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¿Los viejos no deben enamorarse? Mentes de antes y de ahora

Por Armando Maronese - 4 de Mayo, 2009, 1:39, Categoría: Opinión

La obra del autor teatral Alfonso R. Castelao, "Los viejos no deben enamorarse", refleja cuál era la valoración en su tiempo de la sexualidad con el amor o sin él, en las personas añosas. La rotunda afirmación de Castelao en su creación teatral, responde sin duda a las afirmaciones sociales y "científicas" de su tiempo. Tengamos en cuenta, que en esa época se llamaba viejos o añosos, a las personas que hoy en día tienen arriba de los cincuenta y cinco años.

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Con todo respeto a su memoria y admiración a su personalidad como artista, en pasada ocasión del aniversario de su estreno, motiva esta revisión de cómo ha evolucionado la apreciación, valoración y permisividad de la sexualidad en los hombres de edad casi madura.

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Hoy en la senectud, las limitaciones las impone la mala salud o la falta de oportunidades por soledad o pobreza. Una sociedad más tolerante, la actual reconoce que los viejos pueden enamorarse si tienen oportunidades y lo desean. Yo no los llamaría viejos, sino adultos.

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Ya antes de la era cristiana Horacio escribía, que "el amor huye de la vejez" …" ni mujer, ni adolescente, ni crédula esperanza de mutuo amor me agradan ya en la senectud".

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Cicerón, 40 años antes de Cristo, a pesar de ser el primer gerontólogo optimista no animaba nada a los goces sexuales a los mayores de su tiempo, aunque él cambió de mujer después de los sesenta años, edad que en tiempos de Roma, representaban tanto o más que los 80 hoy. Desanima a los ancianos Cicerón, en su famoso libro "De Senectute", a insistir en la búsqueda de placeres eróticos, diciéndoles que era más agradable en la vejez, la carencia de ellos que el disfrute de los mismos.

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En la Edad Media, en el Corvacho del Arcipreste de Talavera, Alfonso Martínez de Toledo llama "podridos de la carne" a los ancianos enamoradizos. Sin embargo, las páginas de "la Celestina" son más tolerantes y estimulantes para los viejos, con sus frases de doble intención.

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En la poesía satírica de Quevedo se repiten las más duras frases contra las mujeres ancianas enamoradas, que se resumen en su "Epistalamio en las bodas de una viejísima viuda con cien ducados de dote", en el que califica a la boda de funeral, "casamiento de chiste", etc..

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En el siglo XVI, Fray Antonio de Guevara, obispo de Mondoñedo, en carta a un viejo comendador enamorado le dice: "a los viejos que se dicen morir de amores, como usted les llamó resquebradajos, mal hadados y pobladores de sepulturas". Sin embargo, en párrafos de sus sermones reconoce que había muchos "viejos verdes, lúbricos, polidos y requebrados... que, a hurtadillas de sus mujeres, les dicen requiebros a las mozas, a las criadas de la casa y aún les dan celos a los mozos…" A ellos les aconsejaba abstinencia, rezos, sosiegos y reposo.

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En el siglo XVIII, médicos prestigiosos como Sanctorius, escribían que la actividad sexual en la vejez era una enfermedad contra natura y quienes se empeñaban en ella alcanzaban pronto la muerte.

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El refranero resume en pocas palabras el sentir popular oficial de las generaciones que nos precedieron. He aquí algunos ejemplos del mismo: 

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Las mujeres y las gaviotas, mientras más viejas, más locas.

Dios nos guarde de aire de calleja y de amor de una vieja.

Ofrecer a Venus de viejo, es cumplir mal y arriesgado el pellejo.

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El contenido de los refranes se reflejaba en la costumbre de "la cencerrada" a que se sometía a la pareja mayor que contraía matrimonio a la cual, en su noche de boda, se la hacia escuchar ruidos desagradables producidos por cencerros, cuernos y otros objetos como burla a su decisión.

