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Atracción de lo oculto

Por Armando Maronese - 3 de Noviembre, 2012, 15:09, Categoría: Opinión

Pues ya pasó y el 31 de octubre fue Halloween en cada vez más países. Halloween, ese misterio. Cuando uno percibe en profundidad un objeto, no puede dejar de desearlo. En realidad todos los hechos humanos pueden ser tomados por un juego o por una tragedia: muertes, asesinatos, nacimientos, aniversarios, amores, y comer y soñar. Y las tragedias, más frecuentemente desde lejos, también pueden desearse. Muchos desean un Halloween en este país y ya casi lo tienen.

Méjico y los muertos - Los mejicanos tienen una mirada alegre hacia la muerte -alegremente resignada en el día de los Muertos, aun cuando sus celebraciones sean diferentes que las de los estadounidenses. Tienen un Día de Todos los Muertos de alegría exultante, donde en el cementerio se venden calaveritas de azúcar, y se organizan concursos de poemas breves que se llaman a su vez “Calaveritas”. Hay grandes premios en dinero y dicen: -¡Anímese! Está abierto a todo el mundo.

Una vez, pensando quizá en escribir sobre la muerte y sus encantos, hice una lista de títulos en un cuaderno. Tu boca me come -sin sentido sexual-, una especie de “Silencio de los inocentes”. La Fiesta del Asesinato. Bombones con cianuro. El lector que se involucra con los personajes de una novela policial y hasta termina matando al propio asesino.

Halloween – Mucha gente ha soñado y sueña con Halloween sin saber del todo de qué se trata, como si adaptara aquel verso de Eliot: “No sé nada de ríos, pero pienso que el río es un vasto dios pardo” a: “No sé nada de Halloween pero pienso que Halloween es una diosa oscura”.

He leído fragmentos de supuestas profecías alrededor de ese día. Una superstición que debe ser antigua -tal vez no tanto, pero de la época de la Guerra de Secesión-, indica que si una muchacha joven se mira en el espejo a medianoche, en Halloween, ve aparecer la cara de aquel con quien se casará. Ahora, este tipo de ensueños no se cotizan mucho, por eso digo que debe de ser una superstición muy vieja.

Pero traté de leer un poco sobre la historia de este día de calabazas ahuecadas, cuyas mágicas luces prendieron mi imaginación y también, desgraciadamente, la de múltiples criminales que aprovechan esta fiesta “satánica” para saciar deseos inexplicables.

Pequeña historia - En general, la historia de Halloween está contada por religiosos de diferentes comunidades cristianas, en donde se distingue nítidamente cierta parcialidad. Por ejemplo: esta fiesta es para Satanás, es parte de las celebraciones de un culto diabólico.

La historia cuenta -aunque a veces la historia cuente cuentos-, que muchos años antes de Cristo los celtas -los de las Islas Británicas y Escandinavia- poseían toda una sociedad de solemnes sacerdotes paganos: los druidas.

De los druidas todos conocemos fragmentos de relatos que nos ponen la piel de gallina, pero si ahora mismo los creamos -con la imaginación- y los vemos reunidos en campos o bosques junto a altares de piedra, no es necesario que pongamos una víctima humana en el altar: el escalofrío de mirar esta escena es suficiente.

Dicen que los druidas eran los servidores de Samhim, el dios de la muerte; que eran satanistas y tenían en sus manos, mediante el terror, la vida y la muerte de las personas, lo que después de todo no nos asombra demasiado porque conocemos a Hitler y también conocemos algún que otro gobierno de estos días…

El 31 de octubre por la noche, los druidas celebraban el festival de la muerte.

Existe una Biblia Satánica del autor Antón Lavey, gran sacerdote de estas retorcidas iglesias. Allí se dice que existen tres fechas importantes en el calendario satánico: el día de cumpleaños de Antón Lavey; el 30 de abril y, la más célebre de todas: la del 31 de octubre.

En Halloween los poderes del demonio llegan a su mayor esplendor. Noche ideal para conjuros y maldiciones, Halloween es el año nuevo de la brujería.  “La enciclopedia Word Book dice que este es el inicio de todo lo oscuro, lo frío y la muerte”.

Dulce o travesura - Los druidas recorrían las casas de la ciudad y recogían todo tipo de bocado fino y comidas extravagantes para celebrar su magna fiesta de octubre. Si los dueños de casa se oponían, sólo debían echar una maldición sobre los ladrillos de esa casa y con seguridad, algunos de sus habitantes moría antes de que llegara otra vez el “año nuevo”.

En cuanto a la calabaza ritual, no era una calabaza sino un nabo, encendido por dentro con una vela y usado a modo de linterna para iluminar el bosque sombrío.

Cuando Halloween llegó a América entre los siglos XVIII y XIX no había nabos, sino calabazas, mucho más prácticas por su tamaño. En los antiguos nabos iluminados habitaba un espíritu llamado Jock. Hoy, en las calabazas, vive el espíritu de un tal Jack.

Es tan importante este festejo en los EE.UU., que para elegir las calabazas los estadounidenses se toman su tiempo e incluso, el día anterior los empleados sólo trabajan media jornada para tener tiempo de hacer estas compras vegetales.

Pascal Quignard, en su libro Albucius, dice: Horacio estaba muerto. Mecenas estaba muerto. Sólo Augusto sobrevive en su desconfianza, en su genio y en su temor. Caius Albucius Silus odiaba menos la crueldad de Augusto que el hábito que había adquirido de hablar en lengua griega. Según Arruntius, ordenó que alejaran a su hija, que la sentaran sobre una silla plegable y que llamaran a la nodriza. Le pidió que agregara un poco de leche a la preparación. Ella desató la parte superior de su túnica. Él bebió. La sala en donde yacía estaba repleta. En primera fila, sobre una silla plegable, estaba su hija Polia. Todos sus alumnos estaban presentes. En segunda fila, estaban los esclavos más pequeños. Pidió a la nodriza que se acercara otra vez y le suplicó que lo dejara tomar su mano. Se escuchaban sollozos. Se dio vuelta y dijo:

-Quid fletis, pueri? (¿Por qué lloran, hijos míos?)

Murió sosteniendo apretada entre las suyas la mano de la nodriza cuya leche pagaba. Cada mañana ella ordeñaba su seno sobre una vasija. Él bebía tibio.

Por Armando Maronese

 

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