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La vicepresidencia, un karma del peronismo

Por Pepe Eliaschev - 8 de Abril, 2012, 18:52, Categoría: Política - Políticos

La Argentina tiene una larga experiencia en lo relativo a las frustraciones políticas y los severos traspiés institucionales de sus vicepresidentes. Desde fines de los años '40 hasta hoy, haciendo la salvedad de los regímenes de facto, los gobiernos de base legal han sido casi uniformemente autores de espinosos fracasos en el sitial de la vicepresidencia. El caso actual de Amado Boudou (Buenos Aires, 1963) no es el primero, pero es el episodio que ahora mismo, más allá de las intenciones de Cristina Fernández, perturba enormemente un mandato de cuatro años que sólo lleva transcurridos menos de 120 días.

En términos formales el caso Boudou pone a la Argentina ante un riesgo muy severo, imposible de menoscabar. Segundo cargo de la jerarquía institucional, su eventual corrimiento por eventualidades políticas o judiciales, pondría al presidente de la Cámara de Diputados Julián Andrés Domínguez (Chacabuco, 1963), en la situación de vicepresidente de hecho. Si el Vicepresidente continúa en su desbocada campaña de ataques a los jueces, al periodismo y al gobernador Daniel Scioli, cabría entrever el más desolador de los desenlaces. Pero algo es hoy indisputable: políticamente Boudou es hoy, ya, un fantasma de lo que era el 10 de diciembre. Sus magulladuras son demasiado ostensibles.

Antecedentes - Juan Hortensio Quijano (Curuzú Cuatiá, 1884) fue vicepresidente de Juan Perón de 1946 a 1952; reelecto para el cargo en los comicios de 1951, al quedar bloqueada la candidatura de María Eva Duarte de Perón. Quijano (que provenía del radicalismo correntino y se había pasado al peronismo), no pudo reasumir porque falleció el 3 de abril de 1952. Perón gobernó sin vicepresidente -y viudo- hasta 1954, cuando unas elecciones especiales consagraron en el cargo al almirante Alberto Tessaire (Mendoza, 1891), cuyo mandato duró sólo 16 meses porque en septiembre de 1955 el régimen de Perón fue derrocado por el movimiento cívico-militar conocido como Revolución Libertadora.

Ya en los años '60 el gobierno del radical intransigente Arturo Frondizi que había asumido el 1º de mayo de 1958, se desprendió de Alejandro Gómez (Berabevú, Santa Fe, 1908) el 18 de noviembre de ese mismo año, cuando este 25º presidente en la historia argentina renunció a su cargo. En el breve y frustrado período democrático de la recordada presidencia del Dr. Arturo U. Illia (del 12 de octubre de 1963 hasta el golpe sindical-militar del 28 de junio de 1966),no hubo ningún problema en este nivel y Carlos Humberto Perette (Paraná, 1915) cumplió con su mandato sin alteraciones.

Imposiciones - De regreso a las cadencias electorales, el vicepresidente Vicente Solano Lima (San Nicolás de los Arroyos, 1901) es desplazado del cargo, junto al presidente Héctor J. Cámpora, el 13 de julio de 1973. En esa etapa, los gobiernos peronistas no se andan con menudencias; para facilitar la llegada a la presidencia del titular de la Cámara de Diputados Raúl Alberto Lastiri, yerno de José López Rega, el líder se aleja del país en una "misión" a Argelia absolutamente pergeñada al presidente provisional del Senado, Alejandro Díaz Bialet, que no pertenecía al círculo íntimo de Perón. Removidos Solano Lima primero, y Díaz Bialet después, Perón le entrega el cargo a López Rega, que designa a su hijo político. Las elecciones del 25 de septiembre de 1973, llevan a la vicepresidencia a la mujer de Perón, María Estela Martínez (La Rioja, 1931). Muerto Perón el 1º de julio de 1974, la señora de Perón permanece como presidente hasta su remoción, el 24 de marzo de 1976.

Al igual que lo sucedido con el Dr. Illia, el presidente Raúl Alfonsín gobernó desde el 10 de diciembre de 1983 al 8 de julio de 1989, sin percances con el mismo vicepresidente Víctor Hipólito Martínez (Córdoba, 1924).

