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Ciccone, la ciénaga del cristinismo

Por Oberdán Rocamora - 9 de Agosto, 2012, 21:53, Categoría: Opinión

Y se sigue con la desastrosa línea de YPF y de Aerolíneas Argentinas.  Ahora es el poderoso fondo de inversión que controla gran parte de Ciccone, aunque cambie de nombre.

Junto a la temible multinacional Tierras Internacionales Investment, aquí representada por Piluso y con la controladora uruguaya Dusbel (atribuida a dos graves visionarios de la patria), consiguieron encajarle el clavel, al Gorro Frigio. Estado Bobo representado por dos próceres del Billiken del futuro: Hernán Lorenzino, y la señora Katya Daura.

Hay que reconocer que Alejandro Paul Vandenbroele -injustamente presentado como el Palo Blanco de Amado Boudou-, hoy demuestra su verdadera magnitud de empresario exitoso. José María Núñez Carmona tuvo su reconocido olfato. Con Vandenbroele apuntó bien. Esta vez no la puso, como en Telam, en el escritorio equivocado.

Soberanías - La “soberanía monetaria” es la idea fuerza que impulsa la expropiación de Ciccone. Complementa en cierto modo, la “soberanía energética” que llevó al desastre expropiador de YPF (desatino que relega a la Argentina, a la condición de “motochorro de la política internacional”) La línea, administrativamente catastrófica, comenzó con la soberanía aérea. La nacionalización del clavel de Aerolíneas Argentinas.

La flamante soberanía monetaria llega para movilizar el patriotismo, justo durante otra jornada de calvario cotidiano para el desplazamiento. Es el rostro trucho del modelo de crecimiento (con inclusión social).

A través de la nueva expropiación, el cristinismo legitima la persistencia de La Emergencia Nacional. Trátase de la situación de emergencia absoluta del Estado, sólo por encontrarse conducido por una asociación legal de improvisados y escandalosamente irresponsables. Con una admirable vocación por la impunidad se preparan para chocar, otra vez, energética y monetariamente la calesita del país, a los efectos de resguardar las berreterías del vicepresidente Amado Boudou. Es la máxima equivocación de Nuestra César (ella). “El último fracaso” de su bolero personal.

Por salvarlo -y en cierto modo por salvarse-, Nuestra César se extendió en diversas tonterías. No vaciló en entregar la cabeza degollada del doctor Righi, El Bebe, por su ostensible inoperancia. Por no controlar, en su carácter de Procurador, al Juez Rafecas. Es el hermanito “del bombón Boudu” que supo, oportunamente, estremecerla.

Caería también, después de “la causa Ciccone”, el mismo Juez Rafecas. Y nada pudo hacer “el bombón” por evitarlo. Fue por la inocencia comunicativa de unos inexplicables mensajitos que sirvieron, apenas, para “girarlo”. En el sentido tribunalicio del término.

La Garganta no chequeable confirma que, al enterarse del intento de “giro”, el juez, algo enojado, decidió aquel allanamiento en Puerto Grosso. Lo sorprendió a Boudou, sospechosamente confiado, “girado” en Bariloche. Justamente acompañaba a Nuestra César, pero nadie le dirigía la palabra. Sentía la dura frialdad del aislamiento.

Cuentan que El Descuidista reaccionó con un coraje admirable. “Por esto, Presidenta, no me voy a caer. Sepa que voy a defenderme”, apretó.

Otra Garganta confirma que el apriete tuvo algún sesgo informativo. Alusión a los gastos de tarjetas familiares en el Nueva York cantado, deliciosamente, por Frank Sinatra.

Después de Righi (que se la va a seguir hasta donde sea) y de Rafecas, Boudou consiguió desplazar también al Fiscal Rívolo. Pero la causa, inalterablemente, prosigue.

Cerrarla va a costar mucho más que cerrar las causas respectivas de Righi y del otro afectado, Adelmo, que se destaca como uno de los más fervorosos aplaudidores de Nuestra César. Adelmo, el aplaudidor, supo reivindicarlo pese a estar acusado por Boudou. Por querer “hacerle alguna moneda”.

La gran pregunta, que desvela en circuitos elitistas, es si “Boudou puso o no puso” en el “giro”. Si al señor vicepresidente en el revuelo, algún cretino con muy buena llegada, le hizo o no algunas decenas de miles de dólares.

La cuestión que Boudou y la misteriosa Banda de Descuidistas que controla Ciccone, se convirtieron en la ciénaga que sepulta al cristinismo. Cuanto más desesperadamente el cristinismo se mueva, peor se enterrará.

En la desesperación por salir de la ciénaga, Nuestra César se escuda en la soberanía monetaria y dispone de pronto, la expropiación.

Para agraviar la inteligencia media de la sociedad -la toma por bolu…-, designa como interventores a los dos cuadros puestos por su “máximo error”, “el último fracaso” del bolero (Boudou). Los dos cuadros puestos por su máximo error, son Lorenzino, Encargado de Negocios del Ministerio de Economía, y sobre todo Katya Daura titular de la Casa de Moneda.

La institución que no fue modernizada por culpa, precisamente, de las instrucciones que recibió la misma Daura, de Boudou, ya que ella llegó con la misión de devaluarla al extremo de imposibilitar la confección de billetes para recurrir, por lo tanto, al quiosquito de Ciccone, que hoy se “soberaniza”.

Se obturó, según nuestras fuentes, hasta la decidida compra de dos máquinas alemanas que debían encargarse de la edición. El pretexto fue patrióticamente loable: “Era un negocio de Redrado”, confesó Boudou, a otra Garganta.

Tragar sapos - La ciénaga de La Banda de Descuidistas sepulta también al pobre Echegaray, de la AFIP. Aporta en la causa la fragilidad de sus coronarias. Fueron reparadas en la clínica de Pilar, que registró sus lamentaciones cuando estaba algo alterado, el recaudador, en la camilla. “Esto me pasa por hacerle caso a una loc…”, dijo.

Aunque sepa sonreír, ya con menos convicción, se entierra también en la ciénaga la señora Marcó del Pont. Arrastrada en el Banco Central por lealtad. Como si la pobre envidiara el destino de silencio y de espantoso olvido, de Benigno Vélez, ex director del Banco Central que se encuentra desocupado. Apartado.

Vélez, el Benigno, es el responsable por haberla acercado a Boudou pocos años atrás, cuando El Descuidista ni podía pagar ni el alquiler. Venía a los tumbos, desde el Municipio de la Costa, para desembarcar en el Ansés que entonces controlaba Sergio Massa, el otro canal.

Para ser rigurosos, fue la ex esposa de Vélez (el Benigno) la bien intencionada que lo acercó a Boudou. Al “amigo de Mar del Plata” había que hacerle un favor. Darle un “laburo”.

La intervención es, en realidad, el “emprolijamiento” de La Banda de Descuidistas, por 60 días.

Los senadores y diputados del Frente para la Victoria supieron especializarse en el arte de tragar sapos. Masticarán el nuevo sapo en función de la verticalidad ante la sociedad que toman por idiota, para dar la vida por Boudou.

Por sus militancias, consta que muchos de ellos se encuentran capacitados para causas superiores. Pero deben emotivamente ofrendarse por el “descuidismo” y también sepultarse, torpemente, en la ciénaga, ante la condena de la historia.

Por Oberdán Rocamora

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