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La mujer y su identidad

Por Armando Maronese - 17 de Diciembre, 2008, 18:59, Categoría: Opinión

De cómo la construcción del "yo íntimo", genera un verdadero sentido de identidad en la mujer.

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"La humanidad posee dos alas: una es la mujer, la otra es el hombre. Hasta que las dos alas no estén igualmente desarrolladas, la humanidad no podrá volar. Necesitamos una nueva humanidad, necesitamos volar. Ahora más que nunca la causa de la mujer es la causa de toda la humanidad"

B. Boutros Ghali

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Muchas veces, se olvida que el mayor triunfo y éxito de la mujer, es ser esencialmente mujer, sin rechazar s naturaleza. La mujer sin el afán de encabezar un falso protagonismo, es sin duda pieza clave en la sociedad y en la humanidad misma: es ella quien proporciona la vida al ser humano con la maravilla de ser madre y participa de la creación conjuntamente con el hombre, quien es colaborador esencial en esta co-creación. La cultura a lo largo de la historia, ha desfavorecido a la mujer en ocasiones o se las ha creído inferiores al sexo opuesto y ahora la mujer debe encontrar el camino que la lleve a su verdadera identidad que todavía, en lo general, está lejos de encajar en las categorías sociales.

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Se exigía y se exige demostrar que ambos sexos tienen la misma dignidad por el hecho de ser personas, ambos tienen el mismo significado de seres espirituales, racionales, con inteligencia, voluntad y libertad. La diferencia está en la parte externa, en el cuerpo, el cual no hace a uno mejor que el otro, simplemente esta diferencia los hace complementarios. Y al decir que hombre y mujer se complementan, se quiere también decir que ambos aportan cosas diferentes a la vida pero las dos igualmente importantes.

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Es absurdo pretender hacer de la mujer una copia del hombre. Es absurda la lucha por buscar la igualdad de la mujer en un sentido estrictamente cultural, sin tomar en cuenta su naturaleza y el fin para la que ésta fue creada. Todo aquello que se deriva de la lucha de cierto feminismo, está muy lejos de dar a la mujer y de reconocer en ella su dignidad y su papel humanizador dentro de la sociedad; está muy lejos de darle a la mujer una verdadera satisfacción.

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El ser mujer no está peleado con el hecho de ser profesionalmente grande o exitosa. La mujer ha dejado que su identidad se vea afectada por aspectos socioculturales que han estancado su progreso en la sociedad, y que han limitado su papel a una figura pasiva, y por ello es necesario que ellas tomen una nueva visión que rompa con los estereotipos sociales, para que las mujeres dejen de construir su autonconcepto a la luz de las teorías sociales -estereotipos o exigencias de la familia-, sino en base a su propio potencial humano. Es por eso que se ve como necesario un replanteamiento de su identidad, partiendo del "yo intimo"; de todos esos aspectos personales, motivaciones, deseos, sentimientos que potencialicen los recursos internos y produzcan la afirmación de la mujer como sujeto social con papeles protagónicos en la historia y en los procesos sociales de construcción.

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Es necesario entender, que hoy la crisis de la identidad de la mujer ha implicado la crisis de la familia.  La institución familiar está sometida en las sociedades a una profunda transformación. Se espera que en ésta prevalezca la importancia de la familia natural como base de la sociedad, que la mujer sea reconocida, fortalecida y enaltecida por las empresas y el Estado, para que otorguen su aceptación con sus características y necesidades específicas y no como burda imitación del varón. Solo se resolverá satisfactoriamente la crisis cuando la mujer recupere su propia identidad, por ello la identidad en la mujer no es sólo de mujeres, sino un asunto que involucra toda la sociedad. "La Mujer ya no está dispuesta a ser ciudadana de segundo rango, una vez que decide luchar por una nueva identidad individual y colectiva".

