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La actividad se desacelera más, más y más...

Por Armando Maronese - 3 de Noviembre, 2008, 15:01, Categoría: Economía - Empresas -Comercio

Las señales de desaceleración del nivel de actividad son cada vez más notorias y preocupantes. El enfriamiento es palpable, pero la pregunta clave es a qué ritmo sucede y si existe la posibilidad de un freno en el crecimiento tras la fuerte expansión iniciada a mediados de 2002.

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La estimación de crecimiento real -elaborada con diversos indicadores sectoriales de volumen físico-, arroja que al mes de agosto ppdo., la producción de bienes acumula un crecimiento de 5,1%.

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Los signos de desaceleración más preocupantes se observan en el consumo. Deflactando el IVA DGI y la facturación de shoppings y supermercados por índices de precios construidos a partir de relevamientos propios en estos establecimientos, se observa que todos presentan un  fuerte freno en el crecimiento. En los primeros nueve meses acumulan un alza inferior al 4% interanual.

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1.- Este deterioro en variables duras se combina con un fuerte retroceso en la confianza de los agentes económicos (consumidores, inversores externos e internos, etc).

2.- En los últimos 6 años el PBI se expandió a una tasa promedio de 8,3% anual, siendo el período 2003-2008 uno de los más exitosos, en términos de actividad, de la historia económica argentina. Sin embargo, la fase de elevado crecimiento ha llegado a su fin.

3.- Los principales determinantes de esa fase exitosa se han diluido: la rentabilidad del sector transable está seriamente condicionada, el contexto internacional se ha vuelto hostil tanto desde lo real como desde el frente financiero y las expectativas de consumidores e inversores son desalentadoras.

4.- Las inyecciones de gasto público son un recurso a mano del gobierno nacional, pero su efectividad será acotada. La reforma previsional permitirá contar con recursos públicos para instrumentar esta estrategia, pero el deterioro del mercado de crédito privado y de la confianza y el aumento de la incertidumbre son costos colaterales muy elevados.

5.- De concretarse la reforma, el gobierno probablemente impulse una política fiscal expansiva, vía una fuerte inyección de gasto en los segmentos con mayor propensión a consumir y vía inversión en obra pública.

6.- De todas formas, luego de varios años de crecimiento, se espera una fuerte desaceleración de la economía en 2009: el PBI crecerá incluso por debajo de la pauta presupuestaria y mayormente por "efecto arrastre estadístico".

7.- La desaceleración de la demanda va a limitar la suba de precios a pesar del componente inercial de la inflación. Ahora bien, además del impulso del gasto, se espera que el ejecutivo apuntale salarios para impulsar el mercado doméstico. El problema es que en un contexto de baja demanda de pesos, el estímulo puede no motorizar la actividad sino la suba de precios y/o la compra de dólares.


La actividad se desacelera ¿Pero a que ritmo? - Antes de trazar las perspectivas para 2009, es importante caracterizar la desaceleración para evaluar dónde estamos.

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En primer lugar hay que destacar que, desde mediados de 2007, las cifras oficiales de actividad (Cuentas Nacionales) y el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) presentan un creciente sesgo a la sobrestimación del crecimiento real, entre otros factores por la subdeclaración de la inflación  real. Es por eso que resulta necesario obtener un estimador confiable de la producción de bienes mensual en base a datos duros sectoriales. La estimación  arroja que al mes de agosto, la producción de bienes acumula un crecimiento de 5,1%.

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Si bien esta estimación es un buen indicio, del agregado, hay que destacar que la producción de servicios -a precios constantes-, representa casi 2/3 del PBI. Este sector es algo más dinámico que el de bienes, aunque no tanto como lo reflejado por las cifras oficiales. Nuevamente, con precios deprimidos artificialmente las cifras oficiales terminan infladas.

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Ahora bien lo signos más preocupantes se observan en el principal pilar del crecimiento desde 2006: el consumo. En efecto, distintos indicadores –cuanti y cualitativos- reflejan una fuerte desaceleración. El patentamiento de autos crece a la mitad del año pasado en los primeros 9 meses de 2008, mientras que las ventas minoristas -en unidades-, relevadas por CAME  caen 4% interanual.


