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El hombre moderno

Por Armando Maronese - 21 de Abril, 2007, 21:09, Categoría: Opinión

I - LA FALTA DE INTERIORIDAD - Generalmente hablando, actualmente el hombre carece de vida interior y con esto me refiere al fondo del hombre. El hombre vive más exteriormente que interiormente. Al hombre le falta la meditación y el silencio, no pone en practica la vida interior y ya no puede estar a solas consigo mismo, pues nuestra cultura es, en gran parte, una cultura de evasión. Esta actitud de evasión, se relaciona con el hombre prometeico, que es aquel al que le gusta centrarse hacia el exterior de sí mismo.

El hombre se percibe como un conglomerado de funciones: función biológica, sexual, social, política..., como si no tuviera una naturaleza humana. La vida va tomando el carácter de trámite y expediente lo cual contribuye a una creciente desinteriorización.

El hombre nunca había dispuesto de tantos medios, como en la actual edad de medios, tan numerosos y tan eficaces, para destacar todo lo que pueda poner en cuestión dicha actitud, todo lo que pueda perturbar el goce de la evasión, todo lo que pueda poner sobre el tapete de su alma el misterio de la existencia. El hombre se percibe como un conglomerado de funciones con arraigos esenciales en sí y en los demás.

II - EL DESARRAIGO - El hombre de hoy es un hombre que ha perdido sus arraigos, el hombre es orgánico cuando se integra a un organismo; el hombre inorgánico es un ser aislado, de las ligaciones que debieron sustentarlo y darle vida.

El hombre ha ido perdiendo sentido íntimo, intuitivo y tradicional de los valores, que le hacían perseguir su propio fin casi sin darse cuenta.

La perdida de las raíces, hace que el hombre se encuentre tan desorientado; el amor de lo cercano concentrado, se devalúa así en amor de lo lejano abstracto, lo cual es una manera hipócrita y la más odiosa de amarse a sí mismo.

Un dato altamente expresivo de este desarraigo del hombre moderno, es la aparición de los productos llamados "descartables". El desarraigo es el fruto del gran proceso revolucionario del mundo moderno. El hombre cada vez queda más solo e inerme ante un Estado cada vez más omnipotente, sin raíces en las familias, en las asociaciones intermedias, en la patria, en Dios.

III - LA MASIFICACIÓN - La masa puede definirse como un hecho psicológico, sin necesidad de que emerjan los individuos que en ella se aglomeran; la masa es lo que vale por su peso y no vale nada  desmembrada.

Existen dos tipos de masificación. Una es transitoria que consiste en que los hombres pierden su facultad de pensar libremente y de tomar decisiones; la segunda masificación se denomina crónica, que se realiza cuando la gente pierde de manera casi habitual sus características personales, preocuparse ni de verdades, ni de valores.

El hombre-masa, es el hombre que se ha perdido en el anonimato del "sé", una especie de "ello" universal e indiferenciado. El hombre es gregarious, que ha renunciado a la vida autónoma, adhiriéndose gozosamente a lo que piensan, quieren, hacen u omiten los demás.

Lo peor, es que al hombre masificado le hacen creer que por su unión con la multitud, es alguien importante. Es un hombre que no tiene carácter y conciencia, es el hombre que integra la manada, no analiza, sólo hace lo que los demás hacen o le piden que haga. Es un Hombre sin libertad.

IV - EL IGUALITARISMO - Esto en lo que atañe a los hombres. Si vamos a las mujeres, el asunto se vuelve más interesante. Éste concepto tan sano de lo que debe ser una sociedad y que el mundo griego supo plasmar en los hechos.

La identidad de los miembros de una sociedad resulta siempre antihumana, es propio de los hombres la variedad, lo que permite mayor capacidad inventiva y la consiguiente fecundidad.

V - LA ADICCIÓN TELEVISIVA - Cuando la televisión suple la lectura, produce imágenes y anula los conceptos; de este modo atrofia la capacidad de entender.

El imperialismo de la imagen va demoliendo el reino de la palabra y de la inteligencia, con un acercamiento a la estupidez y a la necedad; la imagen televisiva y la consiguiente adicción de quienes la frecuentan, señala un hito en la historia. Todo hombre moderno es un miserable periódico, y ni siquiera uno del día, sino que es como un miserable viejo periódico de ese día.

Un aspecto no descartable, es el influjo de la televisión en el seno familiar, que hace casi imposible la comunicación en familia.