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La mujer a través de los tiempos, ha construido ella misma su concepto en una simbiosis que ha traspasado sociedades y culturas. La mujer ha sido símbolo de lo que se ha entendido por ser mujer, por lo femenino; aquellas que han transcendido estos límites, han sido consideradas como el prototipo de lo que las "buenas mujeres" no deben ser, ni hacer.

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Las mujeres se han sostenido al través del tiempo; teniendo que ser lo que el tiempo les ha marcado. No pueden desligarse de su condición de lo femenino, y en si ¿Qué es lo femenino? No se puede dar una sola definición, porque  podemos mirar de diferentes visiones: desde el hombre machista, desde la mujer feminista, desde la religión, desde la ley y la política, desde la historia, la antropología, desde la psicología, desde las estadísticas, desde los valores y la moral, desde la hermenéutica análoga neobarroca, desde lo estético, desde la indolencia. Como se puede ver hay muchas maneras de entender lo  femenino.

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Por  eso se sostiene, que lo femenino no se lo puede encerrar en una sola posibilidad de interpretación. Si se hiciera se correría el peligro de mutilar las otras posibilidades de análisis. Lo femenino es cuestión de cada tiempo y cultura, más allá de las ideologías, aunque no por ello se deja de reconocer que hay algunas constantes que se repitan en una y otras sociedades. Estas constantes son propias de la mujer o les han sido impuestas por los hombres que las han mantenido en sujeción. Y para mirar si son propias, habría que definir el por qué  les son propias, que se quiere decir o significar con ello, y en este sentido se observa como ha sido el desarrollo de la mujer. No hay mujer, sino mujeres reales y concretas que existen en sí, para sí y para las demás desde su posición de seres sometidas pero que pueden y deben dejar de serlo. Entonces, no se podría generalizar sobre el sometimiento de todas las mujeres de igual manera y en las mismas condiciones, pues también ha habido mujeres que han sometido a miles de hombres. Se tiene por caso a las reinas o a las amantes de los hombres poderosos que, haciendo uso de esta posición, impusieron su voluntad y sus caprichos. Pero, aún así, aunque las mujeres tuvieran una posición privilegiada con respecto a otros seres humanos, vivían bajo el sometimiento de la fuerza de la costumbre y la cultura. Es decir, no es fácil escapar a su tiempo y las consecuencias que éste trae consigo. Las reinas tenían poder, pero vivían de acuerdo a los conceptos que las mantenían a raya, es decir, hacían lo que les era «propio de su sexo», excepto claro, el gobernar.

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Pero ¿Qué pasaba con las mujeres más humanas, las que estaban en los límites de la existencia dura y alienando? Vivir, sobrevivir, insistir en existir, esa era y es el constante; el camino y el fin de toda mujer que se asuma en su existencia dentro de una realidad que la ha sido impuesta. No importa que para ello tenga que transgredir el icono que le han endilgado, no importa que a veces sea diosa y otras veces prostituta; algunas veces madre y esposa y otras veces amante.

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¿Cómo se podrían aplicar estos razonamientos en nuestra época? ¿Han cambiado las cosas? ¿Son otras las circunstancias? ¿Ahora se entiende que ya no hay «la mujer», sino «las mujeres», y que esta diferenciación les permite de manera real ser diferentes unas de otras en cualquier condición tanto social como moral, incluso sexual? Es decir, no se puede seguir definiendo a la mujer como un sujeto acabado, inalienable, inamovible; nos es necesario reconceptualizarla como un sujeto concreto, real, circunscripto a su espacio y tiempo también concretos. Para ello, es necesario diferenciar a la mujer histórica de la social, pues en este rompimiento de lo ideal y lo concreto, estará la base para redefinir a la mujer no como una construcción fenoménica, es decir no como sujeto objetual, cosificado por el hombre; sino más bien como un ser ontológico en un sentido hermenéutico analógico (parte de la metafísica que trata del ser en general y de sus propiedades trascendentales), desde la posibilidad de ver a la mujer dentro de su marco socio histórico y cultural, pero a la vez como un ser humano en su sentido de persona individual.

