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El mágico 8 de noviembre

Por Cosme Beccar Varela - 6 de Noviembre, 2012, 11:50, Categoría: Corrupción - Violencia

¡El mágico 8 de noviembre! Todos vamos a ir y yo invito a que todos vayan. Sin embargo, la magia no existe. Si no comprendemos cuál es la situación, hacia donde nos llevan y cómo salimos de ésta, y si no nos resolvemos a empeñar todas nuestras fuerzas con generosidad y coraje para poner en práctica lo que hemos pensado inteligentemente y resuelto firmemente, comprobaremos, a más tardar el 14 de noviembre, que la magia no existe.

Hay una serie de maniobras preparatorias para neutralizar y escamotear el 8 de noviembre, hechas o inducidas por la tiranía, que elaboran su fracaso. Voy a enumerar algunas sin demasiada explicación porque si a Ud. no le parece que es como le digo, aunque un escriba un libro de argumentos a favor de cada tesis, será inútil.

Como bien dice mi hermano Alfonso, nadie convence a nadie, excepto a alguien que de buena fe esté confundido frente a una situación intrincada pero que agradezca una buena idea, aunque a él no se le haya ocurrido. Ese puede ser convencido porque su inteligencia no está paralizada por la tozuda idiotez.

Pero a la inmensa mayoría la inteligencia le ha sido anulada y ha llegado a aceptar como un dogma de fe lo que el sistema de los manipuladores de la opinión les ha hecho creer. Y esos tozudos son inmutables, impermeables y marchan hacia el suicidio con una sonrisa en los labios.

1) Nos dicen que los que vamos a la marcha no debemos tener una intención política destituyente ni atacar (“agraviar de cualquier forma”, eufemismo para decir “atacar”, según Gregorich en “La Nación”, hoy 5/11/2012, pág. 13).

Sin embargo, si no marchamos para exigir el inmediato juicio político y la destitución de la Sra. de Kirchner, sus ministros y demás cómplices, ¿qué sentido tiene la marcha? ¿Protestar? ¿Reprocharles a los corruptos y tiranos su fea conducta?

Si esa fuera la intención la marcha sería inútil, porque a estos cínicos al servicio de otros peores que planean la entrega del país al comunismo, los reproches, aunque sean multitudinarios, les importan una higa.

Como dijo el sinvergüenza de Aníbal Fernández después de la marcha del 13 de septiembre pasado, “las urnas son más efectivas que las cacerolas”. Y eso aunque las urnas estén trucadas por el fraude, ya que todos los “opositores”, inclusive el Sr. Gregorich que acabo de citar, han aceptado ese fraude sin chistar (“un año después de su amplísimo triunfo en las elecciones presidenciales”, dice). Es la misma traición de Capriles en Venezuela. Es la que permite a las tiranías fraudulentas vestirse con las ropas de la “democracia”.

Por lo tanto, la marcha debe ser “destituyente”, para lo cual se debe exigir el juicio político inmediato de la usurpadora Kirchner, de sus ministros y demás cómplices. Al mismo tiempo se debe recusar como jueces a todos los diputados y senadores que votaron el otorgamiento de poderes extraordinarios a la Sra. Kirchner o a su cónyuge, porque han incurrido en el delito de “traición a la Patria” (art. 29 de la Constitución) que les hace perder sus bancas y los inhabilita a perpetuidad.

2) Dicen que a la marcha nadie la organiza, nadie la dirige y que cada uno elige su lema. Nos han hecho creer que este anonimato, esta ausencia de líderes, esta falta de claridad en los objetivos, es un mérito porque sería una prueba de la espontaneidad de la marcha, surgida de las entrañas de la sociedad por impulso propio.

Es verdad que la marcha surge de la indignación generalizada contra la tiranía. Eso es bueno. Pero si se queda en eso, es malo porque nunca en la Historia hubo movimientos políticos exitosos sin dirigentes y sin ideas elementales, claras y compartidas.

Hubo, sí, movimientos que parecieron espontáneos, como el de la revolución francesa o el de los árabes que voltearon a Mubarak en Egipto y a Kadafi en Libia. Pero la verdad es que esos movimientos tenían jefes ocultos, perfectamente organizados, con objetivos que no se limitaban a reparar agravios reales sino a imponer un nuevo sistema que estaba muy lejos de la intención de las masas que eran movilizadas.

En este caso, si la marcha del 8 de noviembre es vaciada de su evidente intención destituyente, está claro que quienes la convocan desde las sombras se proponen algo muy distinto que los cientos de miles de quienes a ella concurran. Es decir, se proponen consolidar la tiranía, esterilizando la indignación que causan sus injusticias, sus odios y sus actos de corrupción. Están creando una válvula de escape para que la “olla” no estalle.

