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La viveza criolla nos mantiene en la mediocridad que merecemos

Por Albertina Marquestau - 1 de Junio, 2007, 21:44, Categoría: Opinión

En una sociedad en la que se pretende tener canales de cable sin pagar el abono mensual, pagar con un billete falso al verdulero en vez de romperlo, observar con indiferencia a un niño que pide una moneda y hacer creer a la población que los gobernantes cumplen con lo que prometen en las elecciones, no es nada fácil sobrevivir.

En su último libro "La revolución de la sensatez", el psicoterapeuta y educador de reconocida trayectoria, Julio César Labaké, hace un aporte a la discusión sobre la condición humana en una sociedad desencantada, resignada a observar y sin capacidad de reacción.
Asegura que "vive con la absoluta convicción de que la vocación de la vida no es un llamado absurdo y monstruoso, sino una responsabilidad que nos cuestiona y nos dignifica" por eso dice, que "es absurdo pensar que la vida no tiene sentido" y apuesta "a la esperanza y a la fe en que nuestra capacidad de pensar y discernir debe operar un cambio radical y profundo en esta sociedad".

Labaké propone aquí algunos caminos para la reflexión que tienden a cambiar la sociedad globalizada y a recuperar los valores que dignifican a los seres humanos.

- ¿Vivimos en una sociedad insensata, absurda?

-  Sí, y esto lo digo por la situación social en que vivimos.

Vivimos en un mundo de exclusión estructural del trabajo. Vivimos en un mundo donde la inseguridad es una cosa cotidiana. Vivimos en un mundo donde la indiferencia del esfuerzo se ha hecho crónica. Vivimos en un mundo donde pareciera que no atinamos a gobernar con sensatez. Vivimos en un mundo donde pareciera que hay poderes más allá de la buena voluntad de los gobernantes que hay en cada país que a su vez, tienen la capacidad de limitar la acción de los gobiernos que democráticamente se eligen. Y vivimos en un mundo donde la vida y la muerte se han hecho demasiado próximas y parecidas. Donde se puede matar con mucha facilidad. Donde puedo matar en un accidente o por droga. Como dice Lipovetsky (La era del vacío), como si la diferencia entre la vida y la muerte casi ya no existiera porque no tenemos motivos válidos para amar y defender la vida. Todo eso me llevó a sentir que estamos viviendo en un mundo que está creando un caos en la conciencia personal y en el inconsciente colectivo, y eso genera absurdo. Y si hay algo terrible en la vida de los seres humanos, es vivir con la sensación de que todo es absurdo. El absurdo es un cáncer que nos come la vida.

- Aparentemente es la única forma de vivir que tenemos hoy...

- Eso es lo que parece. Yo diría todavía más, sin intentar demonizar a nadie. Ese es el discurso que se nos está vendiendo. Se nos hace ver que es una imagen de la realidad y se nos hace ver esta imagen de la posibilidad de organización económica macro del mundo como si fuera de verdad la única, y eso no es verdad. Por eso el libro es un gran ejemplo de la vida, en contra de esta sensación oprimente de absurdo que nos hace mucho daño si sigue creciendo.

- Por qué los chicos con tanta facilidad se drogan, por qué los chicos con tanta facilidad se matan. Tenemos una estadística de suicidio espantosa. La edad ha bajado a 12 años. Algo está pasando que la vida no tiene recursos para defender suficientemente a tiempo.

- En la sociedad actual la vida no tiene valor y la muerte aparece como algo cotidiano...

- Sí, y se juega con la muerte. Estamos absolutamente en el absurdo.

- En el libro yo cito una obra escultórica del grupo "Escombros" que vi en ArteBa 2004 que representa una plaza desoladísima sobre un fondo negro con un pequeño hombre diminuto sentado en una silla en el vacío y en el perímetro de ese mármol los autores escribieron este texto: "No hay reglas, no hay señales, no hay límites, no hay certezas, esto es la realidad y es lo que expresamos. La forma de un mundo que carece de forma".
Esto tiene correlatos inmediatos en esta dolorosa y queridísima Argentina.

- El chico Junior que en Carmen de Patagones mató a seis compañeros del curso, no los mató de un día para el otro, sino que los venía matando con la desesperación de no tener sentido para vivir. Esto se vio cuando después se encontró en su pupitre y que demostraba su alma desolada cuando decía: "El sentido de la vida de los hombres es la mentira, lo mejor que puede hacer el ser humano es suicidarse. Si alguien encontró el sentido de la vida, por favor escríbalo acá". Que después de eso se enloquezca y mate a seis compañeros, a mí ya no me extraña. Cuando se pierde el sentido y se llega al absurdo, ya es posible cualquier cosa porque nada vale más que nada.