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No se debe, insistir en ver a la mujer como la otredad, como ese yang que puede completar nuestro ying. Es necesario e indispensable que bajo la lluvia incesante de la globalización, nos asumamos como multiculturalidad, y esto va en todos los sentidos posibles. Por último, es deber de cada mujer  desembarazarse del tener que ser como las demás mujeres. Es indispensable que se quiten de encima el peso de los adjetivos eufemísticos que las comprometen y las denigran, es necesario que la mujer, más que símbolo del prototipo de ser mujer,  sea símbolo de su propia y única existencia, sólo así, será ella en sí y para sí como ser libre y multicultural, más que un ser para los demás en un mundo globalizado, pues no hay que olvidar que el ser humano no es igual a los demás seres humanos, comparte la misma naturaleza, pero antes que seres naturales, somos hombres y mujeres culturales, socialmente culturales. «El ser humano no nace en la naturaleza. No nace desde los elementos hostiles, ni de los astros o vegetales. Nace desde el útero materno y es recibido en los brazos de la cultura... el ser humano... nace en alguien, y no en algo; se alimenta de alguien, y no de algo».

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Desde la  década de los '70 la teoría sexo-género, junto con otras teorías sociales, deslegitiman la concepción esencialista de la naturaleza femenina. Desde esta plataforma se afirma que la identidad femenina es una construcción social, que la subjetividad de las personas se configura por la internalización e introyección del prototipo establecido por la cultura para la femeinidad. A partir de ese momento, las mujeres lucharán por acabar con esa situación de marginación y subordinación, asignado por el patriarcado a su sexo, y exigirán un espacio propio, un orden simbólico propio y una palabra propia. En los nuevos mitos, la mujer  ha empezado a liberarse a partir de las últimas décadas de la visión castrante que nos identificaba con el "eterno natural". 

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La teoría sexo-género ha servido para deconstruir ciertos principios teórico-prácticos asumidos como axiomas a nivel ontológico y epistemológico. Principios que encubrían el carácter de dimensión social que tiene la realidad. De hecho, la teoría sexo-género como el máximo exponente del discurso feminista en el marco de la academia y en general todo el movimiento feminista (en sus más diversas manifestaciones), han impulsado, promovido y establecido un nuevo marco conceptual desde el cual las respuestas a ¿Qué es ser mujer? No se orientan desde un punto de vista únicamente esencialista o naturalista. El movimiento liberal feminista, que luchó por la igualdad de derechos en cuestiones de trabajo, educación, salud, etc., pudo durante la década de los '80 y los '90 sentirse satisfecho, por lo menos en una gran parte de los países desarrollados occidentales.

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En diferentes países se escribieron leyes generales y locales que prohibieron la discriminación de las mujeres. En este contexto, se escuchó entonces hablar sobre "post-feminismo", ya que las mujeres ahora podían hacer "lo que querían". Investigaciones actuales han demostrado, sin embargo, que no es suficiente con decretar leyes para obtener una igualdad entre hombres y mujeres, ya que la posición subordinada de una gran parte de las mujeres tiene su origen en las relaciones estructurales de la sociedad. Las leyes son necesarias pero están lejos de ser suficientes. Las relaciones estructurales no funcionan por sí solas, sino que son producto de determinadas formas de pensar y de praxis humanas. La lucha por la igualdad debe entonces ser dada tanto a nivel macro como micro, es por eso que se debe resalta el carácter individual de cada mujer como una pieza fundamental en la construcción de la sociedad, y es solo a través del encuentro cara a cara con el "yo intimo", como en verdad se conseguirá constituir como un ser íntegro a través del autodescubrimiento y re-construimiento, como se podrá liberar de las ataduras de  las categorías sociales que la aprisionan, abriendo espacios que influyan en la forma de verse a sí mismas (identidad). Una mujer no encuentra su "real" identidad ni en la familia ni fuera de ella. No es una cuestión de "descubrir" nuestras necesidades (nuestra identidad), sino de crear satisfacciones (identidades) nuevas, y debemos ser "libres" para poder definir qué es lo que nos satisface. Liberarse significa alcanzar una conciencia crítica, un grado de conciencia que nos permita entender cómo construimos nuestra identidad, y que nos permita entender que nos es posible construir nuevas identidades y nuevas subjetividades.

