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¿Qué cambiará después del 20N?

Por Armando Maronese - 19 de Noviembre, 2012, 13:42, Categoría: Opinión

Lo dijo el titular de la CGT Azul y Blanca, Luís Barrionuevo: si el Gobierno de Cristina Fernández no da "respuesta" a los reclamos que llevó al sindicalismo opositor a convocar una huelga general, para este martes "tendrá que venir un paro de 36 horas con movilización". Cierto es que las 5 centrales obreras saben, en el fondo, que Cristina Fernández no se apartará ni un milímetro de su tozuda postura. Pero también saben que será difícil afrontar los próximos meses luego demostrar que, de alguna manera, al rechazo de la clase media se suma ahora el rechazo obrero. Una muestra clara de que el 54% se acabó, en un marco no menor: se tratará de la primera huelga que sufrirá la Presidente en carne propia.

La huelga general de mañana contra el gobierno de Cristina Fernández puede que no sea la última, pero sin dudas cargará con las consecuencias de ser la primera más otra para el martes próximo de 36 horas y a ésta parece que también se le suma el campo.

"Si el Gobierno no tomó nota de la multitud que hubo pacíficamente en todo el país el 8 de noviembre y si no toma registro de esto, indudablemente, estamos con una Presidente que es lo que sospechan todos: va para adelante, no le importa nada y que hace lo que ella quiere", alertó.

En declaraciones radiales, Barrionuevo aseveró que la jefa de Estado "cree que el 54% (de los votos) le da la garantía de hacer lo que quiere y no gobernar para todos los argentinos".

Entonces ¿Qué debería cambiar, después del paro general de mañana?

Las cinco centrales obreras, en el fondo, saben que Cristina Fernández no se apartará ni un milímetro de su postura tan poco permeable a sus reclamos. Pero si Hugo Moyano realmente logra paralizar el país o, al menos, consigue un significativo nivel de acatamiento a la protesta, calculan que le será difícil gobernar a espaldas de una clase media que salió a la calle como en el 8N y de una clase obrera que se suma a la huelga del 20N.

Por eso, la semana pasada, la Presidente descongeló sorpresivamente un par de medidas. La primera una limosna, como fue el anuncio de que exceptuarán el próximo aguinaldo del pago de Ganancias. La segunda un engaño, que les dibujó una sonrisa a los dirigentes de la CGT Balcarce, marginados del círculo de poder y al borde de un estado de rebelión, al recibirlos en la Casa Rosada y hablar a solas con ellos durante casi dos horas.

No escucharon todo lo que necesitaban escuchar, pero salieron conformes: la Presidente les prometió sumarlos para replantear a partir de 2013 el impacto del Impuesto a las Ganancias y, luego de que lo propusiera el estatal Andrés Rodríguez, dio un guiño para que pueda rediscutirse “en profundidad” el sistema actual de asignaciones familiares. Al fin y al cabo todas promesas vacías de ejecución.

El buen humor del sindicalismo K se acrecentó luego de que una comisión cegetista que lidera José Luís Lingeri (Obras Sanitarias) pudo negociar con Liliana Korenfeld, la superintendente de Servicios de Salud, la actualización de los montos de la cápita del PAMI , es decir, el dinero que reciben las obras sociales por atender a unos 500.000 jubilados congelados desde 2010, subirá de $148 a $192, lo que permitirá a estas entidades sumar unos $220 millones anuales, según publicó el diario 'Clarín'.

También se acordó crear un sistema único de reintegros para personas con discapacidad, excluidas mediante la polémica resolución 1200, que incluye un padrón unificado para agilizar los trámites.

Algunos dirigentes de la CGT Balcarce que estuvieron en la Casa Rosada afirman que vieron a una Presidente “muy firme”, dispuesta a todo para aplicar la ley de medios y durísima contra el paro de mañana porque “prohíbe la libertad de trabajo”. Pero, al mismo tiempo, les resultó sugestivo que no diera ninguna pista sobre sus planes electorales para 2013 y, mucho menos, acerca de si aspira a ser reelegida: dio la sensación, según estos sindicalistas, de una mandataria a punto de dar su última batalla.

Y en ese contexto la preocupación por el paro mañana es un hecho. Por eso el ministro del Interior, Florencio Randazzo, le pedirá hoy a un puñado de gremios del transporte alineados con el Gobierno que garanticen que no habrá problemas para que funcionen normalmente colectivos, trenes, subtes y aviones.

Ocurre que la fractura de la CGT, dejó a la mayor cantidad de gremios del sector del lado kirchnerista y por eso fue que Moyano tuvo que apelar al plan B y recibió primero a Juan Carlos Alderete, de la Corriente Clasista y Combativa, para que piloteara los bloqueos en los accesos a la Capital, y luego a Rubén “Pollo” Sobrero para sumar a los trabajadores del Ferrocarril Sarmiento (hoy decidirán en una asamblea, en Castelar). Y su hijo Facundo, que representa el ala “progresista” del moyanismo, entabló contactos con la combativa comisión interna de la línea 60 de colectivos y con Claudio Dellecarbonara, delegado de la línea B de los subterráneos y dirigente del trotskista Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS)

La izquierda radicalizada quizá nunca pensó que el sindicalismo peronista tradicional le abriría las puertas de esa forma, pero la agrupación Bordó del Sindicato de la Alimentación, enrolada en el PTS, desnudó los límites que tuvo la convocatoria a la huelga: “(Moyano y Micheli) no hacen lo necesario para garantizar un gran paro. Lo llamaron por los medios, no impulsan asambleas ni tienen ninguna política para que los gremios que están fuera de esas centrales puedan parar”.

Como sea, el nivel de acatamiento de la medida y su impacto en la Casa Rosada será el eje central de análisis de los próximos días. Y no sólo porque se trata de la primera huelga que sufrirá la Presidente en carne propia, sino que también se convertirá en un gesto directo del peronismo hacia el corazón del poder. Ayer, el presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), Eduardo Buzzi, advirtió que habrá "piquetes al estilo del 2008", en abierta alusión a un deja vu del conflicto del campo.

Este será el primer paro general en la era kirchnerista y la primera huelga que recibe un presidente desde la época de Fernando De la Rúa. Demasiados símbolos para un gobierno acostumbrado a emitir gestos y dobles mensajes que, al fin de cuentas, contienen traición.

La CGT y la CTA confían en que el paro tendrá un elevado nivel de acatamiento. Los gremios opositores dicen tener todo calculado.

Lo que es difícil de calcular, es si Cristina Fernández podrá oír los reclamos de una ciudadanía por demás cansada... por no decir harta. El que estas líneas escribe no cree en la sensibilidad de la presidente y es más, no le importa para nada el bienestar del pueblo argentino en todas sus facetas.

Por Armando Maronese


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