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María Victoria Paz hizo estremecer a los presentes y arrancó lágrimas y aplausos

Por María Victoria Paz - 12 de Diciembre, 2008, 19:25, Categoría: Los Kirchner .Tiranías fascistas.

Las víctimas del terrorismo celebraron el día de los Derechos Humanos y lo hicieron brindando su testimonio y compartiendo su dolor con altura y respeto, pero con profunda convicción.

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Hay señales de que algo está cambiando en Argentina y de que hay gente dispuesta a difundir la verdad completa aunque a muchos les moleste. María Victoria Paz, tucumana, hija del Industrial azucarero José María Paz, asesinado por un comando guerriller, fue una de las oradoras en la conferencia organizada por el CELTYV. Criticó con dureza al fiscal Righi, clamó para que haya justicia y verdad y dio un testimonio que arrancó lágrimas y aplausos entre la multitud presente. María Victoria Paz.  

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El 10 de diciembre, millones de argentinos celebraron los 25 años de democracia aunque eso suene un tanto a hipocresía, ya que las libertades y los derechos de las personas son poco respetadas en el país de la Democracia en donde para el Gobierno parecería que hay hijos y entenados y premios y castigos según la ideología que tengan.  

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Cientos  de personas coparon plazas en nombre de los llamados "Derechos Humanos". Ataviadas muchas con pañuelos blancos pero otros, seguramente, sin saber siquiera que estaban haciendo allí, se sintieron dueños de las calles y se dieron el lujo de generar todo tipo de congestionamientos en el tránsito porque total saben que gozan del padrinazgo de los gobernantes de turno y que no sólo reciben subsidios, ostentan cargos y gozan de enormes privilegios, sino que además para ellos "todo vale". 

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Pero nada de eso amilanó a familiares de víctimas de la subversión, que cansados de ser ignorados y hasta humillados, decidieron celebrar el día con un acto en el que clamaron que haya también Derechos Humanos para las víctimas del terrorismo.

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Los familiares de víctimas de la subversión no tienen odio ni rencores, curiosa ó admirablemente, casi todos ellos recibieron de sus padres asesinados el ruego de que sepan perdonar siempre. Ellos vivieron más de 30 años en el anonimato y el silencio, creciendo como pudieron y aferrándose a los recuerdos. Hoy, más de 30 años después, se han decidido a hablar y reclamar Justicia…. sólo los mueve el deseo de que la verdad sea completa para que los argentinos puedan reconciliarse y caminar en paz.

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En la noche del martes 10, el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV), organizó un brindis de fin de año. Allí mismo, familiares de víctimas de la subversión de Argentina, Perú, Chile y Uruguay contaron su dolor y abrieron sus corazones  ante un auditorio emocionado y repleto.

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A continuación las palabras de María Victoria Paz, "Marujita" para sus amigos tucumanos o Victoria como la llaman afectuosamente en Buenos Aires que seguramente lo llenarán de recuerdos y de profunda admiración. "Redacción Digital" te aplaude y acompaña a todas las víctimas de la subversión.

Discurso del 10 de diciembre, de María Victoria Paz - Hoy y en pocas palabras,  intentaré transferir una experiencia de vida  a las personas aquí congregadas, intentaré transmitir un mensaje que ojalá se convierta en una pequeña SEMILLA que crezca y  plasme una faceta de lo que significa  el COMPROMISO CIUDADANO , compromiso comunitario al amparo de la ley y de  valores que muchos deseamos,  para contribuir  desde cada lugar y en paz al surgimiento de una NACION anhelada por miles de personas  aun silenciosas en esta Argentina, todas personas con una sola cosa en común: la buena voluntad. Y en esto recuerdo al preámbulo de nuestra constitución tan vapuleada.

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Agradezco profundamente la presencia de todos  ustedes hoy acá  y  también  muy especialmente la invitación del "Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas", para representarlos  en el día de hoy  y también para hablar en nombre de  las victimas de Argentina. Así que es honda mi responsabilidad en esta noche… honda y viene desde lo mas profundo de mis valores...

