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Tercera edad ¿De qué estamos hablando?

Por Armando Maronese - 27 de Abril, 2007, 1:23, Categoría: Opinión

Todas las personas, desde su nacimiento hasta su muerte, pasan por distintas etapas. Tres son las principales: juventud, adultez y madurez y, por último, la vejez. Fue el gerontólogo francés Huet quien definió a esta última como "tercera edad". Sólo se suavizó la terminología, ya que, para nuestra sociedad, vejez, es una palabra que a muchos atemoriza.

"Para la sociedad, la vejez parece una especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar" Simone de Beauvoir.

¿Qué es la vejez? Según su definición, la palabra vejez tiene diversas acepciones como calidad de viejo; cosa vieja y desusada (se refiere en calidad de objeto del pasado, tardío, fuera de tiempo). Como toda definición no dice lo que realmente es; para algunos es una construcción social como lo es la adolescencia.

No han faltado los personajes que la han vivido como algo nefasto. Jorge Luis Borges, escritor argentino, dijo de su vejez: "Me he resignado a la vejez y a la ceguera, del mismo modo que uno se resigna a la vida. A los 24 años se trata de ser Hamlet, de ser Lord Byron, de ser Baudelaire. Uno cultiva la desdicha. A los 80 años se advierte que la desdicha no es necesario cultivarla". Otros la han descripto desde una mirada positiva como Víctor Catalá que afirma: "La vejez, es madre de la experiencia y la experiencia es madre de la sabiduría. Todos los milagros puede hacer la ciencia, menos de dotar a la juventud de esta presbicia maravillosa que permite a los ojos sin llamas de los viejos, extender la mirada aquí y allá, hasta los confines más apartados de la vida".

Estas dos posiciones estarían comprendidas desde la teoría psicosocial de Erikson. Según este autor cuando los adultos entran en su etapa final de la vida, su tarea consiste en contemplar su vida en conjunto y con coherencia. Necesitan aceptar su propia vida tal como la han vivido y creer que lo hicieron lo mejor posible  de acuerdo a sus circunstancias. En la vejez, la persona pasa por la crisis final de integridad vs. desesperación, la cual finaliza con la virtud de la sabiduría. Afirma que "las personas que han tenido éxito en esta tarea integradora final construyendo sobre los resultados de las siete crisis previas, ganan un sentido más amplio del orden y del significado de sus vidas dentro de un ordenamiento social más grande, pasado, presente y futuro.

La virtud que se desarrolla durante esta etapa es la sabiduría, un despreocupado e informado interés por la vida de cara a la muerte en sí misma. Tarea, entonces, que demarca la aceptación de lo vivido sin arrepentimientos por lo que fue y por lo que no fue por un lado y por otro la aceptación de la cercanía de la propia muerte como fin inevitable de la existencia de la vida. Los ancianos necesitan aceptar sus vidas y su proximidad a la muerte; si fracasan, se sentirán abrumados, desesperados al comprender que el tiempo es demasiado corto para comenzar otra vida y, por tanto, serán incapaces de aceptar la muerte".

Para Víctor Frankl, la vejez, es la edad de la noética. La noética es la capacidad de percibir valores y vivir de acuerdo a ellos, en lo espiritual en el hombre. Esta dimensión se desarrolla durante todo el proceso evolutivo de las personas pero es en la vejez, en la tercera edad, donde manifiesta su máxima posibilidad expresiva, el momento de su plenitud.

