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Las reservas del Banco Central, son la golosina del gobierno argentino

Por Armando Maronese - 22 de Septiembre, 2008, 20:49, Categoría: Los Kirchner .Tiranías fascistas.

La inutilidad demostrada por la presidenta Cristina Fernández para conducir nuestro país tanto en lo político como en lo económico, como asimismo del titiritero que le mueve los hilos, el ex presidente Néstor Kirchner, su marido, están llevando a la Argentina al más oscuro abismo que se pueda concebir.

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El gobierno se parece cada día más a un kamikaze que cae en vertiginosa picada contra el pueblo argentino, dispuesto a aniquilarlo en forma total sin que les importe en lo más mínimo y para colmo, apoyado por la mayoría de los serviles que tienen en ambas Cámaras del Congreso.

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El kirchnerismo ha resuelto liberarse de cualquier atadura institucional para superar la amenaza de un nuevo default sin recurrir a un plan de ajuste. Esa decisión está cifrada en varias cláusulas que el Poder Ejecutivo redactó en la última semana: en dos de ellas, se autoriza el uso de las reservas del Banco Central para financiar al Tesoro y en la otra se elimina la prohibición que pesa sobre el Banco Nación para financiar a las provincias.

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Encriptada en esta trama jurídica, que el Congreso discutirá –se presume- en las semanas venideras, se esconde una confesión de Cristina Kirchner: la urgencia fiscal vuelve a ser una de las mayores debilidades de la economía argentina. Es decir, el Gobierno terminó de darse por enterado de algo que ya habían diagnosticado los especialistas, los mercados y hasta un financista tan afable como Hugo Chávez, que se cubrió con una tasa del 15% para extender el último préstamo.

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La autorización para que el Ministerio de Economía se sirva de las reservas del Banco Central, es otro sketch de la comedia del pago al Club de París. El directorio del Banco no iba a autorizar esos fondos, que sólo podrían destinarse a saldar las deudas de la institución con organismos multilaterales de crédito. No las del Tesoro con una asociación, como es el Club.

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Para salvar el desacierto, el artículo 16 del decreto de ampliación presupuestaria que firmó la presidenta exceptuó al Banco Central, para el caso del Club de París, de la prohibición de conceder préstamos al Gobierno que establece su Carta Orgánica. Como se ve, la Presidenta decidió debutar a lo grande en la emisión de ese tipo de normas que se había jurado no firmar. Su decisión de avasallar la autonomía del Banco Central fue, además, un generoso saludo a otro debut: el del ex titular de esa entidad Alfonso Prat-Gay como candidato a diputado de la Coalición Cívica. Prat-Gay advirtió que "la medida es de una enorme gravedad institucional porque debilita al Banco Central de un país que ya soporta una inflación del 30% anual".

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La presidente Cristina Fernández sinceró que para su modelo cesarista, el Banco Central es una dependencia más del Poder Ejecutivo. La anomalía puede resultar costosa, porque las reservas del Banco Central son un paraguas indispensable en medio de la tormenta financiera internacional. Además, si el Tesoro cuenta ahora con esas reservas, se les habrá dado la razón a los tenedores de bonos en default que reclaman al juez Thomas Griesa el embargo de esos activos. Hay expertos que suponen que el DNU de la semana pasada ha despejado el camino de Griesa. Y que ante la inminencia de una condena operativa, el Gobierno terminará por reabrir el canje de deuda.

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A propósito de esta operación: el martes pasado, representantes del Banco Barclays presentaron ante encumbrados miembros del gabinete su propuesta formal. Esos ejecutivos volvieron a Nueva York con un prudente optimismo. Todo el Gobierno está al tanto de su oferta y, en principio, no hubo un rechazo. Nada que alcance para evitar a la presidenta algún sobresalto en su paseo por Manhattan. La liga de tenedores de bonos impagos denominada American Task Force Argentina, ofrece en su página web un formulario para enviar cartas de protesta a Robert Greifeld, titular del Nasdaq, por haber invitado a la presidenta Cristina Fernández a visitar esa institución bursátil. Otros holdouts, como el mayorista David Martínez, serán más amigables: el mejicano aguarda alguna señal de Cristina Fernández durante el almuerzo con el Consejo Judío Mundial, al que fue invitado, el viernes próximo.