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Si antaño era mal visto socialmente amar de mayor, enamorarse de mujer más joven era correr el riesgo, casi seguro de infidelidad de la pareja, lo que era motivo de burlas y chistes, como los que expresa en sus dos dibujos Castelao, el cual siguiendo la corriente a la opinión popular de su tiempo escribe: "los amores tardíos de ellas suelen andar siempre aparejados con la muerte, perdiendo la vida ellos, los que se dejan fastidiar por viejas indecentes".

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Los matrimonios entre parejas desiguales en edad, sobre todo cuando el mayor es él, difícilmente eran aceptados socialmente como resultado de las "flechas de Cupido", así en 1956 escribía en el libro de Geriatría de Stiglitz, el profesor de Psicología del Tull Collega: A Warren Steram: "cuando un viejo se casa con una joven, lo que desea es un juguete, satisfacer un capricho o hallar quien le cuide…" En numerosas obras literarias, teatrales sobre todo, es frecuente narrar historias de infidelidad de ellas.

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Opiniones científicas - Aunque Galeno había escrito que "los testículos son para el varón tan preciosos como el corazón, pues si éste es imprescindible para vivir, aquellos lo son para vivir mejor…", sus colegas sucesores en su oficio en los siglos siguientes hasta hace menos de cincuenta años, proclamaban "ideas científicas" poco coincidentes con las actuales que sustentan los médicos geriatras, sexólogos, etc., de hoy.

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Johan Van Beverwich, médico y político holandés, hacia suyos unos versos del poeta Jacob Cats en los que éste decía: " si uno es calvo y de cabellos canosos, son una tontería los tratos amorosos".

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Robert Burton en su "Anatomía de la melancolía", llama "carcamales aquerónticos" a los ancianos que con un pie en la sepultura, suspiran por una buena moza, de los cuales evidentemente reconoce que excepcionalmente algunos con 80 años se comportan igual que los de 30, pues el fuego del amor derrite sus afectos congelados para amar intensamente.

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El mundo islámico y oriental, al contrario del cristiano occidental, fue estimulador de la actividad sexual de sus mayores, para los que la moral "sexi" era favorecedora del mantenimiento de sus posibilidades amatorias.

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Contra lo sustentado por los médicos que recomendaron prácticas "sunamíticas", convivencia incluso íntima con mujeres jóvenes, como Herman Boerhave (1668-1738) y Sydeham, que decían que el aliento de las jóvenes próximas trasmitía vitalidad a los ancianos, idea compartida por el religioso Bacon. En 1940 Paul Carton, médico que gozaba de cierto prestigio en París escribía en su "Guide de la vieillesse", que la excitación sexual disminuye la vitalidad, teniendo resultados funestos los matrimonios de viejos con jóvenes.

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En varios de sus discursos el prestigioso profesor D. Gregorio Marañón, uno de los fundadores de la Sociedad Española de Gerontología y Geriatría, de la que fue presidente de honor, se ocupa del tema de la actividad sexual de los ancianos. Así en 1943, antes de la obra citada de Castelao escribe sobre "los viejos verdes", cuya conducta trata de explicar por el miedo tardío a la soledad, que es la que les lleva a buscar la necesidad de una compañía entrañable, necesidad que se le hace imperiosa… y "el viejo verde busca donde puede su remedio".

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En su discurso de clausura del I Congreso Español de Geriatría celebrado en Barcelona, en junio de 1950, que tituló "Climaterio y senilidad" dijo entre otras cosas: "… los viejos verdes muestran de modo patente y escandaloso las miserias de la decrepitud, ya que los que se resisten al indefectible declinar, exhiben una caricatura de su miseria… No sólo se trata de un problema de estética sexual sino de un fondo de inmoralidad, porque en amor es inmoral todo lo que no es bello".

