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Fort Knox

Por Serenella Cotan - 7 de Septiembre, 2012, 1:01, Categoría: Corrupción - Violencia

En Kentucky, Estados Unidos, se encuentra la base militar Fort Knox. Es donde se almacena, en lingotes rutilantes, el 5% de las reservas de oro del mundo. Tesoro literalmente inviolable. Impenetrable.

 

En Santa Cruz, Argentina, abundan los fantasiosos con información básica. Indagan, sigilosamente, acerca del Fort Knox local. Es el tesoro mitológicamente oculto que supo juntar El Furia. Con el formato, presumiblemente antiguo, de una bóveda de banco.

 

En el Fort Knox se guardan, para el imaginario, los billetes crocantes de 500 euros. Mecanismo descripto, oportunamente, en “La marroquinería política” (Planeta). Selección de textos iniciales del Portal, de antes del jaqueo. Rubricados, paternalmente, por el director, en el 2006. Cuando aludir a los euros crocantes contenía el sentido de una provocación. Como el traslado, a cargo del especialista Zelim Kessen, de las viejas bóvedas del Banco Hipotecario, hacia dos residencias particulares. Una aquí, en Río Gallegos. La otra, en el Calafate. De existir, el Fort Knox de Gallegos, es, hasta hoy, inexpugnable. Como la base lingotera de Kentucky.

 

La certeza de la existencia del Fort Knox doméstico se expande, según nuestras fuentes, en el mundillo discretamente elitista de los servicios de inteligencia. A través de los profesionales burocráticos del espionaje, que persisten camuflados con rangos diplomáticos.

 

La Garganta indica que un cuadro no necesariamente intrigante del Norte que cuenta supo deslizar: “Tenemos todos los datos. Conocemos las acciones que se ejecutan durante el día. Pero sobre todo tenemos detectados los movimientos de la noche”.

 

Tarasca - “El enigma indescifrable del kirchnerismo, Serenella, hoy no es la sucesión. Es tema secundario. Resuelto”, confirma la Garganta, para agregar. “Es la tarasca”.

 

Los lingüistas improvisados del lunfardo clásico prosiguen en franco desacuerdo. Acerca de la etimología de “tarasca”. El vocablo es un derivado de “tarascón”. Ordinariez que alude al “mordisco”. Concepción de la “mordida”. Significante que en Méjico contiene otra significación institucional.

 

Es imposible de averiguar con certeza, para esta corresponsal, adonde se oculta la tarasca. El tesoro.

 

Muerto irresponsablemente El Furia (eso se cree), se impone saber quién es el que tiene, verdaderamente, la clave del acceso. El que se encargaba de trasladar (la tarasca), rigurosamente controlado, hacia el misterioso Fort Knox. Durante las frías noches de los viernes. En aviones metafóricamente negros que partían, invariables, de Buenos Aires. Con los maletines, los portafolios ilusorios de los viernes. “Marroquinería política” colmada de materiales efectivamente conducentes. Originados en los porcentajes consignados de los subsidios espirituales. En melancólicos retornos rebosantes de densidad. Fueron (aquellos maletines) captados por el modernismo filosófico que impulsaba el Portal. Que elevaba la teoría, allá, en el 2005, del Sistema Recaudatorio de Acumulación.

 

Téngase en cuenta que, para la construcción de su poder transformador, El Furia se permitió el lujo de prescindir de la habitual “mesa chica”. La mesa del poder, que utilizaba el “modelo” de El Furia, era ratona. Sólo había espacio para el hombre fuerte que, irresponsablemente, el 27/10 partió (se cree)

 

Sin embargo, persistían contados privilegiados que solían enterarse antes de lo que Kirchner, en absoluta soledad, decidía. Pero ignoraban lo que simplemente cotizaba. Atributos relativos a la cultura de “la tarasca”. Instrumentos que eran, según nuestras fuentes, intransferibles. Y que cuesta, a pesar de los esfuerzos, reconstruir.

 

Téngase también en cuenta que, aparte, La Elegida prefería desconocer voluntariamente los manejos. Es otro desconocimiento que brota, ante todo, como mérito. Aunque actuara según la sentencia del vocacional pragmático que les obedecía.