Otros culpables

- La economía ¿juega un papel muy importante en esta sociedad?

-Yo divido para hacer el análisis de los tiempos naturales que desembocan en esta modernidad líquida según la expresión de Bauman Zygmunt o posmodernidad, según Lipovetsky, en tres grandes períodos a la cultura. Hasta la Edad Media la característica era que se absolutizó la obediencia, ya sea religiosa, política o social. El papá ordenaba con quién se iba a casar la nena de 10 ó 12 años y el señor feudal tenía el derecho de acostarse con la mujer que se acababa de mudar de casa. El espanto hecho obediencia porque se lo absolutizó.

- Cuando surge la Modernidad, crecen las ciencias, el uso de la razón científica, y ahí cometimos el segundo error. Absolutizamos la razón científica creyendo que iba a resolver todo. Pero la razón científica aceleró el crecimiento de las ciencias y de la tecnología, cosa que sí fue importante. Entonces en la Revolución Francesa tuvimos el espectáculo de hordas que derribaban estatuas y cosas que simbolizaban algo del período anterior y entronizaban la estatua de la razón. Pero era la razón científica, no la integral humana.

- Pero es cierto que esto produjo un estallido enorme de las ciencias y la técnica que produjo, paulatinamente, una gran acumulación de capitales. Allí es cuando llegan las dos guerra mundiales y el hombre siente una honda decepción porque la razón científica los había llevado a Hiroshima, Auschwitz, entonces ya se empieza a desconfiar de ella. Pobre del hombre que sólo tiene la razón, la razón científica.

- Entonces ocurrió el tercer gran momento cultural que es el que estamos. Ya no se quiere la obediencia absoluta, ni la razón científica, pero se cae en la libertad absolutizada. Entonces se cae en que cada uno hace lo que le parece y no hay reglas a las cuales atenerse. Esta libertad se absolutiza, cuando ya no hay nada a qué rehilarme porque vale más que yo para organizar mi vida, surge un descontrol. Estamos viviendo los frutos de una libertad absolutizada pero con un aditamento, que los grandes poderes económicos internacionales organizados tienen tanto poder, que pueden someter a un límite a las democracias nacionales. Pero ocurren problemas sociológicos muy graves. Este poder económico se emancipa de la política y la ética. Entonces ya no busca, como los estados nacionales democráticos, el bien común de los ciudadanos. A la economía lo que le interesa es seguir ganando más en menos tiempo y a menos costo. Con lo cual entramos en un tiempo en el cual se nos condiciona para que consumamos y no pensemos demasiado, aquello que Adorno nombraba como "el pensamiento ingenuo". Nos están habituando a creer que esto es así.

- ¿Y por ello de alguna manera vivimos en una sociedad enferma donde reinan los depresivos?

- En gran medida. Yo trabajo como psicoterapeuta y estoy todos los días en el consultorio. Hoy en día no aparecen histerias como en la época de Freud, lo que aparece con una frecuencia dolorosa son depresiones de una o de otra categoría. Porque el hombre siente que le están quitando las razones para vivir, el sentido de la esperanza.
Por eso en el libro digo que tenemos que hacer la revolución de la sensatez, pero no como una cosa dogmática o moralista, es en defensa de la vida. Este libro quiere ser un canto a la esperanza de que el mundo puede vivir de otra manera. Por eso en un momento comparo el mundo de hoy -lo digo con ternura, con dolor sintiéndome acompañando a los que sufrieron más-, vivimos en una inmensa República Cromañón. El mundo es República Cromañon Estamos enloquecidos tirando bengalas que nos van a quemar. La guerra en Irak, la proliferación de la droga, el armamentismo de los civiles y de los no civiles que provoca guerras, a esto hay que ponerle una resistencia. El mundo no es ni determinista ni puro azar. El mundo está librado a la condición de la responsabilidad humana porque al hombre se le ha dado un elemento distinto del que tienen los vegetales y los animales de resolver la vida.

- A los vegetales se les han dado los tropismos, hidrotropismo, geotropismo, eleotropismo para que sean un buen rosal. A los animales se les dieron los instintos para que sea una buena vaca. Y al hombre se le dio la razón -como dice Erwin Laszlo en su libro La gran bifurcación- que es un instrumento de todo o nada porque me lleva a tener libertad de opinión. Yo puedo elegir bien o mal, pero estamos eligiendo mal. Y cuando se elige mal se pone en peligro no solamente mi vida, sino también la vida de la biosfera y esto es grave.