Con el regreso del peronismo al poder en 1989, se reanuda el ciclo de alteraciones. El vicepresidente Eduardo A. Duhalde (Lomas de Zamora, 1941), renuncia el 05 de diciembre de 1991 y el 11 de diciembre de ese mismo año asume como gobernador electo de la provincia de Buenos Aires. Menem gobernará sin vicepresidente hasta 1995, cuando es electo para ese cargo Carlos Federico Ruckauf (Ramos Mejía, 1944), que permanece sin novedad hasta el fin del mandato, en 1999.

Turbulencias - El vicepresidente que asume el 10 de diciembre de 1999 como segundo de Fernando de la Rúa, es Carlos Alberto "Chacho" Alvarez (Buenos Aires, 1948), un hombre proveniente del peronismo al que representó como diputado nacional. Alvarez renuncia el 6 de octubre de 2000, sin cumplir ocho meses como vicepresidente y De la Rúa se queda sin acompañante hasta su renuncia, el 20 de diciembre de 2001. Duhalde gobierna también sin vicepresidente hasta el 25 de mayo de 2003, cuando Daniel Osvaldo Scioli (Buenos Aires, 1957), asume como vice de Néstor Kirchner. Scioli ocupa el cargo hasta 2007 pero en visible y explícito ostracismo con el matrimonio presidencial, que lo margina completamente de las decisiones estratégicas.

No le va mejor, sino incluso peor, al ingeniero Julio César Cleto Cobos (Godoy Cruz, Mendoza, 1955), que ocupa formalmente el cargo desde diciembre de 2007 hasta diciembre de 2011, pero literalmente confinado y vituperado por su propio gobierno desde que en julio de 2008 no acompaña, con su famoso voto "no positivo", la posición de Cristina Fernández en el Senado y queda congelado, sin perdón ni amnistía durante tres años, uno de los casos de vendetta política más absoluta que se recuerda. No renuncia, pero Cobos queda en condición de "muñeco de torta", vaciado de todo papel institucional relevante.

Si a Scioli lo puso como vicepresidente Duhalde y a Cobos lo catapultó Néstor Kirchner, a Boudou lo llevó de la mano al cargo, ella sola y sin socios, la propia Presidente. Una desgracia judicial y política de Boudou como la que se viene incubando a pasos agigantados, sería un contraste indigerible para este gobierno, cuya supremacía en el Congreso y en el territorio nacional, lo blinda como nunca antes lo estuvo una gestión surgida de elecciones. Pero la genealogía política del peronismo en sus casi 67 años de vida revela que el ejercicio de la conducción y la noción de implacable verticalidad son cuestiones de inexorable aplicación.

Genealogías- Lo que se vivió con Tessaire en 1955 (ya enfrentado a Perón), con Solano Lima en 1973 (marginado por Perón), con Duhalde en 1991 (alejado de Menem), con Scioli (distanciado de Kirchner) desde 2003 y con Cobos (enfrentado con Cristina Fernández) en 2008, revela que la actitud del poder peronista hacia las estructuras constitucionales es, por lo menos, muy dependiente de la práctica concreta e inapelable de la conducción. No se toca sólo lo que no se vive como amenaza o rivalidad; pero no se tolera lo que no se disciplina en condiciones de vasallaje. Boudou es, en este sentido, un vicepresidente peronista que no intimida al poder presidencial desde su propio proyecto (a estas alturas inexistente), pero complica -por el contrario- porque su hipotético derrumbe político tras una investigación judicial, sería un costo casi indigerible para su creadora y referente, la señora de Kirchner.

Claro que todo este recorrido histórico sirve para acreditar que, a la hora de seleccionar recursos humanos para un cargo tan delicado, sería ya indispensable que se aplicaran criterios rigurosos de control de calidad, aptitud intelectual y decencia personal. Al menos y aunque más no sea, para evitar en el futuro amargas sorpresas y turbulencias como ésta, que recién han comenzado y, ciertamente, no aflojará enseguida porque la cascada de jaquecas para el Ejecutivo seguirá derramando dolores.
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por Pepe Eliaschev

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