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La mujer debe expresarse como sujeto y como miembro de un grupo social. Esto implica que su papel no sea pasivo frente a las realidades que la rodean, debe ser capaz de analizar, interpretar y recrear esos contenidos, debe ser una voz con criterio propio en la sociedad. Dentro de la subjetividad de cada individuo convergen tres dimensiones: el Yo  íntimo, el Yo social y el Yo político. El primero es el sustrato de la subjetividad, en donde residen los significantes y significados que cada uno construye como "mismidad"; allí descansan sus emociones, sentimientos y percepciones básicas; las valoraciones fundamentales que le dan sentido a la experiencia cotidiana.

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El Yo social es el escenario de los vínculos y las interacciones, es el territorio del entramado afectivo que arraiga al individuo y le permite relacionarse con otros. El Yo  político reposa sobre la capacidad de trascender a sus propias necesidades e intereses y reconocer compromisos con lo común, lo colectivo. La verdadera identidad de la mujer como ser social activo, parte del reconocimiento del Yo  íntimo, que después se expresará a través del Yo social mediante el ejercicio de la comunicación y lentamente lo proyecta hacia el robustecimiento del Yo político.

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¿Cómo la construcción del Yo íntimo genera un verdadero sentido de identidad en la mujer? El propósito es conformar un colectivo de mujeres para propiciar encuentros a partir del reconocimiento de la diversidad cultural, étnica, sexual y social de las integrantes pertenecientes al colectivo, para la construcción participativa de una perspectiva de genero. En el colectivo de mujeres se logrará explorar la situación de la mujer desde una perspectiva multidisciplinaria, y se podrán generar nuevos espacios que fomenten el interés y análisis de la situación de la mujer en la sociedad y mediante los cuales, se genere una reflexión que incite a cambiar el papel pasivo de la mujer en la sociedad. Los valores que giran en torno al concepto de igualdad de género son innumerables: el rechazo del cuerpo femenino como mercancía y de la violencia física y psíquica entre los géneros; la igualdad en la toma de decisiones en la sociedad; la libertad de elección en los diversos campos de la existencia humana; la igualdad en las posibilidades de desarrollo como género; la abolición de la división del trabajo social basada en el género. A través de toda la recolección de información, mediante entrevistas, encuestas se realizará una estrategia que permitirá una buena comprensión del Yo íntimo en la construcción de la identidad del grupo de mujeres con el cual se desarrolle.

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La investigación a realizar debe ser de tipo cualitativo y el enfoque a trabajar es crítico-social, buscando generar cambios sociales, emancipar el pensamiento y romper con esquemas tradicionales, como las construcciones sociales sobre la mujer basadas en el patriarcado y que representan un limitante al momento de un desarrollo integral de sí misma. También se deberían realizar talleres de autoconocimiento y de integración, que permitan que la mujer vaya encontrando en sí misma cimientos para construir su verdadera identidad.

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La mujer debe llegar a conseguir el fin que pretende. Conseguir que con este cambio personal, se llegue a fomentar actitudes de liderazgo, que difundan una nueva ideología e identidad de la mujer, pasando de un papel pasivo a ser un miembro activo e importante en el desarrollo de la sociedad, así se abrirán espacios para la reflexión y encuentro de mujeres fomentando las capacidades personales e individuales. El fin será pues, nivelarse con el hombre y mirarse de una vez por todas, de igual a igual.

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Armando Maronese

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