Somos muchos los que comentamos entre amigos nuestra preocupación por la crispación política que se observa en España. Somos muchos también los que nos damos cuenta de que esa crispación está fundamentada en mentiras y medias verdades. Hay bastante gente que aplaudimos el que exista debate, que puedan defenderse ideas diferentes, que se reflexione en público sobre el mal y el bien, pero somos los mismos los que pedimos que se haga con respeto, sin descalificaciones personales, sin insultos, y, sobre todo, sin negar la legitimidad de aquellos que gobiernan, pues quitar o poner gobiernos es poder del pueblo soberano. Leer artículo completo