En la actualidad, la mayoría de las personas aprenden un vocabulario de la televisión que viene siendo una nueva cultura oral. Tanto los conceptos como los juicios que tenemos en la mente, no son visibles sino inteligentes. El imperialismo de la imagen, va demoliendo el reino de la palabra y de la inteligencia. Un aspecto no desdeñable, es el influjo de la televisión en el seno de la familia. El hombre ha quedado preso de la máquina que el mismo inventó.

VI - LA URBE MACROCÉFALA – Actualmente, el hombre es modelado e influenciado por la ciudad en la que habita. Sin embargo, las ciudades son convenientes por la necesidad que tenemos de vivir con otros, ya que nadie es autosuficiente.

Antes, en las ciudades, todos se conocían y había mas interrelaciones personales y ahora, las ciudades despersonalizan por lo anónimo. Las personas son indiferentes entre sí y sólo se esfuerzan por gozar de placeres mezquinos y miserables. Nadie está dispuesto para nadie, sino para lo que le sirva a sus intereses.

Para protegerse del desarraigo de la ciudad, el hombre se encierra en si mismo, se retrae, reacciona con una aptitud egoísta y, por lo tanto, existe un individualismo extremo. Como es cada vez más grande el peso social, el hombre busca hacerse notar y ser original para salvaguardar su propia personalidad.

En las grandes ciudades hay nerviosismo y tensión y ese ritmo de vida es muy vertiginoso. Lo más preocupante, es que este proceso se agrava con el tiempo.

Las ciudades microcéfalas constituyen el propio ejemplo de un verdadero atentado contra lo humano, ya que no existe la tranquilidad ni la paz, se podría decir que se vive en un mundo casi desconocido, ya que ni siquiera se conoce a la persona de enfrente del mismo edificio.

VII - LA TÉCNICA DESHUMANIZANTE Y EL ECONOMISMO

El progreso técnico tiene aspectos positivos y cuando se aplica de manera incorrecta, se convierte en peligro e implica graves tentaciones.

VII.1 - La economía y el hombre tecnificado: La técnica fácilmente se vuelve peligrosa cuando se hipertrofia. Cada día facilita un nuevo invento que el hombre utiliza. Los grandes triunfos innegables de la investigación científica y de la tecnología, han contribuido a difundir la mentalidad cientificista, que parece no encontrar límites. El hombre económico se identifica, sin más, con el homo a secas, pues lo fundamental es el desarrollo económico.

VII.2 - Perspectiva del proceso económico: El desarrollo técnico, cuyo motor es la economía, llevaría al mundo a la felicidad total, ya que el hombre se volvería autoabastecido de sí mismo. Como se ve, de la multitud de los humanos, sólo la de algunos tiene sentido. La vida de la mayor parte ya no es legítima sino tolerada, con sentido por pura benevolencia, por sentimentalismo.

La economía se ha globalizado, en manos del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y de otros entes, organismos multinacionales, que resuelven lo que cada gobierno debe hacer. La economía nacional ya no existe, las naciones son meros municipios de la economía globalizada. Todo esto se hace en nombre de catástrofes inminentes, de las que hablan sin entrar en detalles.

El motor de la economía es el desarrollo técnico. El hombre auto endiosado por el materialismo, acaba por destruirse a sí mismo. Parece incontrovertible que este tipo de materialismo está en estrecha relación con la hegemonía universal, que va adquiriendo la ciencia económica. El progreso tiene efectos francamente positivos. Sin embargo, cuando la técnica se desorbita, se convierte en poco menos que un objeto de adoración, que acarrea tentaciones y peligros. La técnica ofrece al hombre una gran cantidad de posibilidades de progreso técnico.

Homo faber es una locución latina que significa "el hombre que hace o fabrica". Se usa principalmente en contraposición a "homo sapiens", la denominación biológica de la especie humana, locución también latina que significa "el hombre que sabe". El triunfo del homo faber significa el triunfo del hombre en cuanto a "fabricador de objetos".

VIII - EL CONSUMISMO - Otra característica del hombre actual es el consumismo y se denomina así, cuando el dinero domina al hombre, la ciudad se convierte en un gran mercado y su habitante pasa a ser un productor y consumidor.

El hombre económico tiene dos caras: la de empresario y la de consumidor. El empresario se preocupa por la prosperidad de su negocio y las tendencias del hombre de negocios son:

1.- Tener más y ser más grandes que los otros.

