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La CSJN rechazó el per saltum presentado por el Ejecutivo

Por Dr. Roberto J. Wilkinson - 10 de Diciembre, 2012, 21:27, Categoría: Corrupción - Violencia

La Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazó el recurso de per saltum que el Ejecutivo Nacional había presentado, luego de recibir el adverso fallo de la Cámara Civil y Comercial Federal que prorrogó la cautelar en beneficio del Grupo Clarín.

El Ejecutivo Nacional hizo uso de esa herramienta, recientemente aprobada por el Congreso para su conveniencia procurando modificar su endeble coyuntura, que incluye la amenaza de jury de enjuiciamiento para los camaristas que fallaron contra la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Por lo tanto, Clarín mantendrá el amparo que impide al Gobierno avanzar sobre sus medios hasta que se resuelva la cuestión de fondo, una decisión que está en manos del juez de primera instancia, Horacio Alfonso. Pero no sólo avanzar sobre sus medios, sino también quedarse  gratuitamente con todos sus bienes materiales, aún de sus bases de datos.

Para resolver la cuestión definitivamente, la Justicia debe determinar la constitucionalidad o no de 2 artículos de la llamada 'Ley de Medios'. El juez de 1ra. instancia, Horacio Alfonso podría dictar sentencia durante la feria judicial, luego de las fiestas de fin de año/comienzo de año. Por el momento, ya este juez se encuentra amenazado, lo mismo que su familia.

La soberbia imperante en Cristina Fernández de Kirchner es tan grande que, sumado  a su poca habilidad mental y a su inexistente arte para gobernar, quiere a toda costa que la Corte Suprema de Justicia de la Nación sea su Corte.

Ayer, domingo 9 de diciembre, esta señora convocó a una multitud en la Plaza de Mayo y se rodeó de pseudos celebridades en la lucha por los derechos humanos para, desde ese espacio simbólico, hablarle a la Corte. Ayer se ha visto cuan grande es la cantidad de gente que viven a costillas de los argentinos que trabajan, y que con sus impuestos mantienen los planes trabajar (vaguear) de la gran mayoría de los que asistieron a ese acto.

Si se observa lo que la señora de Kirchner espera de la Corte se vuelve más comprensible la dramaticidad de su retórica. Fue ella quien generó, paso a paso, la tormenta en la que está envuelta por la aplicación de la ley de medios al Grupo Clarín. De la discusión jurídica del artículo 161, pasó a declarar la intifada contra un medio de comunicación y, de allí, a denunciar como golpista a todo juez que contradiga sus designios.

La opinión pública se fue levantando en su contra como una ola amenazante, anticipada en los dos cacerolazos. Cuando adquirió esa configuración, es decir, cuando estar de su lado se había vuelto costosísimo, el Gobierno pidió a la Corte Suprema que decida. ¿Cuál sería el incentivo para que Ricardo Lorenzetti y los colegas que no militan en el oficialismo elijan inmolarse? Lo máximo que se puede esperar de ellos es que, celosos de su independencia, no cedan a la tentación de pronunciarse contra el kirchnerismo por la muy humana ensoñación de verse próceres.

Es la segunda gran encerrona en la que Cristina Kirchner queda atrapada en un conflicto con la opinión pública cuya resolución depende de un tercero. Ya le pasó en julio del año 2008 cuando, al cabo de meses de movilización en su contra, una multitud rodeó el Monumento de los Españoles para terminar de forzar a Julio Cobos a votar como votó. En aquella oportunidad la Presidente colocó a los contribuyentes que se resistían a su impuestazo en contradicción con la democracia y los derechos humanos. De un lado quedaban los chacareros, cuya vanguardia eran "los generales multimediáticos", con los que por primera vez identificó a Magnetto. Ya habían pasado cinco años desde que su esposo llegara a la Casa Rosada. Del otro, los organismos de derechos humanos, con Hebe de Bonafini entregándole su pañuelo.

