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Renacer como persona o conocernos desde una mirada diferente

Por Armando Maronese - 25 de Junio, 2007, 2:06, Categoría: Opinión

"Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo", dijo León Tolstoi.

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"Renacer como persona" es, ni más ni menos, una simple expresión de deseo, donde, mágicamente, nos proponemos dejar de ser lo que somos para ser alguien totalmente diferente.

Para poder renacer, primero hay que morir. No se muere a medias, se muere todo. Esto me lleva a preguntar: ¿Estaremos tal mal con nosotros mismos, que no nos podemos ver algo bueno para rescatar? Si esto es así, es que estamos mal, pero muy mal. Soy un convencido que no nos han enseñado a ver lo bueno. Nos han marcado más los errores que los aciertos.

Pensemos, ahora, en la palabra nacer. Casi siempre aparecerá ante nosotros, la imagen de un bebé desnudo, sostenido de sus pies llorando. "Como Dios nos echó al mundo" es la frase de la sabiduría popular que la acompaña. ¿Despojados de todo?. Por supuesto que no. Ya sea le demos una respuesta desde la ciencia o desde la fe, las dos nos dirán que nacemos con un cúmulo de posibilidades, de tendencias. Éstas se desarrollarán a lo largo de nuestra vida y del encuentro con el entorno que logremos construir, positiva o negativamente; nuestro ser persona.

Herman Hesse, dice que "el pájaro para nacer rompe un huevo, el hombre rompe un mundo" (la versión original se encuentra en su libro Démian).

El ser humano nace y se comienza a vincular con los otros. Este vincularse y de la manera como se hace, deja en nosotros una impronta, un sello, una marca. Lo que nos rodea es tan importante como lo que traemos.

Si deseamos renacer, para vernos y ver la vida desde un lugar diferente, ¿debemos también, cambiar las personas con los que nos fuimos vinculando? El no hacerlo, implicaría correr el riesgo que la historia volviera a repetirse. La palabra renacer está implicándome un cambio total.

Llegado a este punto, nos damos cuenta que debemos encontrar otra expresión que signifique esta modificación que queremos realizar en nosotros; potenciando lo que tenemos de positivo y transformando lo negativo. Descubrirnos como personas desde un lugar y una mirada diferente.

Hoy en día, son muchos los que buscan la fuente de satisfacción en mostrarse fuertes, competitivos, agresivos y por que no casi omnipotentes, creyendo que en esta manera de relacionarse con el mundo, les da la garantía para poder sobrevivir en la sociedad. Se olvidan de sí mismos construyéndose desde la superficialidad.

Al no tener buenos cimientos, la consecuencia lógica es que en algún momento de sus vidas, ésta "pseudo fortaleza" se quiebre. Es una máscara hecha a la medida, de lo que en realidad suponemos lo que deberíamos ser, que esconde lo que en realidad somos.

Mostrar lo que uno es, enfrentarse a sí mismo con honestidad y sinceridad para conocer nuestros limites, debilidades y virtudes, nos acerca mucho más a nuestra condición humana. De tanto mentirnos, de tanto usar máscaras, hemos terminado por creer que somos lo que realmente no somos.

Debemos descubrirnos desde nuestra manera real de ser, de pensar, de sentir y actuar. Somos lo que somos y desde allí comenzar la modificación. Lo realmente bueno de esto, es que al asumirnos como seres humanos imperfectos, podremos integrar en nuestra vida errores y fracasos para aprender de ellos y de esta manera, intentar una transformación desde lo profundo.

Desde ahí aflorará en nosotros una nueva sensibilidad, que nos hará vincularnos de una manera diferente con los otros. No nos importará aparecer socialmente como seres limitados e imperfectos, nos ayudará a cuidarnos y a cuidar al otro.

Aprenderemos a saber cuando, donde y ante quien mostrarnos, seleccionando los ámbitos más propicios de comunicación de nuestra interioridad. No se trata de dar compasión, sino de mostrar nuestra manera de ser y sentir.

Muchas veces, el miedo imposibilita esta nueva mirada sobre nosotros mismos. Miedo a sufrir, miedo a ser abandonados, a dejar de ser queridos. Miedo, por sobre todo, a no tener la capacidad o la voluntad para modificarnos. No nos damos cuenta que tenemos alma, cerebro y fe en algo. Nuestro corazón, nuestra fe y nuestro amor, es nuestra fortaleza y nuestra garantía. Nuestro corazón, nuestra fe y nuestro amor nos ama y quiere nuestra felicidad. Ellos nos darán su ayuda en la medida que nos ayudemos. Conozcamos nuestro corazón y ante él no valen las máscaras.

Una verdadera conversión, comienza desde lo que realmente somos y no de lo que suponemos que somos o lo que es aun peor, de lo que creo que los demás suponen que somos. Dejemos de lado las máscaras.

Armando Maronese

L, 25 de junio de 2007

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