¿Ser humano?

- Por eso usted dice que el gran tema del ser humano es que, para ser humano, necesita ser un buen ser humano...¿cuánto nos falta para ello?

- Creo que es uno de los ejes en que se apoyan las encuestas al planteo del absurdo.
El hombre es de tal naturaleza que para ser humano, no ser déspota, cruel o absurdo, necesita ser un buen ser humano es decir, cultivar ciertos valores que valen tanto que merecen que el hombre organice su vida de acuerdo a ellos. Que asuma y se entregue a vivir los valores, el amor, la libertad, la justicia social, el valor del dinero que es de función humana y no económica, la endogamia económica nos está destruyendo el tejido social y va a llegar un momento en el que la rebeldía de los desheredados nos va a asustar a los que todavía tenemos de qué vivir medianamente.

- El ser humano para ser humano, tiene que ser un buen ser humano. Tiene que admitir que hay algo que lo liga, "el otro me compromete antes de todo pacto". Antes de que se declararan los derechos universales del hombre en la realidad, el hombre estaba comprometido a respetar esos derechos porque el otro me compromete antes de que yo descubra que me compromete. Yo debo respetar a mi mujer antes de escribir en algún lugar que me casé con ella para protegerla. Lo mismo con mis hijos, todo esto por el solo hecho de que el otro está, entonces yo soy responsable de él, soy responsable de que la economía funcione para el bien de la humanidad, soy responsable de no multiplicar la proliferación de armas y tantas barbaridades de este sistema perverso.

- En ningún momento en el libro yo he demonizado personas, pero sí el sistema. Este sistema economocrático porque las democracias están limitadas por el poder económico, por eso hablo que la fuerte etapa cultural en la que hemos entrado es la que tiene como epicentro la economía. A esto yo lo nombro economocracia, que dispone de excesivo poder, emancipado de la política y de la ética, ha generado el gobierno de la economía. Este es el gran peligro. Cómo se sale de esto es la gran pregunta.

- Me imagino que su anhelo es que se logre esta Revolución de la Sensatez que usted propone...

- Yo sé que esta es una modesta contribución, un granito de arena pero la cultura se va cambiando con mucha lentitud. Lo que no tenemos que hacer nunca, es creer que no hay nada que hacer. Eso es lo que nos han hecho creer para mantenernos manipulados y dominados bajo el poder de este sistema inhumano.

- Sí se puede hacer, pero hay que ir a la raíz. Yo digo que la base para un cambio cultural serio llevará tiempo. Y comienza por la recuperación de la capacidad de ser seres homo sapiens y no homo demens, como estamos empezando a ser. Hay que aprender de nuevo a pensar. Cuando se empieza, uno supera el pensamiento ingenuo, ese que permite que nos manipulen, ese que nos hacen creer que esto es así y que irremediablemente tendrá que seguir siendo así, acomodémonos al espacio y modo de vivir que nos dejan y esto no es verdad. La rebeldía verdadera es contra el absurdo.

- Los argentinos en esto tenemos un problema que resolver. Somos, por una tendencia que no hemos dudado, los eternos violadores de la ley. El día que recuperemos la sensatez de pensar en serio, nos vamos a dar cuenta de que vivimos burlando la ley. El recordado Carlos Nino en su último libro dijo que los argentinos vivimos al margen de la ley y nos englobamos en el término "anomia boba". La anomia es una falta de ley, y boba porque en definitiva nos estamos destruyendo por no cumplir la ley. Cuando uno aprende a pensar descubre que la ley, que es nada más que la defensa de los valores necesarios para una vida sana, es buena porque es la defensa de los valores. Toda ley tiene razón de ser y poder porque es la defensa, custodia y promoción de los valores fundamentales que el ser humano necesita para vivir humanamente.

- Un país que se vive burlando de la ley, que inventó la viveza criolla, tiene que ser consciente en algún momento de que esa viveza lo está manteniendo en un nivel de mediocridad que no nos merecemos. Acá hay una gran tarea del hogar, de los adultos responsables, de la escuela que enseña muchas cosas pero que no enseña a pensar, y de la universidad que no da una visión humanística profunda para saber que las matemáticas y la computación son para la vida, no para saber más. Esta es la tarea enorme que tenemos que ir emprendiendo.

por Albertina Marquestau

Vi, 01 de junio de 2007

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