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Mujer elegante, el poder de una revolución

Por Armando Maronese - 21 de Mayo, 2008, 15:20, Categoría: Opinión

Todos tenemos nuestras ideas claro, pero a veces las tenemos por convicción, por terquedad o por negación. Ser elegante significa saber escoger: elegir entre ser una mujer más, o ser, por el contrario, una revolucionaria que se enfrenta al mundo.

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La elegancia significa la presencia de lo bello en cada mujer, según los ojos del hombre que sabe, que intuye o desea. Pero la elegancia no se consigue solamente con ropa con la cual está vestida la mujer. Otros factores, gustos e intuiciones tienen peso en ello. Que esto quede bien en claro. No hace falta vestirse con las mejores prendas para ello, ya que esto es un falso concepto.

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Tengo una amiga que siempre ha representado para mí un modelo a seguir en el arte de la elegancia. Su manera tan femenina de comportarse, la distinción con la que camina, el destello de sus ojos y la perfecta combinación de su ropa, hacen que todos los que la ven al pasar, volteen hacia ella su mirada.

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Y es que su elegancia no es algo puramente externo, sus maneras femeninas responden a su fondo e interioridad como mujer. De la manera como viste viene después. Tiene mi amiga, una elegancia poseída desde el fondo de ella misma. Podría decirse que es ella una fascinante dualidad de habla y silencio; opacidad y transparencia; interioridad y exterioridad, moda y prudencia. Todo eso la hace elegante, misteriosa y atractiva a los ojos de los demás.

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Por eso la elegancia que aquí me refiero, es esa que se cultiva desde el fondo de la mujer misma y a medida en que pierden la frescura de la juventud, hace que aflore una belleza más auténtica, más serena, más elegante y más verdadera.

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¿Que es la elegancia? Sobre todo es naturalidad y expresión de la propia personalidad. Es saber comportarse, son sus movimientos, ademanes y el saber vestir con buen gusto, aunque no sean ropas de calidad.

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La raíz de la palabra elegancia, proviene de la voz latina eligere que significa "saber escoger". Este saber escoger responde también a la escala de valores que se tenga para regir su vida. ¿Valores? Sí, porque si para la mujer el pudor está considerado como una conducta a seguir en pro de la protección de la propia intimidad, así se reflejará en su manera de vestir.

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Vivir el pudor como valor, es la decisión que hace cada mujer a mantener cubierto lo que no debe ser mostrado, a callar lo que no debe ser dicho, a reservar a su verdadero dueño el don y el secreto que no deben ser comunicados, más que a aquel a quien ella ama. Amar. No hay que olvidar, es donar la propia intimidad.

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Por eso, a la hora de vestirse escogerán aquellas prendas no demasiado escotadas, mostrando solamente lo prudente, el largo de las faldas será considerado y procurarán evitar el uso de las piezas que provoquen escándalo como lo son los vestidos, pantalones y blusas que se ciñen con exceso al cuerpo. ¿Eso significa "vestirse como viejita"? ¡Por supuesto que no! Hay un fino equilibrio entre el ser moderna y ser elegante.

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A la mujer moderna, especialmente a las jovencitas, le cuesta mucho entender hoy en día el concepto del pudor, que se puede afirmar es la raíz de la elegancia. Este fenómeno se da porque las madres de hoy en día, mujeres en sus treinta, cuarenta e incluso cincuenta, se dejaron influir por todo lo que los medios y sobre todo, todo lo que la industria de la moda anuncia. Por supuesto que la moda influye no sólo en la forma de vestir, sino en el modo de vivir.

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Las campañas publicitarias muestran, además de unos colores y unos tejidos, un canon de belleza (el de las modelos) y unos modos concretos de conducta: en la relación hombre-mujer, con los amigos, ante los padres, etc. Por todo esto, se hace importante no tener una mente tan superficial a la hora de escoger lo que va mostrar la dignidad que tienen como mujeres.

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Una mujer con ropa demasiado ceñida se está exhibiendo como objeto de placer, de deseo y como cosa. ¿Dónde dejan entonces a la inteligencia, al auto-control, a la paciencia y a las virtudes que las hacen mujeres únicas e irrepetibles? Una mujer que se viste para llamar la atención de los demás y para exhibir su cuerpo, no podrá nunca ser elegante. Deja de ser interesante, su femineidad comienza a parecer injustamente algo burdo cuando es exactamente lo contrario: algo delicado.

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Ser elegante significa custodiar lo íntimo, ponerse límites y atreverse a ser una mujer que va contra la corriente.

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La elegancia también enseña – ¿Vestirse y comportarse de acuerdo a los valores que se viven y sobre todo hacer uso de la moda de acuerdo a la edad? No es raro ver mujeres de treinta y cinco años vestidas como adolescentes, preocupadas por ocultar el paso de los años.

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La elegancia también enseña. O, mejor dicho, también se enseña. Si son madres de niñas, en lo particular no deben pasar por alto que ellas son el modelo en que sus hijas se verán reflejadas.