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Se trata, dice después Marañón, de un problema médico, ya que la extinción de una actividad de lujo, como es la sexual, supone siempre una previsión de la Naturaleza que trata de ahorrar vitalidad, siendo un error gravísimo llevar la contraria a la Naturaleza. Por ello digo a mis discípulos, recalcaba D. Gregorio Marañón, que las insuficiencias gonodales ováricas o testiculares se deben respetar, siendo las más respetables las involutivas, pues el organismo trata de ahorrar vitalidad paras hacer más largo aunque triste el ocaso…  Expuso su disconformidad especialmente con los que tratan de evitar la declinación con drogas o injertos. ¡Cuál sería su asombro hoy en día ante las ofertas y aplicaciones de Viagra o similares, él que estuvo contrario a los injertos, trasplantes hormonales y Yohimbina de su tiempo!

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El profesor Marañón dijo en su parlamento magistral en la clausura del citado I Congreso Español de Geriatría: "Actitud fundamental del geriatra será no intentar combatir la declinación sexual, con la vana pretensión de suprimir un climaterio y retardar la vejez inevitable, sino al contrario debe dejar que las hojas secas caigan normalmente al suelo y conserven un excepcional verdor; tratar delicadamente que ese tesoro residual se administre con parsimonia y sin petulancia.

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No es de sorprender que ante las enseñanzas de los maestros de la Medicina de su tiempo, en los años 50, Castelao afirmase rotundamente "¡Los viejos no deben de enamorarse!" Y que en su artimaña escenográfica en la que se trata de tres viejos que juegan al amor, encuentren por imprudencia la muerte, según las creencias de su tiempo por casar con mujer moza. Así el anciano boticario se suicida envenenándose, D. Ramón muere alcoholizado y Fuco el labrador rico que se casa ya viejo, muere harto y feliz, pero eso sí, engañado.

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Castelao con visión pesimista de la vejez, realidad más dura en su tiempo que en el actual, dibuja lo ingrato de ella como la evolución degradante de una mujer que volvía locos a los hombres de su juventud.

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Problemas de amor - Como el enamorarse lleva consigo el empuje de la líbido los deseos eróticos y los problemas sexuales en la mayoría de los casos, veamos cuales son las dificultades que aprecian actualmente los expertos según sus recientes publicaciones.

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La generación actual de mayores, nacidos en el primer tercio del siglo XX, careció de educación sexual viviendo su juventud en una sociedad muy represiva de todo lo erótico y restrictiva en cuanto a los aparejamientos, más aún en personas de edad, muy mal vistos. Por ello, esa generación aunque con experiencias desiguales, según ambientes sociales y oportunidades, la mayoría dicen haber tenido una experiencia sexual pobre y no muy satisfactoria, especialmente las mujeres.

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En los últimos veinte años las condiciones económicas, calidad de vida y de las viviendas han mejorado, repercutiendo indirectamente en las posibilidades de crear mejores hábitatos y ambientes psicosociales para establecer lazos amorosos entre mayores. No obstante si tenemos en cuenta el elevado porcentaje de mayores que viven solos, más del 20%, especialmente solteras y viudas, se puede deducir la cuantía del problema de falta de pareja, de amor y de oportunidad de relaciones sexuales en una gran mayoría.

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La mujer añosa hoy sigue siendo la más discriminada en cuanto a poder crear y tener relaciones amorosas. Primero porque ellas, viudas y solteras, son más numerosas y su imagen corporal por el paso de los años les afecta más, aunque el cuerpo viejo pueda dar y recibir placer al igual que uno joven. Además, las mujeres mayores a diferencia de las de la nueva generación que les sigue, toman menos la iniciativa en lo erótico, aunque se aprecia el inicio de un cambio en los últimos años. Eso se ve en muchos lados, como en la calle, en los avisos de buscar pareja o amistades, en los clubes sociales al efecto, etc.

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Como muchas funciones del cuerpo y sus relaciones con los otros cambian con la edad, el amor y la sexualidad en la vejez son diferentes. No tanto en el hombre, pero sí más en la mujer. Saberse adaptar a los cambios es la clave de una vejez activa en lo sexual y satisfactoria.

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¿Los viejos no pueden enamorarse? La vejez con amor, con el cónyuge o amantes, en su caso, es más humana y llevadera, adaptándose a las limitaciones y circunstancias que imponen los muchos años.

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Armando Maronese

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Fuente: Red Médical

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