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Consecuencias de la propaganda fascista

Por Héctor B. Trillo - 13 de Agosto, 2013, 21:03, Categoría: Opinión

La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad. (Joseph Goebbels)

El CEO del grupo Clarín, Héctor Magnetto, inició una demanda contra el relator y periodista Víctor Hugo Morales por daños y perjuicios, a causa de lo que considera una "campaña difamatoria" llevada adelante por el demandado. En razón del desarrollo del juicio, que lleva un cierto tiempo, el juez citó a las partes a una audiencia de conciliación el jueves pasado, a la cual, desde ya, debían asistir tanto el relator como el empresario.

Hasta acá, nada que no sea común en los estrados judiciales del país y del mundo entero. Cuando alguien se siente perjudicado inicia una demanda, acusa, intenta demostrar que tiene razón, el juez llama a audiencia conciliatoria, y luego se ve cómo sigue la historia.

Pero estamos en la Argentina. En realidad estamos en esta Argentina. En esta Argentina en la que desde el año 2008, el gobierno nacional inició una verdadera campaña en contra del grupo Clarín, orquestada desde las más altas esferas del poder, llevada adelante por los medios gráficos, radiales y televisivos que digita el gobierno, y adornada con surrealistas presentaciones públicas de funcionarios del poder central, con pancartas, globos y calcetines con leyendas ofensivas contra el diario Clarín, del estilo de "Clarín miente".

A esto se sumó, como se sabe, la promulgación de la ley de "medios audiovisuales" formulada y redactada de acuerdo a las necesidades políticas del gobierno, para intentar desmantelar de una vez y para siempre al emporio periodístico iniciado en los años 40 por Roberto Noble.

En los espacios de propaganda del gobierno, especialmente en la llamada "Televisión Pública" (canal 7), se suceden a lo largo de estos últimos años verdaderas andanadas de insultos y acusaciones, jamás dilucidadas en la Justicia contra el mencionado Magnetto, contra el grupo Clarín, contra la viuda de Noble, contra los hijos adoptivos de esta señora, contra periodistas que se desempeñan en ese grupo de medios, e incluso contra simples "movileros", que han sido agredidos de palabra y de hecho en varias oportunidades. De palabra incluso por la mismísima presidente de la Nación y por su difunto esposo, y de hecho, por grupos de fanáticos pertenecientes a agrupaciones juveniles y no tanto sostenidas con dineros públicos.

A todo ello se han sumado personajes como el titular de la AFSCA, Martín Sabatella, que durante varios meses se cansó de repetir hasta el cansancio que "Clarín incumple la ley" cuando los hechos demuestran que, por el contrario, es el organismo dirigido por el nombrado el que la incumple, mientras que el grupo periodístico se ha sometido a la Justicia y todo lo que ha logrado han sido fallos a su favor, en esta pelea desigual con un gobierno a todas luces autoritario y retrógrado.

En oportunidad de cumplirse los plazos cautelares, el pasado 7 de diciembre, el gobierno Nacional organizó una verdadera campaña de propaganda con el anuncio recurrente de que en esa fecha se acababa la "corporación mediática" encabezada por el diario mencionado, con el argumento de que a partir de ese día, se iniciaría el desguace del grupo para dar cumplimiento a lo dispuesto en un artículo de la ley que fue recurrido por inconstitucional y sobre el cual todavía la Corte Suprema no ha dictaminado.

A todo esto, hace ya un par de años largos, se inició una acción mancomunada desde el poder central por la adquisición en tiempos del régimen militar, de la empresa Papel Prensa, de la cual hoy forman parte los diarios Clarín y La Nación junto al propio Estado Nacional. Los intentos por demostrar que los dueños de los diarios citados habían adquirido con malas artes las acciones de esa empresa papelera, fueron reforzados por una curiosa "cadena nacional" a cargo de la señora presidente, intentando reforzar la idea de que, además de haber colaborado con la dictadura, haberse apropiado de hijos de desaparecidos, y haber actuado siempre en contra de los intereses nacionales, el grupo Clarín había adquirido de manera ilegítima una porción de la empresa papelera.

A esto se sumaron otras iniciativas, como la determinación de que el papel para diarios es un insumo de interés público o la intervención del gobierno en la distribución y la fijación del precio, así como de la importación o no de papel de origen extranjero para cubrir la cuota según lo que dispongan las autoridades nacionales. También la modificación de la ley de mercado de capitales estableció una norma por la cual los accionistas minoritarios pueden pedir la designación de veedores en las empresas que cotizan en Bolsa, estando tales veedores en condiciones incluso de remover a los directores por el lapso de 180 días, lo cual constituye una verdadera intromisión en las decisiones empresarias sin contar con la mayoría que exige la ley de sociedades comerciales. Dado que luego de la confiscación de las AFJP el Estado Nacional posee minorías accionarias en nada menos que 37 empresas cotizantes, una de las cuales es el Grupo Clarín, la deducción es obvia.

