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La farsa y la tragedia

Por Nicolás Márquez - 8 de Octubre, 2013, 1:31, Categoría: Corrupción - Violencia

La célebre obra "El 18 Brumario de Luís Bonaparte", escrita por Carlos Marx y Friedrich Engels a mediados del Siglo XIX, comienza literalmente con aquella conocida reflexión que nos dice que "los grandes hechos y personajes de la historia universal, aparecen dos veces. Pero una vez como tragedia y la otra como farsa".

 

El kirchnerismo en cuanto fenómeno político, a pesar de su impronta rústica y en exceso primitiva, pareciera ser la superación de este apotegma marxista: es una tragedia y una farsa al mismo tiempo. En efecto, a veces es una cosa, a veces la otra y en diferentes circunstancias es una combinación de ambas, es decir que es una suerte de una tragicomedia.

 

El kirchnerismo ha mentido con los DDHH, con la inflación, con la inseguridad, con la corrupción, con el enriquecimiento personal de sus caciques y así un inacabable etcétera. Incluso, en asuntos relacionados a la sensiblería, fue Cristina K quien tras la muerte de Néstor Kirchner montó una escenografía fundada en una sufrida viudez que por sugerencia de sus asesores de imagen viste estricto luto, cuando luego se supo que ese matrimonio estaba terminado hacía tiempo y ambos habrían mantenido vidas afectivas paralelas o independientes.

 

Ninguna de estas poses fue librada al azar. Tanto es así, que el encargado de montar la escena del velatorio de Kirchner el mismo día de su muerte, fue el productor de espectáculos Javier Grossman, quien ya contaba con el antecedente de haber dirigido la celebración del Bicentenario. El dato no es menor, puesto que revela la intencionalidad del gobierno en cuanto a montar el acontecimiento mortuorio con inequívocos fines proselitistas y propagandísticos.

 

Posteriormente incluso, Cristina K intentó explotar un falso cáncer, seguido de una insistente exhibición de su cicatriz en el cuello. En efecto, en medio de preocupaciones y rumores, finalmente el 4 de enero del 2011 la Presidente fue operada de un problema de tiroides que era la verdadera naturaleza de la dolencia.

 

Por supuesto, Cristina K no se hizo atender en un hospital público dependiente del Ministerio de Salud (que a su vez depende de ella), sino que en materia tan considerada como lo es la salud personal, ella dejó de lado su soflama nacional y popular y se internó en el sofisticado y moderno Hospital Austral, el cual no sólo es privado sino que pertenece a la prelatura del Opus Dei, institución de la Iglesia Católica detestada y demonizada por toda la progresía vernácula, la cual acusa con frecuencia a dicha entidad de "elitista, derechista y conservadora". Pero efectivamente, éste es el lugar que eligió la representante de los humildes, en vez de los desvencijados establecimientos hospitalarios del Estado, en donde suelen atenderse sus votantes.

 

Al parecer, en ese momento la paciente dejó de invocar al obispo montonero Enrique Angelelli para empezar a rezarle en latín alguna solemne jaculatoria al Marqués de Peralta, título nobiliario concedido en 1968 en España por el presidente Francisco Franco al refinado y prestigioso santo, sacerdote y monseñor Escrivá de Balaguer y Albás, también conocido como el fundador del Opus Dei. Una vez más, la farsa y la tragedia al unísono.

 

Lo cierto, es que la citada cicatriz comenzó a ostentarla en todas sus apariciones públicas como si se tratara de una condecoración digna de exposición, en tanto que el resto de su cuerpo siempre proseguía –y prosigue– cubierto de negro, con motivo de su persistente duelo. En efecto, desde entonces la mandataria no dejó de blandir impúdicamente su cicatriz para victimizarse, como lo hace con su viudez o con su luto y su duelo. Porque en personajes de su catadura, cualquier recurso es válido para captar sufragios o alimentar los espejismos de la masa.

 

Ahora, repentinamente nos enteramos de que Cristina K tenía que hacerse un mero chequeo médico, pero resulta que se le diagnosticó una "colección subdural crónica" y deberá realizar un mes de reposo absoluto. Sin embargo, otras fuentes más serias que las oficiales, sostienen que el prestigioso neurólogo Facundo Manes en su ámbito privado, le habría diagnosticado nada menos que un ACV.

 

¿A qué fuente creerle? Interesa la pregunta, porque las redes sociales explotan sospechando y alegando que esto es además una operación de prensa de Cristina K para victimizarse una vez más, y así paliar o amortiguar la catástrofe electoral que se avecina.

 

La fábula infantil - La fábula infantil conocida como "El Pastorcito mentiroso", cuenta la historia de un pastor de ovejas que siempre solía denunciar falsamente que se acercaba el lobo a comerse el rebaño. Y cuando ante los pedidos de auxilio del pastor mitómano los pueblerinos acudían en su ayuda, éste estaba tirado en el piso muerto de risa. Pero cierta vez apareció el lobo de veras, y aquél hizo sonar su voz de alarma, pero nadie le creyó, dado que los vecinos suponían que se trataba de otra de sus habituales mentiras.

 

El disc-Jockey de la Ucedé - Ahora el kirchnerismo puso como Presidente provisional para continuar la revolución camporista al ex disc-Jockey de la Ucedé, actualmente imputado en 54 causas distintas por enriquecimiento ilícito. Eso sí, se sabe que Cristina K no quiere en absoluto que su confidente y protegido Amado Boudou asuma tamaña responsabilidad, puesto que la paciente no le tiene la menor confianza a su desacreditado ladero. Desconcierto similar existe en la liga de gobernadores, en cuyo seno se especularía con ningunear a Boudou y forzar sucesivas vacancias para poner un Presidente de facto, al estilo Eduardo Duhalde en el año 2002.

 

La hipocresía como bandera - Luego, mientras el país se descompone moral e institucionalmente, se estila entonces que desde todos los ángulos caigan en plañidero un sinfín de buenos augurios y aforismos solidarios para con la paciente de marras.

 

Desde estas líneas, sostenemos que nada nos obliga a sentirnos acongojados por la presunta dolencia de quien sería y es una vil antagonista a los intereses de su Patria, a sus deberes de funcionario público, al cumplimiento de la Constitución Nacional, a la palabra empeñada y a toda forma de buen proceder.

 

Por Nicolás Márquez

 

 

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