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Navidad de antaño: noche de paz, noche de amor

Por Armando Maronese - 23 de Diciembre, 2012, 1:27, Categoría: Los orígenes y los por qué

Sin arbolitos ni Papá Noel, los mendocinos celebraban el nacimiento de Jesús. Una velada de tradición religiosa y rituales americanos.

La Navidad actual difiere mucho de las antiguas festividades. Aunque hoy nos parezca extraño, hace doscientos años todo era muy diferente: no había arbolito con esferas, ni existía Papá Noel y menos tirar la casa por la ventana con las juntadas de familiares o amigos. Tampoco se encendía pirotecnia ni se brindaba con alcohol de casa en casa.

¿Cómo festejaban antaño el nacimiento del niño Jesús? Veamos.

La tradición que bajó del barco - Desde que los conquistadores españoles llegaron a estas tierras, bajaron de sus naves muchas de las tradiciones religiosas que traían desde el Viejo Mundo. Una de las principales fue el festejo de la Navidad y del Año Nuevo, que se difundió por todo el continente americano. Tras la llegada de Pedro del Castillo en 1561, nuestra provincia no fue la excepción.

Luego al establecerse los primeros colonos y con el crecimiento de la población, la Navidad pasó a ser la festividad más importante junto con las Pascuas, el Santo Patrono y los acontecimientos de la familia real española.

Natividad a la mendocina – Tomando el caso de Mendoza, que era muy parecido al resto de las provincias, antiguamente, la fiesta se iniciaba el 24 de diciembre por la tarde. La mayoría de los mendocinos se ponía los mejores atuendos para esa ocasión. Así, preparados desde sus casas, partían rumbo a los templos. Una hora después, se realizaba una procesión en la que se rezaba el rosario y se paseaba por las principales calles de la ciudad.

En esta ceremonia participaban autoridades del Cabildo, otros representantes reales y el pueblo en general.

Al anochecer se realizaban “las posadas”. Estas celebraciones, que nacieron en América, recordaban el rechazo del que fueron víctimas José y María al llegar a la ciudad de Belén. Si bien “las posadas” nacieron en Méjico, se extendieron también a la región de Cuyo.

Las posadas representaban vivamente la escena del recorrido de los padres de Jesús. La reunión se iniciaba en un lugar acordado, donde una persona representando a un ángel, abría el cortejo. María y José, en su papel de peregrinos cansados, se detenían a orar y seguían con fuerza por el camino. Detrás iban los pastores y algunos músicos entonando villancicos.

Cada casa que participaba era decorada con un farol, flores y otros adornos navideños. Cuando el cortejo se acercaba, en el interior de la casa las velas se apagaban y sólo quedaba encendido un farol en la puerta.

El recorrido continuaba por varias moradas, donde los vecinos negaban el hospedaje a los peregrinos y terminaba en el hogar que abría sus puertas a todos y donde se les rendía honores. Allí, se entonaban los villancicos, cantos populares de origen campesino, con los que el pueblo se hizo partícipe de las solemnes celebraciones eclesiásticas realizadas en torno al nacimiento del Nazareno.

Otra de las viejas costumbres que en aquellos tiempos convocaba al pueblo se llamaba “aguinaldos”. De allí deriva el nombre que hoy se utiliza para compensar el salario y que se otorga en el mes de estas fiestas.

El hábito consistía en apostar -durante los días previos a la Navidad-, regalos que el perdedor del juego brindaba al ganador.

Esto se originó en la Edad Media, cuando, en las fiestas carnavalescas los hombres se vestían de mujeres y las mujeres de hombres, para pedirlos. La costumbre se extendió a los nobles, quienes obsequiaban caballos finos o dinero a sus familiares y amigos.

Cuando llegaron los conquistadores, quienes se habían enriquecido por el oro americano, donaban como aguinaldo a las iglesias bellos altares dorados. La misma se popularizó y se convirtió, a partir de la Colonia, en una tradición navideña.

Sin Papá Noel... sólo el pesebre - En aquellos años no existía Papá Noel, ni pan dulce, ni sidra. Tampoco el arbolito navideño. El centro era el pesebre, que era otro de los atractivos que tenían nuestros antepasados. Tradicionalmente, el mismo contaba con ocho figuras principales: el Niño, la Virgen, San José, el asno, el buey y los tres reyes magos.

La escena del nacimiento se conoce con los nombres de: “Belén”, que en hebreo significa “casa de pan”, y “pesebre”, del latín 'praesepem', que significa “cajón para la comida de los animales”.

Por Armando Maronese

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