Precisamente no hace mucho tiempo, todos vimos por televisión al secretario Moreno, señora, al director de la Comisión Nacional de Valores y el denominado viceministro de economía Kicillof, irrumpir en una Asamblea del grupo Clarín como una verdadera patota, encabezada por el secretario mencionado, quien entre otras bellezas propias de un bravucón, señalaba con el dedo a una persona expresando frases como "¿Quién es éste?". Todo ello filmado a instancias justamente del mismo secretario, en un alarde patoteril digno de la Chicago de los tiempos de Al Capone.

Todos estos antecedentes que enumeramos someramente, no son ociosos. Y no lo son porque han servido para crear un clima hostil que ha sido utilizado justamente por los comunicadores contratados por el régimen, para agredir impunemente a personas sin necesidad de demostrar ninguna de sus afirmaciones, y contando con el obvio beneplácito de la propia presidente y de sus genuflexos colaboradores.

Así las cosas, el relator Víctor Hugo Morales, otrora insigne opositor al "modelo" y hoy increíble defensor de las atrocidades e incluso de las imbecilidades más notables, se ha encargado desde los programas que conduce de atacar verbalmente al directivo de Clarín e incluso a la señora de Noble.

Según consta en la presentación judicial, el mencionado relator ha expresado públicamente que el Sr. Magnetto "no tiene ningún problema en lavarse todas las mañanas la sangre que le corre por los dedos de la que participó para hacer valer sus intereses". Y también, que el citado CEO es "socio de asesinos, apropiador de niños, hijos de personas asesinadas, extorsionador de gobiernos, ladrón de jubilados (sic), por 15 años ladrón del fútbol.extorsionador de gobiernos."

Hay más citas, pero no vale la pena abundar. La verdadera impunidad en la que se ha movido este señor para insultar y degradar sin acudir a la justicia para acusar y demostrar sus dichos es elocuente.

Es evidente que estamos ante una situación en la que la propaganda y el apriete, han llegado a límites que nada tienen que envidiarle al fascismo mussoliniano. Y ni qué hablar de la impunidad con que se han movido en estos años las mismas personas que antes invitaban y almorzaban en Olivos con Héctor Magnetto casi semanalmente, según lo dicho en alguna oportunidad por la propia señora de Kirchner.

Lo cierto es que en este marco, es razonable suponer que los grupos de fanáticos e incluso, de aquellos que pretenden ser "más papistas que el Papa", tomen la iniciativa de ir a reventar a Magnetto por el solo hecho de serlo, salir a la calle y encima denunciar a uno de sus "cuadros" (Morales). Es una deducción más que obvia.

Cuando desde las mismas usinas del poder político se conciben, pergeñan y llevan a la práctica estas cadenas de agresiones al periodismo no oficial, es natural que pueda pasar lo peor.

Y bien, el señor Magnetto fue agredido e insultado al concurrir a la audiencia de conciliación a la que nos referimos. Él y sus abogados defensores recibieron insultos, tiradas del cabello y hasta golpes de puño de parte de "militantes" oficialistas, como el candidato a diputado Alex Freite, según denuncia del propio diario Clarín. El grupo de agresores se acercó a las inmediaciones del lugar de la audiencia, y el propio Morales les indicó a los patoteros que el señor Magnetto "está arriba, esperando para salir a que se vayan Uds.". Morales estaba acompañado por parte de su propia familia.

Si no ocurrió nada peor, ha sido porque al menos en este caso la Policía Federal protegió como pudo a Magnetto y a los abogados defensores, mientras arreciaban los insultos, los golpes y los escupitajos.

Ésta es la Argentina que llegó al domingo 11 de agosto a las llamadas "elecciones primarias". En un clima de agresiones, de prepotencia, de insultos y de maledicencias absolutamente impunes. Una Argentina en la que personajes que hasta hace pocos años expresaban un disenso absoluto con las prácticas fascistas del régimen, hoy adhieren a él y se muestran incluso como víctimas, insultando y acusando a personas cuya culpabilidad en absoluto está demostrada, de llevar a cabo los peores crímenes, de tener las manos ensangrentadas (tal como también lo hiciera el propio Moreno en la embajada estadounidense contra una reconocidísima periodista de Clarín el 4 de julio pasado), y otras barbaridades impropias de una persona que se supone debe manejarse dentro de las formas de la convivencia y el Estado de Derecho.

Estas son las consecuencias de la propaganda fascista. Y en nuestro modo de ver, los ataques arreciarán en la medida en que la situación socioeconómica y política siga deteriorándose.

Las cúpulas gobernantes, cuando sienten que puede llegar a acabarse el poder y con él la impunidad que las protege, suelen sacar sus garras para pegar el zarpazo como sea. Y arrastran tras de sí a la caterva de "militantes" organizados de manera facciosa y sostenidos, para colmo, con los dineros públicos. Todo ello lleva a la desesperación. Y la desesperación al desastre.

No sería de extrañar que en poco tiempo más ocurran en la Argentina agresiones aún peores que la relatada. La escalada de violencia tiene claros responsables. Y podríamos decir que la inacción de la Justicia también.

Por Héctor B. Trillo

 

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