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Epidemia de paco en Argentina

Por Armando Maronese - 27 de Julio, 2007, 19:51, Categoría: Droga: entorno-consecuencias

"Paco" o "droga de los pobres". Así llaman los argentinos a una droga compuesta por desechos de la producción de cocaína, en su mayoría altamente tóxicos. Según las Naciones Unidas, el consumo de esta sustancia ha aumentado un 200% en Argentina en los últimos cuatro años, un incremento que supera al del resto de los países latinoamericanos.

Barata y letal - Villa Lamadrid, un barrio pobre al sur de Buenos Aires. Allí, como en otras tantas zonas humildes del país, el paco se ha difundido mucho más que otras drogas por su bajo precio.

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Al respecto, Patricia Segovia, subsecretaria de Atención de las Adicciones de la provincia de Buenos Aires dijo: "Hasta antes de 2001 casi no existían las consultas por consumo de paco. Hoy en día sí tenemos y han crecido si hacemos una comparación con aquel año".

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Las autoridades estiman que en algunas áreas desamparadas de Argentina, cerca del 50% de los adolescentes y jóvenes consumen esa droga que buscan para escapar de sus problemas cotidianos. Esto significa que hay decenas de miles de adictos. Paco es el acrónimo de pasta base de cocaína. Pero lo que se vende como tal son, en realidad, los restos de la producción de cocaína con sustancias tóxicas como ácidos.

Menos de un dólar – Se sabe, que en Villa Lamadrid la dosis cuesta menos de un dólar. Tiene un efecto muy breve de intensa euforia y deja a los adictos con la necesidad de consumir cada día más, por lo que en definitiva terminan gastando más dinero que si consumieran drogas más caras.

El paco se fuma en pequeñas cantidades que se queman, por ejemplo, con un cigarrillo en un trozo de metal, como una lata de cerveza y su humo es inhalado a través de un tubo.

Según el médico Hernán Moure, quien trabaja con adictos, los efectos de este narcótico sobre el organismo son devastadores: "En una intoxicación aguda puede producir trastornos neurológicos como infartos cerebrales o isquemias y, por ser fumado, neumonía o enfisema pulmonar". "Otra de las cosas que encontramos son descensos abruptos de peso, porque las personas dependientes se olvidan de comer. Toda su vida gira en torno de la droga".

Una casa de un vendedor de paco en Villa Lamadrid fue destruida por un grupo de madres frustradas, porque las autoridades no lograban frenar la creciente venta del narcótico a sus hijos. Los dealers huyeron. "Esto funcionaba las 24 horas, abiertamente", contó Isabel Vázquez, del grupo Madres contra el Paco, señalando el predio ahora cubierto de escombros.

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"Nadie protestaba. Muchos decían que tenían miedo o que no afectaba a sus hijos".

"Me pedía más y más" – En un centro de recuperación de adictos en Lomas de Zamora, también al sur de la ciudad de Buenos Aires, que atiende a más de 200 jóvenes, hay personas que están intentando abandonar la adicción al paco con la ayuda de médicos, psicólogos y trabajos en una granja.

Alexander Zárate, de 20 años, dijo que comenzó a consumir la droga a los 13 años y que llegó a ver incluso a niños comprando la sustancia. "Cuando apareció el paco acá, en Argentina, lo probé y me gustó. Yo sentía placer al fumarlo y el cuerpo me pedía más y más. Llegué a inhalar hasta 120 dosis en un solo día".

Muchas veces los adictos llegan a cometer delitos para conseguir dinero y comprar más paco, como relató Benjamín Dabate (21), otro joven en rehabilitación. "Hice de todo para llegar a consumir, desde vender mi ropa hasta robarle a mi familia o a la gente que pasaba por la calle. Por eso estuve muchas veces preso".

Prácticamente todos los adictos o ex adictos afirmaron que su dependencia al paco tuvo un gran impacto en sus familias.

Xoana Zárate (21), hermana de Alexander, asintió: "Era sufrido porque Alex desaparecía hasta tres días; teníamos que ir a buscarlo a veces de noche. Nos robaba dinero y objetos. Hasta que mi madre decidió internarlo".

Doble exclusión - Desde el punto de vista sociológico, el paco genera una "doble discriminación", según explicó Hugo Míguez, consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) especializado en drogas en América Latina.

"Los 'paqueros' generalmente pertenecen a la población más desfavorecida. Pero dentro de ella son excluidos por sus pares, que los ven como gente peligrosa que les va a robar. De este modo se rompe el contrato social en esos grupos".

Las autoridades admiten que los jóvenes figuran entre los pocos que están siendo salvados. Estos, por su parte, dicen sentirse afortunados por vislumbrar ahora un futuro para sus vidas.

"Yo quiero ser feliz, tener trabajo y darles a mi mujer y a mi hija la familia que no han podido tener", comentó Alexander.

Benjamín, en cambio, ve su porvenir como corredor de rally: "Mi papá me prometió que cuando termine de recuperarme me va a comprar un auto de carrera".

El paco comenzó a comercializarse entre los argentinos después del colapso económico de 2001. Las autoridades creen que ello se debe a que cada vez más narcotraficantes de Colombia, Perú y Bolivia han mudado sus laboratorios de cocaína a Argentina, donde encuentran más disponibles las sustancias que necesitan para fabricar la droga.

"Hoy nuestro país está produciendo cocaína en las llamadas 'cocinas' y, como consecuencia, el detrito de esa fabricación -es decir, el paco-, se negocia en núcleos altamente vulnerables", explicó el experto en drogas Hugo Míguez. En cambio, la cocaína es vendida a los argentinos pudientes y exportada a Estados Unidos o Europa.

Entre los especialistas hay coincidencia en que, si no se atiende a los sectores más desamparados de Argentina, la difusión del paco podría derivar en una crisis de salud pública y desastrosa.

Armando Maronese

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