Decididamente, la Argentina es un caso único: capaz de combinar crisis inconmensurables con alardes científicos y tecnológicos que sorprenden, especialmente si se tiene en cuenta que es un país en desarrollo y con obvias asignaturas pendientes. El dominio de la tecnología nuclear que permitió ganar la licitación para construir un reactor en Australia (esta semana se inaugurará formalmente), es uno de esos ejemplos que desconciertan. También lo es que aquí pueda desarrollarse una tecnología de punta que muy pocos países en el mundo dominan, como la manipulación genética que permite aprovechar la capacidad productiva del ganado para fabricar medicamentos. Leer artículo completo