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Fallecimiento del TCnl. Juan Bautista Thorne

Por Armando Maronese - 1 de Agosto, 2012, 1:31, Categoría: Historia

Este batallador abnegado que prodigó su sangre en las lides por la independencia, por la integridad y por la libertad de la República Argentina, nació en Nueva York el 8 de marzo de 1807, de doña Margarita Breger y de don Enrique Thorne, ingeniero naval que había servido como capitán de fragata en la guerra de la independencia de los Estados Unidos.

 

Su padre lo colocó en una escuela de marinería, y por sus aptitudes lo tomó de ahí el comodoro Chelter trayéndolo en viaje de instrucción al Río de la Plata allá por el año de 1818. Con este jefe regresó a Estados Unidos, pasó enseguida a Francia, siguió por el Pacífico, bajó al Brasil, hasta que declarada la guerra entre este Imperio y las Provincias Unidas del Río de la Plata, Thorne entró a servir a éstas como guardiamarina o pilotín en la barca Congreso del mando del capitán Harris.

 

Sus conocimientos, su valor y sus condiciones singulares como hombre de guerra, le valieron pronto su ascenso, y a principios de 1826 entró en la Chacabuco en clase de teniente. En este barco concurrió (1827) a la toma de la escuadrilla brasileña, que se había internado en el río Negro del Carmen de Patagones. Thorne fue el primero que saltó a bordo de la corbeta brasileña Itaparica, hizo arriar la bandera imperial y enarbolar la argentina, lo cual se verificó en los demás barcos enemigos.

 

En diciembre del mismo año y comandando el bergantín goleta Patagones, que sólo montaba dos cañones de a 12 y una coliza giratoria de a 18, Thorne se lanzó temerario contra el bergantín brasileño Pedro el Real de 16 cañones. En tal desigual combate Thorne recibió dos heridas graves y fue conducido prisionero a los calabozos de la fortaleza de Santa Cruz, de donde regresó a Buenos Aires cuando se hizo la paz con el Imperio.

 

Capitán en el año de 1830 y a bordo del Balcarce, comandante en 1832 de la goleta Martín García, hizo a fines de este año la campaña del Uruguay a bordo del bergantín Republicano. Siendo sargento mayor hizo la campaña a los desiertos del sur, y le tocó remontar por primera vez el río Colorado.

 

Desde entonces, puede decirse que su vida fue un continuo batallar, siempre al lado del cañón que era su arma favorita y con el cual parecía hubiese hecho el pacto de le recíproca fortaleza. Jefe de la artillería federal en casi todas las batallas de la guerra civil argentina, mereció ser encomiado por generales como Paz, quien no pudo menos que notar los estragos que Thorne hizo en sus filas. A Sauce Grande donde fue ascendido a coronel de artillería, Cagancha y Caaguazú, le siguieron para el intrépido Thorne, Martín García, Vuelta de Obligado, Acevedo, Tonelero, San Lorenzo y el Quebracho; y en todas estas batallas su figura se destacó por los alientos poderosos con que imprimió heroísmo a la acción de los combatientes, y por los nobles entusiasmos con que ofrecía su vida a la bandera azul y blanca de los argentinos.

 

En su clase de coronel comandó la barca Julio en 1852 y en el año siguiente, comandó como jefe la artillería del ejército con que el general Hilario Lagos asedió la ciudad de Buenos Aires.

 

Producidos los hechos que determinaron la separación de esta provincia de las demás argentinas, el coronel Thorne no quiso tomar armas en la lucha civil que se subsiguió.

 

Pobre, cubierto de cicatrices y de gloria, empezó a ganarse el sustento con su trabajo; que parece fuese esta la última prueba a que son sometidos los que en los mejores años de su vida no se dieron tiempo a pensar en sí mismos, porque vivieron del pensamiento en la patria a la cual vincularon su nombre.

 

La patria, o más propiamente, los gobiernos que siguieron, pagando tributo a los rencores tradicionales que tantas fuerzas malgastan y tantas injusticias perpetúan, fueron ingratos con el veterano inválido y casi indigente. Hasta su grado, conquistado en un campo de batalla le desconocieron, y fue necesario que al correr del tiempo se sustituyeran a otros hombres para que le concedieran la mísera asignación correspondiente a teniente coronel de inválidos.

 

Thorne nunca se quejó. Su corazón de oro solía conmoverse cuando, por motivos militares o por informes que de él solicitaban, traía al recuerdo algunos hechos de armas que como Obligado, San Lorenzo y Quebracho lo llenaban de nobilísimo orgullo. Entonces, ya anciano, asomaban dos lágrimas a sus ojos. Eran lágrimas de un héroe empujadas por la sencillez de un niño.

 

La muerte le sobrevino el 1º de agosto de 1885. Hoy hace de esto 127 años. Murió como un justo, sus hijos le cerraron piadosos los ojos, y tuvo amigos que lloraron sobre su tumba. En recompensa a sus méritos, el gobierno argentino dio el nombre de Thorne a una de las torpederas de la armada nacional.

 

Armando Maronese

 

Fuente: Historia de la Confederación Argentina


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