La campaña electoral en Estados Unidos se vio sacudida ayer por un escándalo luego de que se revelara que tres empleados del Departamento de Estado, revisaron ilegalmente datos sobre los pasaportes de los dos precandidatos demócratas, Barack Obama y Hillary Clinton, y del candidato republicano, John McCain.
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El episodio, que agitó el fantasma del espionaje en plena campaña, pone en una situación comprometida al gobierno de George W. Bush, que sostiene que se trató de un caso de "curiosidad imprudente" y no tiene motivaciones políticas. Los empleados que revisaron los archivos trabajaban para un contratista independiente y no tenían autorización para acceder a esa información. Leer artículo completo