Se hace palpable en atributos tales como la sabiduría, la serenidad, la profundidad, la experiencia. Existen muchas otras teorías pero, a pesar de los intentos por dar respuestas, ninguna de ellas explica los sucesos complejos que se dan durante la vejez. "No hay propiamente edad de la vejez; se es viejo cuando se comienza a actuar como viejo" afirma Georges Clemenceau. Y qué no sería actuar como viejo. Según Erikson "la edad adulta tardía es también una época para jugar, para rescatar una cualidad infantil esencial para la creatividad. El tiempo para la procreación ha pasado, pero la creación puede tener lugar todavía. Aún a medida que las funciones del cuerpo se debilitan y la energía sexual puede disminuir, las personas pueden disfruta una experiencia enriquecida, corporal y mentalment"". J. Guijosa Allosa en concordancia con lo anterior opina: "El envejecimiento es un proceso biológico, pero la vejez es un fenómeno cultural. Total una enfermedad inevitable. Sólo es viejo el que ha dimitido de sus posibilidades creativas frente al mundo de los seres y las cosas, y es bien cierto que muchos ancianos fallecen a muy altas edades, sin haber conocido la vejez".

La Tercera Edad o vejez tendría como comienzo cronológico el retiro de la actividad laboral, aproximadamente a los sesenta y los sesenta y cinco años, pero en realidad los cambios comienzan algunos años antes. Varía de cultura en cultura y de período histórico en período histórico. Es decir, la vejez es tan plural como las condiciones en las que se vive y de las que se proviene. Si a eso le sumamos la manera particular de enfrentar la vida que tiene cada uno, podremos compartir con Simone de Beauvoir, que cada uno envejece de acuerdo a como ha vivido. María Cosi Boada, en su libro "Siempre hay un Mañana" opina "El envejecimiento no está en razón del número de años que se han vivi­do, sino en cómo se han vivido esos años. Ser viejo no es lo mismo que estar viejo".

Queda claro entonces que el envejecimiento psicológico de un individuo es la consecuencia de la acción del tiempo vivido y percibido por él sobre su personalidad. Las posibilidades de adaptarse a las nuevas situaciones y puestos que la sociedad y la familia le ofrecen, están determinadas en el anciano por su pasado y sus capacidades de comunicación y respuesta.

En 1970 Beauvoir escribía "Todo el mundo lo sabe: la condición de los viejos es hoy escandalosa. Antes de examinarla en detalle hay que tratar de comprender porqué razón la sociedad se desentiende tan fácilmente de ella. De una manera general cierra los ojos a los abusos, los escándalos, los dramas que no conmueven su equilibrio; no se preocupa más de la suerte de los niños abandonados, de los jóvenes delincuentes, de los disminuidos, que de los viejos. Pero en este caso la indiferencia resulta aún más asombrosa; cada miembro de la colectividad debería saber que su porvenir está comprometido... La clase dominante es la que impone a las personas de edad su estatuto, pero el conjunto de la población activa es su cómplice... Una sociedad de una totalidad destotalizada".

La vejez, es un poema de Maria Cornelia Méndez Casariego de Arigós, de 74 años. Ganó el 1° premio de poesía de la Municipalidad de La Plata en el Certamen Abuelos Bonaerenses 1998. De este poema transcribo partes.

                                       Cuánto me costó, amiga, conocerte,

aceptar que llegaste a mi vida,(…)

Qué inocente y total ingenuidad,

tú vienes como todo llega un día (…)

Decidida a enseñarnos, con paciencia,

que nunca vienes a destruir destinos,

si descubrimos esa vieja ciencia,

de transitar alegres tu camino.

Aprender a gozar de nuestros hijos,

de lo que hoy nos dan, sin pedir nada (…)

Vivir de cada nieto, una alegría,

mirar en ellos toda nuestra infancia (…)

Y, por fin, conservar nuestros amigos,

aquellos que sentimos alejados,

los que viven felices y queridos,

y los que viven solos y olvidados.

Encontrar cosas nuevas cada día,

como el comienzo de una etapa más,

pero poniendo en todas, la energía

con que empezamos el acto final.

Y esperar a la muerte sin temores,

con fe sincera y corazón sereno,

porque supimos perdonar errores,

y morir, al final, ¡es lo de menos!

Armando Maronese

V, 27 de abril de 2007

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