Este deterioro en variables duras se combina con un fuerte retroceso en la confianza de los agentes económicos (consumidores, inversores externos e internos, etc). En efecto, las expectativas lucen mucho más pesimistas. Diversos sondeos de opinión acerca del empleo, la producción y la inversión arrojan resultados poco alentadores.

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Por caso, la encuesta cualitativa que realiza el INDEC a los empresarios de la industria y de la construcción (privada y pública), refleja por primera que las perspectivas están equilibradas entre los que esperan una contracción y los que vislumbran una expansión de la demanda interna. En la construcción las expectativas son cada vez más negativas. Ya para el 3er. trimestre los empresarios del sector esperaban una contracción (tanto en obras privadas como pública). Sin embargo, llama la atención el deterioro esperado para el 4to. trimestre: 57,1% de los encuestados esperan que la actividad dedicada a la obra privada disminuya y sólo 3,7% que se expanda. En obra pública los porcentajes son 47,2% y 5,6% respectivamente. 


Por último, retomo un argumento en torno a la magnitud de la desaceleración de la demanda necesaria para desarticular la inflación. Se argumentaba que una retracción en las presiones inflacionarias llegaría solo con un marcado freno del consumo. En efecto, el freno ha llegado: los datos obtenidos en el mes de octubre confirman que en los últimos 3 meses la suba de los precios al consumidor se desacelera, todavía gradualmente.

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Cuando los determinantes del crecimiento se diluyen - En los últimos 6 años el PBI se expandió a una tasa promedio de 8,3% anual, siendo el período 2003-2008 uno de los más exitosos, en términos de actividad, de la historia económica argentina. El 1er. período (2003-2005) estuvo caracterizado por la gradual utilización de la capacidad ociosa existente luego de la crisis y el crecimiento de la inversión. La etapa que le sigue (2006-2008) estuvo signada por una dinámica desequilibrada en la que la expansión de la demanda agregada superó con creces a la de la oferta interna. En este proceso se entienden la brusca aceleración inflacionaria, el desborde de la puja salarial y el boom de las importaciones.

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Resulta claro que ya no será posible en el corto plazo volver a la dinámica de los primeros años pues para ello se requiere de un fuerte proceso de inversiones. ¿Es posible entonces sostener la dinámica de los últimos años?

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Para responder a esta pregunta es útil ver cuáles fueron los principales determinantes del crecimiento de este último proceso:

1.- Competitividad y rentabilidad sector transable: A lo largo de los últimos 6 años la rentabilidad del sector transable fue un claro driver del crecimiento, impulsando además el ingreso de divisas. Aunque ya en 2007 los excedentes  mostraron signos de fatiga a causa de los aumentos de costos, la aceleración inflacionaria era compensaba por los históricos precios de exportación, la devaluación del dólar y el deslizamiento gradual del tipo de cambio nominal. Pero esta alineación de factores positivos ha llegado a su fin; ahora se observa una brusca apreciación dólar (se han devaluando fuertemente el euro y el real), los precios de los commodities se desplomaron y la inflación continúa con una preocupante inercia.

2.- Favorable contexto internacional: Con el mundo creciendo en torno del 5% (2006-2008) y precios elevados, las exportaciones y la recepción de turismo se transformaron en importantes drivers del crecimiento. Además la tranquila coyuntura financiera sostenía la demanda por activos emergentes, manteniendo bajos los costos de endeudamiento y facilitando la colocación de deuda tanto en el mercado interno como las suscripciones de Venezuela. La explosión de la crisis financiera mundial trajo consigo no sólo una caída de los precios de commodities sino también la recesión, la falta de liquidez y la aversión por activos riesgosos.