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Quienes, en cambio, accedieron al canje del año 2005 deberían estar más contentos. Para ellos el Gobierno preparó otra modificación de la Carta Orgánica del Banco Central. La del artículo 20, que fija los límites de las transferencias de reservas al Tesoro, con el objetivo de evitar que esos préstamos aumenten la oferta monetaria y tengan efectos inflacionarios. En el cálculo de esos topes están excluidos los pagos a organismos multilaterales: se supone que, en este caso, el dinero no se volcará al mercado y, por lo tanto, no tendrá efectos sobre los precios.

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Pero el Poder Ejecutivo acaba de agregar otra excepción (artículo 72 del proyecto de Presupuesto 2009): para calcular el monto del préstamo, tampoco se tendrán en cuenta los pagos en moneda extranjera. El detalle es crucial: revela que el Gobierno no descarta echar mano de las reservas del Banco Central para pagar los vencimientos de deuda del año próximo, unos u$s 9.000 millones. Habría que descartar, entonces, que en 2009 haya cesación de pagos, pero a cambio de una mayor desprolijidad económica e institucional. Detalles que no molestarán a los operadores financieros. Como se ve a escala global, ellos se pueden mover sin reglas. Al contrario, estas expansiones de los Kirchner llevarán alivio a quienes compraron títulos públicos. Aunque no más que eso. El mercado todavía espera que se reduzca el gasto y, sobre todo, que se normalice el Indec.

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No hay indicios de que esto último vaya a ocurrir. Salvo uno: Cristina Fernández de Kirchner estudia desdoblar el Ministerio de Economía en uno de Hacienda y otro de Producción. Eso sí, todavía no apareció el economista dispuesto a aceptar, sin la remoción de Guillermo Moreno y sin la regularización de las estadísticas. Igualmente será un títere de Néstor Kirchner, ya que no podrá hacer lo que crea conveniente en su trabajo, sino obedecer ciegamente las órdenes de su amo.

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Mientras tanto, la utilización de las reservas para rescatar bonos puede tener efectos negativos sobre la inflación. Por dos razones. La primera: los préstamos del Banco Central al Tesoro no tendrían un efecto monetario neutro. Si el bonista al que se le paga es un residente que decide cambiar por pesos los dólares que recibió, habrá aumentado la cantidad de dinero. La segunda consecuencia de las licencias que se están tomando los Kirchner, es que reinauguran la posibilidad de emitir moneda para solventar el gasto corriente, mecanismo que estuvo entre los principales factores inflacionarios de la historia económica argentina.

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Estos interrogantes indican la presión que ejerce la tenaza fiscal sobre el Gobierno. Sobre todo si la suerte abandona al matrimonio K y los precios internacionales de las commodities siguen cayendo, alternativa no evaluada al redactar el presupuesto. En ese proyecto de ley aparece otro síntoma de los apuros del Tesoro: se suprime la prohibición de prestar dinero a las provincias, que le fija al Banco de la Nación Argentina su Carta Orgánica. El sueño productivista de Mercedes Marcó del Pont será pronto fiscalista.

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Son urgencias de la política. Los Kirchner ya no se sostienen en la amistad de consumidores de capital simbólico, como Chacho Álvarez, Rafael Bielsa o Luis Juez. Quedaron a merced del humor de los gobernadores (Chaco, Chubut, Santiago del Estero, Salta y Santa Cruz son las provincias que más aumentaron su participación en el gasto nacional), y de los intendentes del Gran Buenos Aires. Gente que, en general, sólo habla de plata ¿Será para el bien del pueblo?

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Armando Maronese

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Fuente: Reuters

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