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La muerte: un nuevo nacimiento

Por Armando Maronese - 3 de Noviembre, 2008, 21:38, Categoría: Opinión

Hace apenas unos cuatro meses, recibí un mail de un amigo, en donde me hablaba de una sucesión de muertes cercanas entre los miembros de su familia y amistades. Sin que él me lo pidiera, me atreví a enviarle unas reflexiones, para encarar el tema cuando, inevitablemente, surgiera en sus charlas con los niños. Coincidentemente con este episodio, comenzaron a sucederse otros del mismo tenor, con otros amigos y en otros lugares, en ese y otros momentos y se me ocurrió, entonces, que podía ser un buen motivo para compartir ideas con ellos.

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La muerte es uno de los misterios que están presentes, de manera permanente, entre las preocupaciones del hombre. La ciencia, el arte y otras innumerables expresiones del ser humano abordan, desde diversos ángulos, la búsqueda de respuestas ante ella. Todas las religiones también exponen su punto de vista y explicación al respecto. Entonces ¿Cómo explicar el tema de la muerte de un ser querido?

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Todos tenemos algún tipo de fe, sea cristiana u otra cualquiera y ellas nos ofrecen una respuesta muy esperanzadora frente al tema de la muerte: La convicción de que la vida es perdurable y que no se termina con ese paso al que llamamos muerte, es el eje principal de una manera diferente de ver las cosas. Sin embargo, no podemos desprender de la muerte el dolor, el miedo y el duelo que trae aparejada. La mente de los niños, además, se confunden en sus ideas de acuerdo a lo que se les diga sobre este tema.

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Pero, debe haber algo importante. Con la intención de que estas breves reflexiones constituyan un verdadero aporte, es preciso adaptarlas a un lenguaje inteligible para todos. Adultos y niños.

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Siempre hay que decir la verdad sencilla y claramente. No sirve, y es muy malo, mentirles a los niños, utilizando frases como éstas:
"El abuelo -o quien sea-, se ha dormido...". Con este tipo de consuelos, lejos de tranquilizar, lograremos que quien los escuche le tenga miedo a dormir por la posibilidad de no despertar jamás.

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O "se fue de viaje..."; lo cual provoca una inquietud terrible en cuanto a cuándo volverá del viaje, por qué no escribe, no llama por teléfono, no manda un mail... ¿Cómo es posible que esa persona que hasta ayer era cariñosa, afectuosa y atenta, de un día para otro, decida hacer un viaje y no comunicarse más? También es común que se diga "está en una estrella"; así, además de estar mintiendo y creando una fantasía, convertiremos todo el cielo en un gran cementerio.

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Hay que tener en cuenta que, cuando nacemos, no tenemos conciencia de lo que significa la muerte. La primera vez que la sentimos de cerca no comprendemos qué está ocurriendo. ¿Cómo explicarnos que no vamos a volver a ver a ese ser que queremos y necesitamos tanto?

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También hay que evaluar que, muchas veces, el sufrimiento que sentimos está basado en nuestro propio interés. Nos cuesta amar al otro y ser capaces de descubrir su propio bien. Somos personas de fe, pero, en los momentos de separación, a nuestra fe le resulta difícil encarnarse.

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Podemos pasar por esta vida sin dejar huella, o podemos colaborar realmente con un plan preciso y hacer este mundo un poco mejor. Ante un ser querido que se muere, hay que pensar en las muchas huellas que dejó en quienes los conocimos. Si su vida estuvo bien vivida, aunque hayan faltado años, proyectos, sueños, tenemos que aceptar que la muerte es un paso. Todo lo bueno que en ese ser querido hubo, nos ayuda a apreciar la vida y prepararnos para otro encuentro con todos los que queremos.

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Nacer de nuevo - Una pareja de mellizos se está gestando en el vientre de su madre. Comparten allí nueve meses de maduración y de crecimiento. Es un ambiente ideal: no hay frío ni calor, y todo es agradable. No se pasa hambre ni hay dolor; es un tiempo de bienestar.

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De pronto, se cumple el plazo del embarazo, y unos extraños movimientos empiezan a producirse. Contracciones y dolores de parto. El primero de los hermanos se ubica en la puerta de la vida. Pero ellos no lo saben; si pudieran pensar, creerían que es la muerte; que la armonía de ese tiempo compartido se termina, y que nunca más volverán a verse. Quien permanece unos minutos más, que parecen eternos, en el vientre de su madre, percibe que su hermano ya no está.

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Sin embargo, del otro lado, unos brazos cariñosos lo reciben y le dan afecto y calor. Lo llenan de besos y lo alimentan de su propio cuerpo. Al rato, se produce el otro nacimiento y los hermanos vuelven a encontrarse en este mundo.

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No obstante, ésta no es una explicación para entender la muerte, se le asemeja bastante. Compartimos la vida no ya nueve meses, sino un tiempo que, para cada uno, es diverso. En un período que, si bien es de maduración y crecimiento, no es de plena armonía y sin dolor.

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Cuando se producen los "dolores de parto", y vemos que un hermano se va, a veces, no descubrimos que está a la puerta de la vida. Del otro lado, lo esperan los cariñosos brazos de un ser que lo reciben con amor y lo alimentan de su propia vida. Quienes quedamos un tiempo más en el vientre del mundo, a veces, no percibimos toda esa maravilla.

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Cuando vivimos la muerte de un ser querido, su nuevo nacimiento, se puede percibir que él estaba recorriendo ese camino hacia otros amorosos brazos. No es un consuelo para conformarnos. Es una realidad que deberíamos profundizar. Los partos duelen, pero traen consigo la alegría del nacimiento. Con la partida de un ser querido, tenemos la certeza de que ha nacido a la vida nueva.

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Armando Maronese

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