Suele responderse: “No hay ningún líder”. Esto es falso. La verdad es que no hay casi nadie que quiera aceptar un liderazgo porque para eso se necesita tener una idea clara sobre la gravedad de la situación y el riesgo inminente que corremos de perder lo que resta del Estado de Derecho. Eso es lo que falta. Si tuviéramos esa claridad de ideas, agradeceríamos ser dirigidos por algún argentino de bien y si ése se presentara sería aceptado con generosidad y dedicación. Eso no disminuiría en nada la dignidad de los manifestantes sino que potenciaría la eficacia de la acción. Pero como no hay conciencia de la necesidad de un líder, éste no aparece y aunque apareciera, nadie le haría caso.

Se ha inducido la “sensación” (que no llega a la categoría de “idea”) de que esta tiranía es pasajera; que la usurpadora está enferma y que no durará mucho; que la corrupción es un mal endémico incorregible con el cual se puede convivir y hasta causan gracia las arbitrariedades de un Moreno o de un Kicillof, que detrás de los atropellos gubernamentales no hay un plan siniestro que apunta hacia la implantación del comunismo, que las encuestas indican una pérdida de popularidad de la Sra. de Kirchner, que la oposición es unificable y puede vencer en las elecciones (porque el fraude no existe), etc. etc.

Todas estas ideas falsamente tranquilizadoras, le quitan al momento que vivimos su real dramaticidad y hacen perder de vista la necesidad de una resistencia organizada y eficiente por fuera de los partidos de la falsa oposición. Por eso el surgimiento de un nuevo líder es imposible.

3) El ideal sería la unidad en la pluralidad política, sin divisiones ideológicas. A causa del relativismo generalizado (para no llamarla “apostasía generalizada”) la gente cree que da lo mismo ser izquierdista y abortista o liberal “centrista” enemigo del catolicismo o peronista, admirador de un incendiario de iglesias y fundador de la guerrilla montonera o socialista ateo.

Lo único que no se acepta es una alianza con alguien que sea católico y que no acepte las ideologías políticas que acabo de enumerar y menos aún que un católico así sea quien unifique a toda la oposición en aras de un programa mínimo común consistente en tres puntos basados en la vigencia de la Constitución, a saber: a) Efectiva separación de los tres poderes con un Poder judicial imparcial e independiente; b) respeto de las libertades y garantías individuales con el debido respeto a la moral cristiana y c) idoneidad exigible para ocupar cualquier cargo público.

Luego, la propuesta de una “unidad opositora” significa, una vez más, fagocitar a los católicos dentro de una “olla podrida” de dirigentes con malas ideas que una vez votados por los católicos, harán todo lo posible por acabar con el catolicismo, como lo estamos viendo ahora en un Congreso que se dice compuesto de “representantes del pueblo”, que es católico en su inmensa mayoría, pero que votan toda clase de leyes contra la moral católica y autorizan toda clase de atrocidades.

Esos políticos tienen otros “códigos” y otra conducta. Ellos deberían empezar por ser leales con el compromiso del debido respeto a la moral cristiana en el plano político y aceptar una alianza con los católicos independientes que, en caso de triunfar, tengan un poder propio mediante el cual puedan hacer valer los compromisos asumidos por los no-creyentes en el momento de unirse para combatir la tiranía.

Una señal de que ese respeto es sincero, deberá ser que se permita a los católicos un amplio acceso a los grandes medios de comunicación de tal manera que todo el pueblo pueda saber lo que piensan y lo que proponen. En este momento, los únicos que aparecen en esos medios son los políticos contrarios al catolicismo. ¿Qué clase de unión puede haber entre “mudos” traicionados y descreídos famosos, siempre “en el candelero”?

¿Existe esa sinceridad? Si no existe, hablar de “unidad opositora” equivale a decir “entrega incondicional de los católicos” para pasar de una tiranía a otra que nada garantiza que no sea igual o peor que esta.

4) “Habrá que tener la inteligencia y la capacidad de construcción suficientes como para responder, al final del día a la pregunta obvia: *Y ahora ¿qué?. Simplemente prepararse para la incruenta batalla por una democracia más competitiva, cuyo primer episodio será, quizás el de la lucha por la libertad de expresión, y el siguiente, en las elecciones de 2013, la disputa por la intangibilidad de la Constitución que nos rige”.

Es decir, que para Gregorich, mimado de “La Nación”, la marcha del 8 de Noviembre debe estar al servicio de ese diario y de “Clarín”, pues es la “libertad de expresión” de ellos, y no la de los que marcharemos ese día, la que reclaman (para usarla mal, como lo he probado hasta la saciedad en estas páginas). Y en el 2013, al servicio de los “partidos reconocidos” de la “falsa oposición” que volverán a ser la única alternativa para el sufrido elector, a pesar de que han demostrado hasta la saciedad que son meras comparsas de la tiranía.

Como vemos, el verdadero significado de la marcha del 8 de Noviembre, está siendo escamoteado.

¿Qué propongo? Que vayamos todos a la marcha con la expresa intención de impedir que acabemos como Cuba, para lo cual es indispensable que esta tiranía sea constitucionalmente destituida y que la “dirigencia” corrupta e inepta sea substituida en su totalidad por gente de bien que sirva el bien común. Esa será la única “magia” posible de la marcha.

Por Cosme Beccar Varela

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