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Kris: La Papisa que no fue

Por Armando Maronese - 23 de Febrero, 2013, 21:13, Categoría: Opinión

La Presidente, en un acto en El Calafate, se postuló para ser sucesora del Papa. Y tuvo un brote ecologista, aunque su gobierno tiene oscuros negocios con las multinacionales mineras.

Pasan cosas raras en el Gobierno Nacional. No conforme con mentirle de forma descarada a la población, como sucede cada vez que se dan a conocer los números del INDEC, o cuando desde la Casa Rosada se anuncian en retiradas ocasiones obras que nunca se concretan, la presidente Cristina Kirchner ayer mostró un costado que era poco conocido: el misticismo.

Así fue como, en un acto realizado en El Calafate, el lugar elegido por varios dirigentes kirchneristas para invertir su dinero (se sospecha que varios hoteles de esa zona, que se encuentran vacíos gran parte del año, servirían como pantallas para lavar dinero), la primera mandataria realizó una serie de insólitas -y preocupantes- declaraciones.

Por ejemplo, hasta lo propios militantes rentados de La Cámpora que participaron del acto, cuya función consiste en aplaudir cada una de las aseveraciones de la presidente, se sorprendieron cuando Cristina Kirchner afirmó: “Aquellos que tienen tantas cosas, que tienen todo, no tienen tiempo de mirar ni de escuchar a Dios. Mirá, Lito (en referencia a Carlos “Lito” Álvarez, sacerdote de El Calafate), decí que no hay Papisa, si no te estoy disputando algún lugar”.

Y si como es fuera poco, agregó: “Miren, hablé de Dios y salió el sol. Habían pronosticado lluvias. Dios y alguno que le debe estar hablando al oído (por Néstor Kirchner) y le gusta mucho Calafate, debe haber pedido ‘Dales sol, dale gas”.

Además de sus declaraciones de tinte místico-religioso, durante su alocución la presidente Cristina Kirchner intentó construir un pasado que nada tiene que ver con lo que realmente pasó. Por ejemplo, al cuestionar al gobernador santacruceño Daniel Peralta, CFK afirmó: “Los que se quejan no merecerían ser gobierno”.

“Si se quejan los gobernantes, qué le queda al resto de la gente, ¿No?”. Y luego afirmó que cuando Néstor Kirchner conducía los destinos de esa provincia, Santa Cruz era discriminada en el reparto de obras por el gobierno nacional, que por aquel entonces conducía Carlos Menem.

La realidad es que Kirchner fue un estrecho aliado tanto de Menem, como del ministro de Economía que parió la convertibilidad, Domingo Cavallo. Tan fuerte eran los vínculos, que el kirchnerismo pactó la infame venta de YPF a principios de las década del ‘90 (le dio los votos en el Congreso), a cambio del pago por parte del Estado Nacional de regalías petroleras que habían sido mal liquidadas.

Esos fondos se utilizaron, por recomendación del propio Cavallo, en la compra de bonos de YPF, contando con información calificada de que los precios de esos títulos iban a sufrir una considerable suba. Eso le permitió amasar más de 500 millones de dólares, que luego fueron girados al exterior, en momentos en que el país se derrumbaba (al igual que ahora) por la fuga de capitales, y cuya administración siempre fue objeto de serias sospechas.

También resultó tragicómico la suerte de cruzada ecologista que emprendió la Presidente Cristina Kirchner al defender, con un inusitado énfasis, los árboles que fueron transplantados en la avenida 9 de Julio. “Nosotros no vamos a tirar un sólo árbol. Los árboles son sagrados. No se tocan, por lo menos acá en Calafate, tendrán que pasar sobre mi cadáver”. Pero eso sí, para hacer Tecnópolis deforestaron ocho hectáreas.

Lamentablemente, este fervor ecologista nunca apareció cuando, en reiteradas ocasiones en la Casa Rosada y en el exterior, la primera mandataria vetó la ley de Protección de Glaciares y se reunió con los dueños de las empresas multinacionales que desarrollan la megaminería en nuestro país. Se trata de un método denunciado por contaminar con cianuro algunas de las fuentes de agua dulce más importantes que existe en nuestro país.

Asimismo, estas firmas tienen beneficios impositivos que no existen en ningún país serio, al punto que el Estado no tiene control alguno de sus declaraciones juradas, pagan poco y nada de retenciones, y saquean de forma sistemática los recursos naturales de nuestro territorio.

La necesidad del equilibrio psíquico y emocional - La Presidente, como máxima autoridad de la Nación, no es una ciudadana más. Los estadistas, elegidos por el voto popular, tienen la función de conducir los destinos de todos (y todas, como ella dice). Ello implica, necesariamente, medir las consecuencias de cada una de las palabras que se pronuncian desde los actos oficiales, que son transmitidos a todo el país.

En ese contexto, mientras la Presidente sigue manteniendo un extraño luto a más de dos años del fallecimiento de su marido, resulta muy preocupante las declaraciones místicas-religiosas realizadas por la primera mandataria, que se suman a las contradicciones permanentes que registra su propio discurso. Esto lleva a que mucho de lo que parece decir con convencimiento y énfasis, no tenga nada que ver con el presente, como así tampoco con los hechos del pasado que ella misma intenta rescatar.

Esta distancia cada vez mayor entre lo que dice, lo que hace y lo que efectivamente sucede, merecería que profesionales serios atiendan con urgencia a la primera mandataria y le abran el camino para que pueda, al menos, mantener un mínimo equilibrio psíquico y emocional, acorde a lo que implica el trabajo de estadista.

Por Armando Maronese

 

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