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Para hablar en específico de la elegancia desde el comportamiento, si sus modales son distinguidos, recordando que lo distinguido es lo que sobresale, lo elevado, lo señorial y que las sitúa por encima de lo vulgar, desarrollando el verdadero comportamiento femenino, es lógico que esto será un valor para la convivencia dentro de las relaciones humanas que sus hijos, y sobre todo sus hijas heredarán.

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Las niñas lo copian todo, me refiero a "todo". Imitan la forma en que sus madres acogen a su esposo y a los otros; juegan con sus muñecas de acuerdo a la sensibilidad que han depositado en ellas. Miran a los otros con lo profundo de sus miradas y saludan con el calor o la frialdad con que sus madres lo hacen. Copian todas sus actitudes.

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Todo esto viene por la inspiración que la madre pueda dar y sobre todo la interiorización en su ser de que ella, es una mujer. Por eso es importante hacer un auto-análisis de su propia forma de conducirse en privado, es decir con aquellos que le permiten ser ella con toda libertad.

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Más importante aún, es enlazar la forma de vestirse con los valores que quieren inculcar en sus hijas. Por esto:

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- Si quieren hijas que al llegar a la adolescencia no quieran empezar a desnudar su cuerpo con la ropa que está de moda, será importante que desde pequeñitas vayan observando la forma cuidadosa y elegante en que sus madres se visten.

- Si quieren hijas que al llegar a la adolescencia no se decidan sólo por los tenis y los pantalones de tejido fino, será importante acostumbrarlas que a la iglesia se va con vestido y el cabello muy bien recogido, por ejemplo, y no como se esta haciendo en el presente.

- Si quieren hijas que al llegar a la adolescencia sean femeninas, conscientes de su enorme dignidad como mujeres y orgullosas de hacer del pudor un valor que guiará su vida, les tocará a las madres reorientar su conducta en cuanto a la vestimenta que eligen. Después de todo, también tienen derecho a encarnar los valores que harán que emerja un tipo de mujer diferente. No pueden controlar la industria de la moda, tampoco tienen control sobre aquello que sus hijas irán a ver a la calle cuando salgan con sus amigas.

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No pueden controlar la forma en que se visten los artistas, las modelos en la televisión y aquellos personajes públicos que lamentablemente son tomados como modelo a seguir. Pero sí pueden influenciar enormemente, con audacia e inteligencia, el fondo de sus conciencias.
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Enseñarles de una manera creativa, que la elegancia para la mujer es lo que para un pintor como Leonardo Da Vinci representaron las acuarelas, ya que sin ellas no hay pintura.

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Sin elegancia no hay mujer completa, no puede contemplarse el verdadero esplendor femenino que sólo puede nacer de una alma bien cultivada, un corazón disciplinado y una inteligencia consciente de su dignidad como mujer. Eso lo hace, ya se sabe. Tu que eres o que serás madre y que te gusta estar a la moda, como a todas ¿Te lo piensas? Veamos:

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Qué tan elegante eres cuando:

- Te levantas por las mañanas y saludas amablemente con una sonrisa.

- Cuidas de tu apariencia inmediatamente si eres una madre que se queda al cuidado de los hijos.

- Al llamar la atención, al tener una discusión, ¿te controlas? ¿Lo haces a gritos? ¿Eres pesada?

- Al tratar con el personal de servicio.

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Y si eres una mujer que trabaja fuera de casa:

- ¿Va antes tu gusto por la moda, que la imagen profesional que quieres proyectar?

- ¿Saludas de una manera cordial a tus compañeros de trabajo cada mañana?

- Al resolver conflictos ¿Mantienes el equilibrio, eres elegante en tus palabras?

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Como se ha visto, el comportamiento forma parte de la elegancia en una mujer y por esto se hace preciso estar alerta en la forma en que están expresando su femineidad, sobre todo porque la mujer es la que crea el ambiente para las relaciones humanas.

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¿Qué es lo correcto en el vestido? - Hoy en día, vestirse es todo un reto, sobre todo con elegancia. Una mujer se viste de acuerdo a los valores que rijan su vida. Una vez más, es preciso considerar aquello en lo que se cree, lo que ella quiera proyectar y la reputación que quiere lograr a la hora de ir por un estilo que sea el sello de su personalidad, la expresión de su interioridad.

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El valor de la elegancia y la presentación, es innegable en la sociedad en que se vive y que parece regirse únicamente por la apariencia. Sin embargo, como mujeres deben ir más lejos, ser más audaces y más revolucionarias. Eso significa que si la última moda indica que deben usar ropa que pretende "venderlas", entonces es el momento de poner un alto y remar contra corriente. La elegancia y lo revolucionario nace en el corazón, y no en la ropa.

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La mujer elegante y que mide su forma de vestir, llama mucho más la atención que quien desea mostrar todo de golpe. Genera un encanto y un misterio que son... más irresistibles que una minifalda.

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Si se dejan llevar por la moda y quieren exhibirse ¿Dónde dejan el enigma? ¿Qué le reservan al amor de sus vidas? ¿Qué valor se dan a si mismas si parecen que "quieren venderse"? El vestido puede y debe reflejar lo que son en el interior: mujeres que se respetan, que se valoran y que entienden su delicado papel en la humanidad: ser revolucionarias del corazón.

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Armando Maronese 

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