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Esta es sin duda una noche especial en la que  comparto la mesa con hermanos venidos de diferentes países de Latinoamérica, victimas que sufren, como tantos  de nosotros, la herida lacerante que deja el largo brazo del terrorismo. Y cuando digo largo brazo lo llamo así no por casualidad. Es que sus efectos se extienden en:

  1. el espacio (en todo el mundo y hoy más que nunca. Recordemos los recientes atentados en Bombay,  en España por la ETA, solo unos días atrás) y
  2. también en el tiempo

Es que el terrorismo  y sus efectos nos alcanzan una y otra vez, a lo largo de la vida, y lo hace en diferentes formas y modos, lastimando y reabriendo  la llaga que se infligió ante el ataque vil, que destroza la existencia del que la sufre y mutila a su familia para siempre. Esto no es  solamente un concepto o una idea,  sino que es también una vivencia propia. De allí la conciencia de la enorme responsabilidad que se me da hoy para hablar en nombre de las victimas argentinas, que son miles,  y para  las que, cada palabra  con la que intentare CONSTRUIR,   puede en este ámbito   aliviar  y llevar consuelo , o,  paradójicamente, aumentar el sufrimiento aun más.

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Sé de esto, porque les pasa a los míos y a  mí misma desde hace 34 años. Lo sé también porque lo he oído y escuchado de otros  labios  y  lo he visto en la mirada  de muchos, que han expresado este sentimiento miles de veces. Lo he sentido  en muchas  victimas. Personas que se encuentran acá y otros que no han podido venir, cuya presencia se percibe. Victimas que nos acompañan desde el lugar en donde el brazo del terrorismo los puso.. y que nos hablan a través de sus vidas truncadas de manera injusta y donde no hay  derecho a una defensa por la vía de la ley,  ni parece haber  derecho al reconocimiento por gran parte de la sociedad. Aparentemente, no tienen derechos humanos… Son víctimas del terrorismo que esperan que su voz sea escuchada… ¿Por qué esto?

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¿Por qué a pesar de los enormes esfuerzos que se hacen para superarlo, ese dolor lacerante nos acecha en cada recodo de la vida? Es una pregunta que seguramente comparten muchos de los que están  presentes hoy y que  han sufrido a este verdugo.

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Trataré de contestar a ese interrogante  en mi breve mensaje y en el  testimonio que daré a todos ustedes ahora, o quizás quedará la pregunta abierta para que, EN UN DIALOGO VERDADERO se conteste pronto. Para que esa respuesta se produzca enfrentando la VERDAD OBJETIVA,  NO la que se sustenta  en diferentes miradas  sobre los hechos, sino en aquella que contempla TODO lo que ocurrió.  La que analiza lo que nos es afín y lo que no lo es,  VERDAD que NO interpreta UTILIZANDO  los hechos ocurridos o que ocurren hoy, en forma IDEOLÓGICA O POLÍTICA.

Verdad que se trastoca y se arruina al convertirse en demagogia o que se manipula e interpreta de manera sesgada. Este esfuerzo por la verdad objetiva, créanme, es un desafío que nos impone una enorme estatura moral por el valor sobre el que se trata: El respeto por las personas y por la vida humana sin distinciones.

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Hace pocos días veía en un diario de Buenos Aires una foto de una marcha en Bogotá, que clamaba por la liberación de las victimas de las FARC: Allí en medio de la  multitud se destacaba un cartel negro, enorme,  que decía "La vida es sagrada: cada víctima es un hermano", que  concepto simple y  cierto.