 

“A la señora no le gusta saber como se junta. Sólo le gusta gastarla”.

 

DM - Las Gargantas calificadas indican que, después del fatídico 27/10, cuesta encontrarlo a DM.

 

DM es el asistente, casi un secretario de estricta confianza. Capacitado, incluso, hasta para la habitualidad del maltrato. Para las bromas pesadas del Jefe. Quien generosamente le permitió -a DM-, diseñar una considerable fortuna personal. Motivo de indagaciones judiciales motorizadas por los destituyentes que se resisten a la evolución ajena. Es sindicado -DM- como el encargado de llevarla. Sin el menor atributo de atreverse, jamás, a poner los dedos.

 

Nuestro DM de referencia es el conocedor, acaso como algún otro, de los protagonistas marcados de la agenda que se intenta reconstruir. Con los que El Furia solía extender los mostradores, tácitamente previsibles. Entonces DM se encontraba habilitado, según nuestras fuentes, para llevar los valiosos materiales hacia el destino final.

 

El conocimiento del destino lo torna, hoy, al referente, en el ser tan buscado como (casi) inhallable. Al que se le deben prodigar cuidados excesivos. Pero nadie sospecha que DM pretenda conseguir la utopía de quedarse, para su curricula, con alguna parte del león. Aunque nadie, en realidad, tampoco sabe de cuantos miles de “crocantes” se habla. Dos millones. Trescientos millones. Alocados miles de millones.

 

Además, DM debe cuidarse, acaso, de aquellos protagonistas de la agenda que solían dirigirse, con frecuencia mensual o semanal, hacia el mostrador. Los cuales, como consecuencia de la muerte irresponsable, pueden permitirse la trasgresión de borrarse. Para no aparecer nunca más. O sencillamente escudarse en el pretexto del afecto. Pasaban, con seguridad, sólo para saludarlo. Hablar de los momentos de Racing. De minas. O de la “profundización revolucionaria del modelo”.

 

En cierto modo, con la muerte irresponsable de El Furia pasó algo similar a lo que ocurrió con la caída del comunismo real. Subyace el efecto multiplicador de capitales. Por si no bastara, ni siquiera existe el mostrador. Ningún ser solvente, con información detallada, que se encuentre en condiciones de reconstruirlo en su magnitud original.

 

“Máximo, a lo sumo, Serenella, puede tener el control, el conocimiento, apenas del 15% de lo acumulado”.

 

Las innumerables propiedades. Alguna situada, probablemente, para el imaginario, en el exterior. Siempre suele evocarse la voz de Frank Sinatra en Nueva York.

 

Catacumbas - “¿Que la señora pueda haberse enterado de algo?… Olvídese, Serenella. Con lo que tiene en blanco, le alcanza”, confirma la Garganta. Aunque -según las Gargantas calificadas-, pueda corresponderle mucho más. Libre de la nociva aftosa de las demandas. Las causas que se murieron, pobres, con él.

 

Si la Argentina fuera equiparable, en parte, a los Estados Unidos o por lo menos al Brasil, DM sería el personaje del momento. Aún, por impulso del Portal, se encuentra catapultado para serlo.

 

Para la inteligencia norteña, es precisamente DM el que conoce el camino secreto que conduce hacia las “detectadas” catacumbas. El Fort Knox patagónico.

 

Debe interesar DM, de acuerdo a la evaluación, más que La Elegida. Y que el mismo Máximo.

 

Más, incluso, que Claudio Uberti (que sabe bastante, a pesar de sus limitaciones). O el señor C, erudito expendedor de la cortada Carabelas.

 

Más que el mismo Rudy Ulloa. O el desbordado, agotado, desmotivado súper ministro De Vido.

 

DM debiera interesar, para la evaluación del Fort Knox, tanto, o más aún, que el sustancial empresario Lázaro Báez. Es el propietario oficial de la mansión encriptada que siempre supo habilitar a la sospecha. Y que es objeto, en general, de las cautivantes fantasías que se tratan, ya no tan confidencialmente, en el Británico, en el Mónaco. Templos sociales que hacen más llevadero el lugar.

 

Por Serenella Cotan

 

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