Se suele poner en boca del inglés  Thomas Hobbes, que realmente la popularizó, pero la frase original es del romano Tito Maccio Plauto, que escribió Homo homini lupus.

Esta cita está referida al comportamiento y la inter actuación de los seres humanos entre ellos, al egoísmo natural de nuestra especie. Se puede aplicar a varios ámbitos como por ejemplo el laboral (el ascenso siempre conlleva una guerra abierta entre los aspirantes) y también al social (peleas entre personas por demostrar "dominio u hombría")

La frase que fue enunciada por Tito Maccio Plauto, escritor y comediógrafo Romano, dentro de su obra "Asinaria" donde relata la historia de un hombre supeditado al poder de su mujer. La frase fue popularizada por Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII, en su obra Leviatán, donde además de comentar el egoísmo humano también intentaba defender a la sociedad, enunciando su intento de remisión intentado favorecer la convivencia entre seres humanos.

Este tópico tuvo mucha relevancia en el pasado, ya que el autor de la misma vivió las guerras púnicas y sus horrores en primera persona, esto le llevó a afirmar que el hombre era un predador para con sus semejantes, y esta tesis fue refrendada por Thomas Hobbes tras soportar las penalidades propias de la guerra civil inglesa de 1642 a 1651.

Fragmento exacto de la obra Asinaria y su traducción:

"Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit."

"Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro".

La frase de Tito Maccio Plauto generó en su momento mucha controversia y admiración por sus obras ya que se convirtió de la noche a la mañana de un escritor semidesconocido a ser un referente en el mundo teatral romano, lo que le llevó a granjearse numerosos enemigos dentro del mundo de los patricios romanos. Pero también en la actualidad sigue generando tema de debate  y es un modelo a seguir para los poetas actuales que utilizan sus temas para producir nuevo poemas como el de Wenceslao Mohedas Ramos.

Sí, distinto idioma, pero mismo significado. Sencillamente se nos define como seres sedientos de sangre, solitarios, capaces de destruir a cualquiera para lograr nuestros objetivos. Lo que cuadraba perfectamente con lo que pensaba el inglés de lo que somos. Seres egoístas, despiadados, aunque también temerosos —cualidad que no se le presupone al lobo—, y de ahí que termináramos juntándonos en comunidad.

Ésta es una visión descorazonadora de lo que somos pero que, incluso sin ser verbalizada, es seguida por mucha gente. Es un pensamiento que lo podemos encontrar en muchas de nuestras conversaciones e incluso, que muchos de los lectores de este artículo la acepten.

También podemos llegar a concordar con Jean-Paul Sastre, que el infierno son los otros. Pero el caso es que no estamos unidos en sociedad por una elección que podríamos no tomar. Somos como somos, porque somos en sociedad. De lo contrario, seríamos otra cosa.

Está demostrado que las acciones que llamamos altruistas generan en nosotros una sensación de bienestar por una reacción biológica. Es decir, estamos preparados y encaminados para llevarlas a cabo. Pero no es menos verdad que hay estudios que indican que los estudiantes de microeconomía tienen tendencia a tomar decisiones más egoístas que el resto. Lo que obliga a preguntarse si son los estudios de microeconomía los que conllevan al egoísmo, o si simplemente es que los más egoístas entre los egoístas, por alguna extraña razón, deciden estudiar microeconomía. Particularmente me inclino por lo primero.

Pero tampoco podemos ser ingenuos y recuperar la tesis rousseana del buen salvaje. Si el ser humano no es malo por naturaleza, tampoco es bueno por naturaleza. Las simplificaciones de este estilo suelen estar erradas, como no podía ser de otra forma, claro.

Y es que resulta que somos seres bastante complejos, y querer reducirnos tanto es un mal camino. Sin embargo, dentro de nuestra complejidad podemos diferenciar rasgos evidentes que nos definen. Como la empatía, por ejemplo. De hecho, cuando encontramos a alguien sin empatía entendemos que le sucede algo extraño. Por lo menos no es lo habitual. Como tampoco lo es encontrar a alguien que nunca piense en sí mismo, que siempre anteponga las necesidades de los demás a las suyas.

Sin embargo, curiosamente, soportamos mejor esta segunda alternativa por considerarla más noble que la primera. Aunque siempre los habrá que piensen que nos alegramos, porque nos beneficia que los demás sean altruistas mientras nosotros no lo somos.

Por lo mismo, pensarán que en el caso de ser altruistas lo hacemos por puro egoísmo, porque nos beneficia de alguna manera. Así que todo lo hacemos por nuestro propio ego.

Para esta gente, el hombre siempre será un lobo para el hombre. Incluso lo que se haga con desagrado, por puro deber, será considerado egoísta, puesto que si se hace es porque se cree que es lo que hay que hacer y por tanto lo correcto y eso nos dará placer.

Por Armando Maronese

 

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