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Después de escuchar los testimonios de nuestros invitados hoy, tengo otra pregunta  y ésta es ¿Se podría lograr que esas marcas que la violencia dejó, evolucionen desde el dolor hacia un crecimiento y superación constructiva, no sólo para las víctimas, sino para toda la sociedad? EL desafío es convertir la sangrante herida  en una fuerza que nos permita  continuar forjando una comunidad unida en principios sustentables en el tiempo y valiosos para toda la sociedad. Esto, llevado desde el ámbito personal, desde la historia de cada uno... de cada víctima… de cada herida... HACIA la comunidad entera, agregando con esta entrega  una nueva visión, un sentido de renovación y superación de lo vivido… convirtiendo lo que pretende ser un estigma… en una realidad, y dar un paso más… no quedar aterrorizados con lo que nos pasó... y desde allí levantarnos como sociedad y dar testimonio de respeto por la vida, para que esto no vuelva a ocurrirnos…

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Es que el desafío es  no dejar que el terrorismo cumpla su objetivo de aterrorizar… no dejar que nos inmovilice  y paralice… que la violencia siga presente en el dolor. No dejar que nuestras vidas se tiñan con la sangre derramada… sino que esa sangre renueve nuestras fuerzas para poder seguir, y en ese camino dar testimonio de vida, no de muerte. Lo que en palabras parece un desafío imposible, trataré de  explicarlo desde mi historia personal. 

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Voy a presentarme: mi nombre es Victoria Paz, soy una ciudadana común, de profesión abogado, tengo en mi corazón -en este momento especial-  a mi madre y a mis cuatro hermanos, José, Eugenia, Diego y María Elvira presentes acompañándome hoy, los demás están en Tucumán. Soy la hija mayor del Ingeniero José María Paz, quien murió al resistir un intento de secuestro a los 45 años de edad.

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Una unidad armada del grupo Montoneros e integrada por más de 15 personas, intentó secuestrarlo el 7 de agosto de 1974. Fue el primer atentado del grupo terrorista en la provincia de Tucumán. Mi padre resistió  esa agresión y allí cuando sus atacantes vieron su objetivo frustrado le dispararon a quemarropa, estando en el suelo y por la espalda.

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Si con palabras tuviera que definir a José Maria Paz, diría, Alegría de vivir...  Diálogo...  Trabajo… Familia... respeto por las razones del otro… empatía. Si una enseñanza nos dejó como hijos diría honestidad de pensamiento, deber de crecer cada día… y responsabilidad... su última enseñanza fue perdonen y salgan adelante sin resentimiento. Perdón fue la herencia que nos legó como deber...  como pesado deber  por su pedido José María Paz, tuvo la oportunidad de vivir 20 días de agonía, rodeado del amor de su familia, rodeado de equipos médicos comprometidos con sus dolencias. Acompañado desde lo humano y desde lo espiritual.

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Otras víctimas no tuvieron ni siquiera esta oportunidad, como el coronel Argentino del Valle Larrabure, otro tucumano quien tres días después del atentado contra mi padre fue secuestrado y vivió un cautiverio de mas de un año, en absoluta soledad y soportando las peores torturas. Sin poder ver a sus hijos. Sin saber de ellos. Con una  estatura heroica admirable. Hago este paralelismo, porque como hija sentí un dolor tremendo por lo que le ocurrió a la familia Larrabure y siempre tuve este pequeño alivio, si cabe en esta tragedia que los hijos de Larrabure, no tuvieron: saber que  mi padre no sufrió esas horrendas torturas en soledad.

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José María Paz recibió amenazas extorsivas de secuestro y disuasivas de pagar coercitiva protección. Manifestó su decisión de no pagar por un derecho inalterable y humano como lo es el de la libertad, pues era consciente y –así lo manifestó públicamente- , que ese dinero iba a ser usado en más violencia, en más terror.

