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En la crisis de la crisis: la disponibilidad

Por Armando Maronese - 20 de Junio, 2012, 19:44, Categoría: Opinión

Dentro del estado de crisis general en el que vivimos, hablar de la "crisis de valores" como una de sus causas y emergentes, ya se hizo un lugar común. Tan común, que hasta la misma "crisis de valores" parece estar en crisis.

Y no es sólo un juego de palabras. Es que ya es difícil distinguir dónde está el conflicto: si lo que está en crisis es la llamada "escala de valores", o si son los valores mismos los que entraron en crisis.

¡Santa encrucijada!, diría el joven maravilla... Nos encontramos, ante una crisis de la crisis. Y ejemplos hay a montones. Pero por ahora, con uno solo nos alcanza.

Disponibilidad y Organización - Toda crisis nos desorienta y desestructura. Para hacerle frente nada mejor que estar organizados.

Vivimos en tiempos de demandas y exigencias desmedidas; en días de veinticuatro horas que necesitarían tener treinta y seis. En este entorno, resulta que la organización (personal, familiar, laboral...) se hace imprescindible. "La organización vence al tiempo". Y aunque en realidad el tiempo sea invencible, no hay mejor forma de aprovecharlo que con una adecuada organización.

Por eso - y para eso - se inventaron las agendas, los organigramas, las planificaciones y un variadísimo instrumental logístico que permite adecuar el duro binomio de los tiempos y las exigencias. Porque es ahí donde se juega gran parte de nuestras vidas: en la lucha cruel de tener más exigencias que tiempo para cumplirlas.

Tan importante es la organización, que cuando creemos haberla conseguido nos sentimos satisfechos y hasta orgullosos por ese logro. Sin embargo, he ahí un claro ejemplo de la crisis de la crisis: ¿Cómo se puede estar disponible, teniendo todo previsto y organizado? ¿En qué columna de la planificación metemos a la disponibilidad?

Supongamos que a una organizada madre de familia, ama de casa y empleada en cualquier otro trabajo, le quedan los martes de 14 a 16 hs para hacer las compras de la semana. Supongamos también, que a las 13,55 hs de un día martes, se le aparece una amiga para contarle sus problemas buscando un hombro donde llorar ¿Qué hace esta organizada y laboriosa mujer? ¿Ejercita el valor de la disponibilidad o deja a su familia sin comida? Sigamos.

Disponibilidad y Certezas - Si hay algo que se diluye en los tiempos de crisis, eso son las certezas. Cuando las crisis arrecian, aparecen las dudas, los "me parece", los "no estoy seguro", los "qué se yo".

En tiempos de crisis, entonces, reivindicar las certezas es una honrosa y necesaria misión. Hace falta tener cosas claras para trasmitir, verdades indubitables para pregonar, precisiones que no se resquebrajen en el tembladeral de las confusiones y, en especial, demostrar que toda pregunta tiene su respuesta.

Toda buena persona, por consiguiente, cuando las crisis avanzan sugiriendo idearios nuevos y desconocidos, debe estructurarse convenientemente, asegurar sus convicciones y abroquelarse en prácticas de tradicional valía ¿Para qué aventurarse a reflexiones extrañas, muy probablemente infectadas por los relativismos propios de toda crisis? Más razonable resulta el aferrarse a lo conocido, a la autoridad, a los fundamentos: conservar lo sagrado en sus formas más puras.

Esa es la lógica del hombre sabio, la del que conoce el valor de la prudencia. Sin embargo, la crisis de la crisis reitera su irrupción: ¿Cómo se hace para estar disponible a las mociones del Espíritu - siempre nuevas-, si nos parapetamos en lo antiguo para conservar las certezas? Aquí la paradoja se hace patente: para cumplir, nos negamos a escuchar lo bueno y razonable. Y no sólo eso, exigimos silencio. No vaya a ser que nos propongan entrar en diálogo con los gestores de la crisis.

Disponibilidad y Desafíos - Si nunca fue fácil estar disponible, parece que en estos tiempos lo es menos todavía. Pero como ocurre casi siempre, lo más difícil es lo más necesario. Se impone, no hay dudas, ejercitarse en la disponibilidad, en la apertura a lo no previsto y en la sensibilidad para auscultar los rumores de la historia.

Estar disponible, es perderle el miedo a lo desconocido y romper el candado de las seguridades que inmovilizan. No es estar a la deriva, ni relativizar toda certeza. Es aceptar que la vida no puede encorsetarse, que no hay organigrama que pueda sujetarla, que una misma verdad puede contener otras verdades.

La disponibilidad incluye a la tolerancia. Pero no sólo como mecanismo para evitar confrontaciones. Especialmente para descubrir lo valioso que puede existir en lo distinto, en lo inconsiderado y hasta en aquello que nos resulta inoportuno.

Para cada uno de nosotros y todos en su conjunto, surge la misma disyuntiva: asirnos temerosamente a la pulcritud organizativa, a las superestructuras prefabricadas y a las certezas conservadas en las cebollas de Egipto, o aceptar los desafíos que surgen de la disponibilidad.

No está mal organizarse, ni es malo tener certezas. Todo lo contrario. Lo que daña hasta los tuétanos es la esclavitud a las estructuras, sean organizativas o conceptuales. Aunque en ocasiones, parezcan muy santas.

Finalmente, también en esto los humildes de corazón despliegan su sabiduría. No suelen tener agendas ni demasiadas planificaciones: están disponibles al afán de cada día. No tienen muchas certezas, con dos o tres les alcanza: que alguien los ama, que para ser feliz hay que poner el lomo en la parrilla de la vida y que cada día se aprende algo nuevo, algo distinto, algo que sorprende.

Por Armando Maronese

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