El principio que conduce a estas encrucijadas es siempre el mismo: para la señora de Kirchner la obediencia es más importante que el éxito. Esta axiología la embarca en contiendas que, una vez iniciadas, van perdiendo de vista su objetivo. La guerra contra Clarín quedó convertida en una guerra contra la Justicia.

Cristina Kirchner no sólo necesita que la Corte se ponga de su lado en un conflicto que se ha vuelto, a fuerza de las torpezas oficiales, cada vez más impopular. También pide la complicidad del tribunal para una excentricidad procesal. No sólo los jueces debían resolver a favor del gobierno el per saltum, sino que también quería a toda costa la anulación de una cautelar dictada por un tribunal inmediato inferior, la Cámara Civil y Comercial.

¿Por qué tanta premura? La señora de Kirchner odia tanto, se ha propuesto liquidar a Clarín antes de que comience la campaña de 2013. Supone que, extirpada la raíz de todas sus desgracias, la opinión pública despertará de su sueño dogmático para revalorizarla y, quién sabe, habilitarle una nueva reelección.

La exaltación de Yrigoyen y Alfonsín, y el recuerdo de la solidaridad peronista con el gobierno radical en la aciaga Semana Santa de 1987, fueron el envoltorio historiográfico de la avanzada sobre Clarín. Excluido el Frente Amplio Progresista de la Afsca, la UCR, representada por Marcelo Stubrin, es la única presencia disonante llamada a impugnar o convalidar las decisiones del Gobierno. La Presidente la llamó a concelebrar un nuevo bipartidismo. En su fantasía, ella está sembrando la semilla de un nuevo Pacto de Olivos.

La disposición a la concordia con los radicales contrasta con la incapacidad de la Casa Rosada para dialogar y encontrar soluciones negociadas. Esa dificultad ha convertido a Lorenzetti y sus colegas en sustitutos del ministro del Interior: deben resolver la limpieza del Riachuelo, la polémica entre Daniel Scioli y Mauricio Macri por los basurales, los reclamos de coparticipación de Córdoba y Santa Fe y la protesta de San Luis y La Rioja por la suspensión de la promoción industrial. Con el per saltum se les pide que, además, colaboren con el programa electoral.

Ésta es la razón por la cual Cristina Kirchner intentó transformar ayer un intrincado expediente judicial en una ópera de Wagner. Una vez más tocó la cuerda emocional de sus seguidores para definir cuál es el sentido de la historia. La premisa mayor fue que el destino de los gobiernos populares es el derrocamiento a manos de inconfesables intereses oligárquicos. Es lo que sucedió en 1930 con Yrigoyen y en 1955 con Perón. Su esposo es heredero de esa tradición. Se equivocan los que creen que Néstor Kirchner llegó a la Casa Rosada a babucha del duhaldismo que venía de protagonizar un golpe blanco contra Fernando de la Rúa. Kirchner es el continuador extremo de la expansión de derechos que representaron Yrigoyen, Perón y Alfonsín. A diferencia de los dos primeros, pagó su enfrentamiento con los poderes fácticos no con la defenestración, sino con la muerte.

La demorada hora del golpe llegó ahora. De un lado está la democracia, identificada con el mandato popular. Del otro, las maquinaciones corporativas que otrora usaban los tanques y ahora se sirven de los medios de comunicación. Cuando éstos no alcanzan, apelan a "los fierros", que son los jueces que impiden los proyectos oficiales. Conclusión: cualquier ejercicio crítico frente a los deseos del Gobierno, lo lleven adelante la prensa o la Justicia, queda identificado con las antiguas asonadas militares. La Corte debía optar: o se inclinaba ante la democracia o se vuelve golpista.Son tiempos de dictadura, mal llamada democracia.

Esta mujer quiso que el máximo tribunal quedara sensible a las fluctuaciones de las mayorías. Quería su "Corte adicta". No fue así.


Por Dr. Roberto J. Wilkinson

 

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