2.- La celeridad para llevar a cabo sus propios planes económicos, es tan importante como su carácter masivo.

3.- Tiene anhelo de poder.

Casi todos los empresarios trabajan hasta el límite de las posibilidades humanas, lo cual es dañino.

Lo propio de los valores económicos, consiste en ser intercambiados y consumidos; lo de los valores espirituales en ser expresados y comunicados.

Al hombre "ligth" no le interesan mas los héroes y los santos, como en otras culturas; sus modelos son los que han triunfado económicamente, gente llena de cosas, pero a la intemperie metafísica en general, el bienestar material se incrementa mientras el desarrollo espiritual se reduce.

Esta peculiaridad del hombre moderno se anuda con lo anterior, que nos permite calificarlo de homo oeconomicus.

Recordemos: aquel hombre económico del cual he hablado tiene dos caras: el empresario y el consumidor. La civilización moderna no sabe lo que es el hombre que ignora el sentido. Es aquel hombre que integra una sociedad de consumo. Los valores económicos se intercambian y se usan. El hombre consumista no establece distinciones. Tanto económicas como espirituales. La riqueza material, juega un papel importante en las sociedades humanas, pero jamás constituyó por si misma, objeto de admiración como en la actualidad.

IX - EL HEDONISMO - Junto con la actitud comunista, el hombre moderno se caracteriza por una pronunciada tendencia al hedonismo. El hombre, según los hedonistas, esta sujeto a la soberanía del instante. La prevención, el anhelo de un placer futuro, lleva siempre consigo cierta inquietud e inseguridad.

En este tiempo donde el trabajo ha perdido su sentido humanizante, la gente no busca más que el placer; es lo propio de las épocas decadentes. Mientras que el ser fuerte, de costumbres sólidas, comulga con lo que trasciende, con el bien de la especie, con el bien de la ciudad, con Dios, el ser débil no dispone más que de su pobre yo imponente, cautivado de su propia flaqueza.

Actualmente el hombre sufre mucho; a veces como consecuencia de sus propios defectos, sufre de soledad, problemas económicos, aburrimientos y angustias, y estos padecimientos pueden hacerse tan insoportables, que la apertura de la propia intimidad se presenta a veces como una liberación.

La tendencia al hedonismo, es la consecuencia mas cabal del desarraigo y el vacío que caracterizan al hombre moderno.

En la vida del hombre, también se integra el hedonismo o placer de la vida diaria, sean honestos o no dichos placeres. El placer se convierte en una necesidad análoga, inconsistente. El hedonismo constituye la atmósfera de la sociedad en que vivimos, una actitud que no tolera ningún tipo de cuestionamiento. La tendencia al hedonismo es la consecuencia más cabal del desarraigo y el vacío que caracterizan al hombre moderno.

X - EL RELATIVISMO - La verdad es relativa, y la norma de la verdad no es el objeto acerca del cual se emite un juicio. Esto significa que es relativa en el sentido de que es válida sólo en relación con el sujeto que piensa; sólo existe para una persona y dicha verdad puede no existir para otra. Y por esto es que el relativismo rechaza la validez universal de la verdad.

Expresado de otra manera, según Lewis, el relativismo subjetivista no cree en los juicios, sino que dice que son sentimientos o actitudes que se tienen hacia algo y son producidos en una comunidad y su ambiente.

Existe un relativismo en el campo de los valores y es cuando se atribuye una validez relativa, es decir, que sólo tiene importancia para un hombre.

El hombre se siente permanentemente tentado, a forjarse o exigirse una tabla propia de verdades y valores según su idiosincrasia o sus conveniencias.

En el actual relativismo han influido el pragmatismo (no recurrir a reflexiones o valoraciones éticas al hacer sus opciones), el fideísmo (creer porque se cree) y principalmente por el evolucionismo (la verdad es algo en perpetua transformación).

Nuestra época es la de la incertidumbre. Actualmente, el argumento más recurrido para calmar la conciencia es el del consenso, esto es, que la verdad dependa según lo que opine la mayoría, y esto hace que el hombre no tenga rumbo, ni dirección y no tenga ningún punto de apoyo.

El relativismo trae consigo la mediocridad, que es la deferencia por la opinión pública; siempre repite y admite algo sin sacar consecuencias y afirmar que el otro exagera; admira de todo un poco, teme a comprometerse y sigue la corriente.

