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Un país sin confianza, sin crédito

Por Armando Maronese - 9 de Abril, 2012, 1:34, Categoría: Opinión

Resulta difícil entender, que el gobierno haya tenido que extremar los controles cambiarios y extendido el cepo a las importaciones en un momento en que la soja (el principal producto de exportación argentino), se ubica en más de 500 dólares la tonelada y las tasas de interés se mantienen en niveles históricamente bajos en el mundo.

Es todavía más extraño, que prácticamente todos los países de la región atraviesen situaciones opuestas. Salvo Venezuela, todos deben hacer grandes esfuerzos para que el ingreso de capitales no aprecie en forma exagerada el tipo de cambio, y evitar así perder competitividad. Tienen, por lo tanto, el problema opuesto a la Argentina, que no sólo no puede atraer fondos extranjeros, sino que debe maximizar esfuerzos para que no siga saliendo dinero (de extranjeros, pero también de argentinos).

También llama la atención que el país atraviese semejante zozobra luego de varios años de alto crecimiento, incluyendo una fuerte recuperación en los dos años posteriores a 2009, tras la caída de Lehman Brothers. Al revés de lo que podría esperarse, esa expansión económica estuvo lejos de generar más inversión. A lo sumo el incremento que se registró en los últimos años, fue producto de la reinversión de utilidades en sectores muy específicos (como la industria automotriz) y del boom de la construcción, impulsada especialmente por inversores que no encuentran ni en los bancos ni en el mercado de capitales, una vía adecuada para canalizar su ahorro.

La falta de inversión y la salida de capitales, que llegó a 70.000 millones de dólares durante el primer gobierno de Cristina Kirchner, tiene una sola explicación: la falta de confianza en la política económica. La suba del consumo y la creación de empleo, no fue suficiente para revertir una tendencia histórica a ahorrar en otra moneda como el dólar, un fenómeno que no se registra en ningún otro país latinoamericano (nuevamente con la excepción de Venezuela).

La manipulación de los datos de inflación que publica el INDEC, fue el punto de partida para esta desconfianza creciente. Si el gobierno no se preocupa por el aumento de los precios y prefiere maquillar las estadísticas, es imposible que el público confíe en la moneda propia, más allá de que el contexto local y también internacional jueguen a favor. La salida más lógica, en esta situación, es dolarizar las ganancias obtenidas o lo que se pueda ahorrar del sueldo.

Pero luego llegaron otras medidas que fueron erosionando la confianza, como la estatización de las AFJP, el uso de las reservas para pagar la deuda y ahora la ofensiva contra empresas emblemáticas como YPF. A eso se sumaron las restricciones de los últimos meses, por ejemplo la prohibición para que las empresas giren utilidades al exterior (ya que esto incrementaría la demanda de dólares). El abuso de medidas arbitrarias para "administrar" el comercio exterior no sólo viene afectando a la actividad local, sino que además generó recientemente la reacción de un elevado número de países.

Ese alto nivel de desconfianza en la política económica, se manifiesta en otro fenómeno cada vez más notorio: la ausencia absoluta de crédito para la Argentina. Salvo algunas líneas puntuales de organismos multilaterales (como el BID o el Banco Mundial), hoy el país se encuentra fuera del mapa crediticio.

Y esto va mucho más allá de la tan promocionada "política de desendeudamiento" que Cristina Fernández se encarga de reiterar cada vez que aparece públicamente. Más allá de lo que decide el gobierno nacional, hoy ni las provincias, ni las empresas, ni los bancos están en condiciones de colocar deuda en el exterior. El motivo es que las tasas son demasiado elevadas, aun para empresas de primerísima línea que exportan a distintos mercados y que nunca tuvieron problemas para cumplir con sus compromisos (incluyendo el "stress" crediticio que se vivió en la crisis de 2002).

No es que los inversores extranjeros le hayan perdido la confianza a determinadas empresas argentinas. Sucede, sin embargo, que no están seguros de que en el futuro el gobierno también les imponga restricciones para girar divisas al exterior para pagar vencimientos de deuda. Hasta ahora, sin embargo, esos pagos se estuvieron efectuando con normalidad, ya que lo contrario condenaría a muchos emisores de deuda al default inmediato.

Un país con empresas que no pueden acceder al financiamiento de largo plazo, tiene grandes restricciones para seguir creciendo. Esos fondos que llegan del exterior, son claves para poder invertir a largo plazo y con tasas bajas de interés. Esto es lo que están aprovechando las grandes corporaciones de la región. Empresas de Perú, Colombia, Chile y, por supuesto, Brasil, consiguen dólares a 20 años de plazo a tasas que no superan el 5% anual. La ventaja que le sacan a las compañías argentinas del mismo rubro es, por lo tanto, sideral.

Esta ausencia del crédito, que se hizo mucho más notoria desde el arranque de 2012, es un enorme escollo que tiene por delante el país. La confianza de los inversores se pierde rápido, pero se vuelve muy difícil de recuperar, sobre todo si se insiste con políticas que lucen como "exóticas" para la comunidad financiera internacional.

La propia presidente reconoció que la decadencia ferroviaria se explica, al menos en parte, por los grandes créditos que serían necesarios para dejar atrás décadas de desinversión. Pero al mismo tiempo, tuvo que admitir que el país no tiene acceso a ese financiamiento. Lo mismo sucede con la industria petrolera: por más que se avance con la reestatización de YPF o que el Estado se haga cargo de la explotación de determinadas áreas productivas, sin financiamiento de largo plazo será muy poco lo que se podrá lograr.

La ausencia de crédito, que es la ausencia de confianza, es indudablemente uno de los grandes escollos que deberá enfrentar el país en los próximos años, para no quedar insólitamente retrasado en el mapa regional.

Por Armando Maronese
 

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