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Es así que resistió esa noche en que se encontraba solo, en un taxi y de regreso a la casa. Y en el sanatorio esos 20 días que la vida le regaló, continuamente repetía: pude resistir por estar solo. Si hubiéramos estado algunos de sus hijos como solíamos hacerlo, él hubiera tenido que entregarse. La vida lo dejo 20 días más con nosotros y allí  recorrer un camino sintónico con su vida misma, después de que la violencia irrumpiera definitivamente y de manera palpable. No se dejó aterrorizar por las amenazas. Tampoco estuvo aterrado en su agonía. José Paz no llevó jamás armas consigo, era su decisión personal. No tenia guardaespaldas.

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En oportunidad en que hirieron a mi padre, el secretario general  del sindicato del Ingenio Concepción, empresa de la cual él era presidente, dijo al diario local "hechos de esta barbarie no benefician a nadie y deterioran el proceso institucional. Sentimos enormemente lo ocurrido y repudiamos el atentado, hechos de esta naturaleza no deben repetirse nunca mas..." ( Diario la Gaceta 8 de agosto 74)

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El jefe de este sindicato, quien en esas palabras representaba a los obreros, se llamaba Rodolfo Nicolás Chávez y se encontraba en momentos de hacer estas declaraciones en el sanatorio, con una multitud de obreros que habían concurrido allí a fin de solidarizarse  y donar sangre. Paradójicamente esa noche, la organización terrorista llamaba al sanatorio y seguía amenazando con irrumpir allí y concluir con el objetivo de asesinar.

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En el entierro de mi padre, hubo impresionantes testimonios de los efectos que este crimen causo en Tucumán. Elegí hoy uno especial para recordar aquello: uno de los oradores en representación de los obreros dijo estas palabras, "la muerte de Paz no significa la muerte de un hombre más, sino la desaparición de un amigo leal y sensible. No es la muerte de un patrón sino la de un compañero de trabajo, porque en vida, ese patrón había velado tanto por sus obreros, que los había hecho sentir lo que realmente eran, seres humanos que trabajaban por la grandeza de la provincia y del país. En adelante la muerte de Paz constituye un compromiso para continuar bregando por el engrandecimiento de nuestra industria y por la dignidad de sus trabajadores, de los cuales era miembro. (La Gaceta, 29 de agosto de 1974)

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A Rodolfo Nicolás Chávez, ese compromiso le costo la VIDA, murió asesinado junto a otros tres  sindicalistas  Mario Juárez, Dante Jiménez y Antonio Frías, el 4 de febrero de 1975. Treinta años de edad, esposa y tres hijitos.  Tenía más de 20 balazos. La Organización Montoneros nuevamente se atribuía el atentado. Sus cuerpos fueron velados en la misma iglesia del Ingenio, la que meses antes albergara el último adiós a José María Paz, y Chávez quien decía meses antes que hechos de esta naturaleza no debían ocurrir nunca más, estaba siendo velado allí. Se atribuyó el hecho en el diario "Evita Montonera", el pelotón montonero de combate "Deolindo Gonzalez."

Finalmente quiero dejar unas reflexiones, tomadas de una persona que admiro, el Rabino Bergman, de su libro "Argentina Ciudadana", donde escribió en sabias palabras lo que siento:

"La argentina frente a los hechos de décadas pasadas, está frente a la oportunidad histórica única para superar ese pasado y construir en bases sólidas un futuro de paz verdadera de dialogo posible y necesario, para que nuestra NACIÓN sea lo que todos los argentinos anhelamos. Hay que mantener la memoria colectiva de eso sucesos mediante la APLICACIÓN DE LA JUSTICIA,  perdonando al culpable de la venganza pero no liberándolo de culpa y cargo, sino aplicándole  la ley y no la ideología o el instinto más primitivo de los afectados. De ésta manera la ley repara no el pasado, sino justamente el futuro".

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Para perdonar tiene que haber un alguien que diga perdón. Una sociedad que diga esto estuvo mal. Esto fue injusto. Esto no nos debe suceder. Nos comprometemos a vivir de tal manera que esto no suceda nunca más.