XI. LA INFORMALIDAD - Se trata de una rebelión profunda, que va mas allá de lo político y de lo social. Es una revolución contra formas, a las que se acusa de ser meras "formalidades". Pero las formas no solo expresan el fondo, sino que lo enmarcan.

El hecho es que la vulgaridad se extiende cada vez más en el mundo moderno, sobre todo entre los jóvenes, y ello no queda impune, porque la vulgaridad en los modales acaba por hacer vulgar el corazón y la inteligencia. Una actualidad que se abandona en sus modales, como la nuestra, es una comunidad gravemente enferma.

"Una juventud que, por sistema, se disfraza de granuja, más pronto o más tarde tendrá costumbres de granuja; tal es la nuestra. La civilización comenzó vistiendo al primate desnudo. Cuando lo desviste en público, vuelve al estado de naturaleza, es decir, se niega a sí misma".

Frente a este culto a la "informalidad", muchas veces los padres y los superiores no ejercen sino el permisivismo, porque son incapaces de otra cosa, generalmente hablando.

XII. EL NATURALISMO - El naturalismo, al tiempo que se obstina en afirmar la dignidad de la naturaleza, frustra al hombre en su impulso hacia lo alto. En el fondo, no es sino la consecuencia del miedo que producen las alturas a las cuales hemos sido llamados.

La actitud naturalista, se auto confía en sus estrechos límites humanos y se resiste en participar en la naturaleza divina.

El naturalismo tiene dos expresiones principales, una en el campo de la inteligencia y otra en el de la política.

La segunda vertiente del naturalismo, es el liberalismo.

La libertad es lo único que se busca, por que todas las cosas existen desde la libertad. El liberalismo destruye la familia. Como en el matrimonio, que cada vez más, se considera que se opone a la libertad y que sólo es un contrato sancionado por la autoridad civil y con el tiempo se convertirá en un concubinato liberal. El liberalismo también afecta a las corporaciones y las libertades gubernamentales.

El liberalismo declara absoluta independencia y libertad del individuo, así como también autonomía del mismo. En realidad, lo que proclama el liberalismo es el divorcio entre la libertad y la verdad.

El hombre del naturalismo pretende ser el hombre nuevo, pero éste busca herir al cristianismo, rechazando la penetración de lo sobrenatural en el orden natural. Este hombre se cree naturalmente bueno y quiere permanecer una neutralidad aséptica; quiere ser hombre a secas. Éste tipo de hombre acaba vacío de sí mismo.

XIII. EL INMANENTISMO - Esta característica del hombre de nuestro tiempo, está estrechamente relacionada con el naturalismo y el liberalismo del que acabo de hablar.

Inmanencia, es la actitud del hombre de vivir en su tierra como si fuera definitiva, que permanece, y es lo contrario del trascendentalismo. No consideran que la vida es pasajera, ya que están convencidos que aquí se encuentra la morada final, lo cual es incorrecto. La inmanencia trae consigo el olvido de la trascendencia y el olvido de lo sobrenatural.

La verdad es lo contrario: es la capacidad de reconocer la superioridad de las jerarquías naturales y especialmente la capacidad de reconocer a alguien absolutamente superior.

El hombre cree que puede alcanzar la felicidad en la Inmanencia y esto es erróneo, ya que por más feliz que sea en la tierra, no logra satisfacerse enteramente.

XIV - LA PÉRDIDA DEL SENTIDO DE LA EXISTENCIA - Si el hombre no le da sentido a su vida, éste va a la deriva. El hombre contemporáneo ha perdido su brújula. Se ha ido vaciando existencialmente. El hombre perdió de vista su finalidad.

Viktor Frankl, desde el punto de vista médico, nos ofrece un diagnóstico: "toma en cuenta la voluntad de sentido". En sus pacientes, pudo ver un "vacío existencial" y "pérdida del sentido de la vida". Esta enfermedad es muy propia del hombre moderno.

Muchas personas se dan cuenta de este vacío, cuando tienen todo (vida muy acomodada) y es entonces, que se preguntan qué sentido tiene todo eso.

El que vive en la frustración existencial ignora como encarar el sufrimiento, ya que no le encuentra sentido alguno.

En definitiva, quien ha destruido al hombre, es el hombre mismo.

Armando Maronese

S, 21 de abril de 2007

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