3.- Abultada caja fiscal y medidas pro-consumo: Con la recaudación creciendo a niveles elevados se tomaron muchas medidas pro-consumo: fiscales, monetarias y de ingresos. No sólo en cuanto a las obras públicas sino también con los aumentos de remuneraciones y jubilaciones (cantidad y haberes). Además, se otorgaron reducciones impositivas destinadas a mejorar el salario de bolsillo. La imposibilidad de recomponer aún más el superávit fiscal con mayor presión tributaria y el virtual aislamiento de los mercados internacionales, hacen necesaria otra estrategia para sostener este driver. La posibilidad de utilizar fondos del Banco Nación, adelantos del BCRA y la nueva reforma previsional muestran que el gobierno desea continuar impulsando la actividad por esta vía.

4.- Buenas expectativas y elevados niveles de confianza: Si bien la inflación fue poco a poco transformándose en el mayor problema, la dinámica de la actividad económica, la relativa estabilidad del tipo de cambio y el favorable contexto internacional (sin turbulencias y con el dólar devaluándose), ayudaban a que tanto el clima de negocios como la confianza del consumidor, se ubiquen en niveles elevados y el consumo y la inversión no pierdan impulso. Hoy la confianza se encuentra en los mínimos de los últimos 5 años y –como he comentado antes-, los empresarios no son optimistas respecto del futuro. A la reversión que observamos en los principales determinantes, habría que sumarle al menos un nuevo condicionante: la virtual desaparición de las AFJP. Este hecho  dejaría al mercado de capitales local sin su principal jugador, deteriorando aún más el clima de incertidumbre.

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Perspectivas para 2009 - La conjunción de factores internos y externos mencionada previamente, lógicamente condiciona las expectativas. Luego de varios años de crecimiento se espera una fuerte desaceleración de la economía en 2009: el PBI crecerá incluso por debajo de la pauta presupuestaria y mayormente por "efecto arrastre estadístico". El deterioro de la confianza impacta  en el consumo interno y afecta a los sectores no transables (servicios).

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Los transables, por su parte, luego del conflicto campo-gobierno se sumergieron en un contexto internacional muy adverso, en el que el dólar recupera valor o, en otros términos, se deprecian las monedas de nuestros principales socios comerciales exacerbando la pérdida de competitividad local.

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En este marco, el principal objetivo del Gobierno es evitar el inminente freno brusco en la actividad mediante inyecciones de gasto. A tal efecto, podrá recurrir a depósitos del Banco Nación (1% del PBI) para financiar gastos de capital. Recientemente, avanzó sobre el sistema de jubilaciones, que permitiría avanzar sobre los stocks y los flujos netos.

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La aprobación del proyecto oficial de reforma del sistema previsional implicará cubrir, principalmente con los stocks de las AFJP, los fuertes vencimientos de deuda en 2009 (5,5% del PBI) y brindaría cierto margen, con los flujos, para aumentar el gasto. Es decir que, de concretarse la reforma, el gobierno probablemente impulse una política fiscal expansiva vía una fuerte inyección de gasto en los segmentos con mayor propensión a consumir (jubilados, sectores de menores ingresos, salario mínimo, etc.) y vía inversión en obra pública.

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Las experiencias generan indicios en este sentido: en 2007 la política fiscal jugó un rol clave en dinamizar la actividad económica, que se estima creció 7,7%. Particularmente, la inyección de gasto público representó más de 1% del PBI. Pero la situación actual es muy diferente a la de 1 año atrás: el impacto sobre la actividad no será tan expansivo pues si bien el gasto va a impulsar el crecimiento, la nacionalización de los fondos previsionales afectará la disponibilidad de crédito privado. Asimismo, la medida dispara la incertidumbre que se traduce en menor liquidez por fuga al dólar y en un mayor ahorro precautorio –es decir, menor consumo-.

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La desaceleración de la demanda va a limitar la suba de precios a pesar del componente inercial de la inflación. Ahora bien, además del impulso del gasto, se espera que el Ejecutivo apuntale salarios para impulsar el mercado doméstico. El problema es que en un contexto de baja demanda de pesos, el estímulo puede no motorizar la actividad sino la suba de precios y/o la compra de dólares.

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Armando Maronese

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Fuente Ecolatina

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