El terrorismo es imposición de ideas a través del terror. El objetivo del terrorismo es aterrorizar y así imponer por violencia. Ese terror cumple doblemente su objetivo, hiere definitivamente a la víctima y luego la paraliza en el dolor. El desafío es levantarse.

Es necesario discutir los problemas de la impunidad y de la actitud social frente a los crímenes de lesa humanidad sin prejuicios, sin preconceptos, dejando de lado las actitudes maniqueas. Es necesario que seamos valientes y honestos. Y en esto estamos todos comprometidos, directa o indirectamente todos, porque la verdad, la justicia, la reconciliación nacional son asuntos de la mayor relevancia institucional.

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Tengo la profunda convicción de que la verdadera reparación, la verdadera reconciliación, la verdadera rehabilitación de una sociedad que ha sufrido una tragedia tan grande, exige el establecimiento público de la verdad y la efectiva realización de la justicia. Hoy en esta noche, las voces de ellos nos llaman a la reflexión. Murieron muchas personas y nuestra responsabilidad hoy  es hacer oír sus voces acalladas por disparos. Hacer oír los llantos de los que dejaron, de sus amigos, de sus hijos, de sus mujeres, de tanta ilusión destrozada y convertirlos en mensaje de vida.

Para que no haya sido en vano, para que tenga un porqué tanto dolor, para que dé sentido al sin sentido en esta noche, en nuestro interior. Para que no nos vayamos con más pena, sino con más fuerza nos levantemos quienes aun estamos caídos, ayudándonos unos a los otros, y salgamos adelante más humanos. 

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Voy a tomarme un minuto más para hablar de dos tucumanos: al igual que con mi padre, el Coronel Larrabure, los asesinatos del Capitán Viola y de su hijita, de tan sólo tres años, María Cristina, perpetrado en plena vigencia de gobiernos democráticos son delitos de lesa humanidad. Todos los terroristas han sido indultados, muchos de ellos ocupan cargos públicos relevantes, hoy, están en el poder, mientras la historia carga sobre las espaldas de jueces y fiscales la responsabilidad moral de optar entre el coraje o la cobardía, la conveniencia o los valores, la justicia o la política.

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El último fallo del fiscal Brito en Tucumán corrobora la impunidad, mantiene la indecencia,  la resolución 158/07 del Procurador General de la Nación, Righi, ex ministro del interior de Cámpora da muestras de lo que hablo. Larrabure lo ha imputado severamente ya que no ha tenido el decoro de excusarse ante el dictamen del Fiscal General Palacín.

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La ley obliga a los fiscales a inhibirse cuando hubieran intervenido en actuaciones administrativas a favor o en contra de alguna de las partes involucradas, obligación moral que alcanza a Righi pues, como Ministro del Interior de Héctor J. Cámpora, tuvo una decisiva intervención en las negociaciones y actuaciones administrativas que culminaron con la liberación de los terroristas.  

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Los políticos opositores imputan a Righi por lo de Garrido, pero de esto no hablan, cuidado, no sea cosa que también ellos queden salpicados por haber convalidado la ley de amnistía del 25 de mayo de 1973 o al menos saber de ella y no hacer nada, donde se dejó en libertad a quienes rápidamente volvieron a tomar las armas, para asesinar a nuestros familiares. Es hora de hablar claro, es hora de que la verdad aflore con toda su fuerza, es hora de que la justicia sea para todos. De lo contrario, la paz y la tranquilidad no volverán a nuestros corazones.

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Mi padre, José María Paz pudo escapar de sus captores porque estaba solo, no se doblego. Nosotros estamos ahora juntos. No nos dobleguemos ante la injusticia. Por la VERDAD OBJETIVA debe ser nuestro compromiso ciudadano.

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Mi nombre es Victoria Paz. Quiera Dios honre mi nombre, en memoria de mi padre y de otros tantos… Muchas gracias por escucharme.

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María Victoria Paz

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