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La presión impositiva y la rebelión fiscal

Por Armando Maronese - 4 de Abril, 2013, 18:50, Categoría: Opinión

La presión impositiva es la lápida de la tumba donde están enterradas: la empobrecida sociedad argentina y sus esperanzas.

El ingreso per capita de los argentinos en el año 2011, según el Banco Mundial era de 10.940 dólares anuales, en el ranking 62 de la comparación mundial; según el Fondo Monetario Internacional, era de 10.950 dólares, en el ranking 57, y según la CIA World Factbook, era de 10.400 dólares, en el ranking 63.

Hace 70 años, cuando apareció la mala semilla del peronismo, el mal llamado justicialismo y sus derivados, hasta llegar al cristinismo, el ingreso per cápita de los argentinos estaba entre los 10 primeros países del mundo, los que en 2011 superaban los 45.000 dólares anuales. La sociedad argentina se empobreció comparativamente un 77% en sus ingresos y su calidad de vida.

Muchos errores, dilapidaciones, abusos y corrupción produjeron este empobrecimiento, que se tradujo en un constante aumento de impuestos e inflación que debieron pagar la mayoría de los habitantes del país. Se calcula que un asalariado gasta la mitad de su sueldo en impuestos, cargas sociales y servicios y debe vivir con la otra mitad. La tasa del impuesto a las ganancias con la inflación, se acerca al 45% de la ganancia contable. El que puede compra dólares.

La explosión en la provincia de Entre Ríos, donde recibieron a los tiros a inspectores de la AFIP, es un cataclismo social derivado de la irracionalidad del gobierno nacional. Cuidado que se puede extender.

La rebelión fiscal es una realidad que hasta ahora se expresaba con la evasión de impuestos por la ciudadanía y por muchos funcionarios públicos. El sistema impositivo argentino debe ser sustancialmente y urgentemente reformado, para el bien y la armonía de la sociedad por igual.

La presión impositiva está en niveles récord. Considerando los impuestos nacionales y provinciales, la recaudación pasó, entre los años 2002 y 2012, del 19,9% al 36,7% del PBI. Es decir que bastante más de un tercio del ingreso generado por el país, es apropiado por el Estado a través de los impuestos. Si se agregaran los tributos municipales y el impuesto inflacionario, la presión impositiva supera con holgura el 40% del PBI.

Este proceso responde a la creciente necesidad de recursos que demanda el vertiginoso aumento del gasto público. Prueba de ello, es que el incremento de la presión tributaria se viene dando junto con la masiva apropiación de los fondos del Banco Central, la Anses y otros organismos del sector público. A esto hay que sumarle, en los últimos días, la sanción de un nuevo plan de facilidades de pagos para cargas sociales en situación de mora.

La particularidad no es tanto el nivel que todavía sigue estando por debajo de varios países desarrollados, sino la velocidad y el tipo de impuestos a los que se apela para sostener el crecimiento de la presión impositiva. En este aspecto, según datos del Ministerio de Economía, los casi 17 puntos del PBI que creció la presión impositiva nacional y provincial entre los años 2002 y 2012, se descomponen de la siguiente manera:

• El Impuesto a las Ganancias explica un 21% del crecimiento de la presión tributaria.

• El Impuesto al Valor Agregado (IVA) explica otro 22% del crecimiento.

• Las cargas sociales explican un 31% del aumento y el resto de los impuestos explican el 26% restante del crecimiento de la presión impositiva.

Estos datos muestran que más de la mitad del aumento -sin precedentes- de la presión impositiva, estuvo basado en cargas sociales y otros impuestos altamente distorsivos y regresivos, como Ingresos Brutos, retenciones a las exportaciones e impuesto al cheque. Dentro de los impuestos distorsivos, lo que más explica el aumento de la presión impositiva son las cargas sociales, en contraste con los demás impuestos.

En la comparación internacional, la mayoría de los países muestran en los últimos años un crecimiento en el tamaño del Estado, lo que demanda cobrar más impuestos. Sin embargo, en ninguno la presión impositiva ha crecido tanto y tan rápido como en la Argentina y con impuestos tan dañinos. En los países desarrollados, con gran dotación de recursos naturales como Australia y Canadá, la presión impositiva es menor que en Argentina (26% y 31% del PBI, respectivamente) y basan su recaudación mayoritariamente en el IVA y el Impuesto a las Ganancias.

En estas condiciones, sancionar un nuevo plan de facilidades de pago para las cargas sociales es, en el mejor de los casos, un paliativo, un parche. Con la economía estancada y sin creación de empleo de calidad (el empleo privado registrado creció apenas un 0,1% en el cuarto trimestre del 2012 respecto al mismo período del año anterior), se hacen más explícitas las consecuencias de profundizar un sistema tributario que castiga la producción, el empleo y profundiza las inequidades distributivas. Es obvio que las falencias del sistema tributario no se van a resolver con moratorias o parches de similares características.

La necesidad de una profunda reforma tributaria es de larga data y ningún gobernante le prestó atención, pero su importancia crece ahora con la presión impositiva en niveles récord. Es imprescindible contar con un sistema tributario que priorice los incentivos a favor de la inversión, la innovación y la generación de empleos formales.

Por eso, una cuestión prioritaria, especialmente desde el punto de vista de la producción y la equidad social, es sustituir gradualmente los impuestos distorsivos por impuestos más neutrales, como el IVA, o más progresivos, como Ganancias. Pero cuidado. Cuidado a quien se le aplica el Impuesto a las Ganancias. Jamás puede ser a empleados, jubilados y pensionados.

Por Armando Maronese

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