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Benedicto XVI busca la unificación de la Iglesia, excluyendo a sus jóvenes fieles

Por Armando Maronese - 14 de Marzo, 2007, 14:13, Categoría: Religión - Costumbres - Sectas

No a los curas casados, no a la comunión para los católicos divorciados, no a las formas de parejas que no sean el matrimonio y no a la poligamia. No también a sermones largos, a las músicas no respetuosas con la misa y a los vestidos sagrados, decoraciones y arquitecturas de los templos que no sean adecuados. En cambio, sí a la posibilidad de celebrar la misa en latín. El latín, la lengua universal de la iglesia católica, junto con los cantos gregorianos, deberá imponerse como un nuevo modelo a efectuarse de aquí en más.

Estos valores "no negociables" son algunas de las directrices, obligatorias para los católicos, que Benedicto XVI publicó ayer en un documento de 131 páginas bajo el título de Sacramento de caridad. En el texto, el Papa resume y hace propias las 50 propuestas que le presentaron los 256 obispos que el pasado octubre se reunieron en Roma con el fin de debatir sobre la eucaristía, eje de la religión católica.

Partiendo de esta cuestión en concreto, el Pontífice expone las directrices concretas que debe tener en cuenta todo buen católico, incluidos los políticos y parlamentarios, llamados a "presentar y a apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana". Se trata, afirma, de "valores no negociables", y entre ellos enumera "el respeto y la defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, la familia fundada sobre el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas".

Sobre el latín, el Papa afirma que "para expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia" es deseable que en los encuentros internacionales se use esta lengua, la oficial de la Iglesia. Por ello, los futuros sacerdotes deberán comprender los textos latinos y estudiar gregoriano.

"Exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín; también se podrían rezar en latín las oraciones más conocidas de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, utilizar cantos gregorianos", señala el Papa.

La revalorización del latín se produce poco antes de que el Papa liberalice, con otro documento, el rito anterior al Concilio Vaticano II (1962-1965), conocido como de san Pío V, que es una de las condiciones de los seguidores cismáticos del arzobispo católico ultraconservador Marcel Lefebvre para volver a la Iglesia de Roma. (Tras el Concilio Vaticano II, las congregaciones que deseaban celebrar misa en latín se vieron obligadas a pedir permiso a Roma o al obispo local. El consiguiente abandono del rito tradicional provocó un cisma liderado por Lefebvre).

Pese a las apariencias, el Pontífice dice que las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II, que introdujo los idiomas locales, son válidas, pero alerta de la introducción de "rupturas artificiosas" del rito de la misa.

El Concilio Vaticano II no prohibió expresamente el uso de esa lengua, y por este motivo, Benedicto XVI habla de una recomendación "en concordancia con el Concilio Vaticano".

Al presentar el documento a los periodistas, el cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia, respondió a las preguntas sobre la posibilidad de que se dé un documento papal que restablezca el misal de Pío V.

El cardenal Scola confesó que no tenía informaciones y consideró que la clave para el uso de ese misal está en que no se produzcan motivos de división en la Iglesia. "Sería una contradicción en términos, si la acción litúrgica se convirtiera en un principio de división en la Iglesia", aclaró.

Expuso la situación del patriarcado de Venecia donde "desde hace muchos años" se ha permitido "de celebrar todos los domingos la eucaristía en latín (según el antiguo misal, ndr.), con gran corrección y enorme respeto, y no se da ninguna tensión entre clero y pueblo".

"No se puede acallar la decisiva importancia de la reforma litúrgica del Concilio", concluyó Scola, recordando que la difusión del rito que se introdujo en tiempos del Papa Pablo VI "tiene necesidad de décadas".

Lo cierto es que el Papa cree que el latín, la lengua universal de la Iglesia, debe ser la respuesta católica ante el mundo globalizado: los futuros sacerdotes deberán comprender los textos latinos y estudiar gregoriano y los fieles deberán rezar en latín las oraciones más conocidas de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, utilizar cantos gregorianos.

Si bien se limitará, dicen, a las ceremonias internacionales o las más significativas, este decisión, sin dudas, va a dar que hablar.

Las respuestas de la Iglesia al "mundo globalizado" parecen a veces, ir contra el mismo. La acción litúrgica podría convertirse en un principio de unión en la Iglesia, pero a la vez de exclusión. Desde un principio, al menos, los jóvenes quedarán a un lado de estas celebraciones y de eso no cabe duda.

Armando Maronese

Mi, 14 de marzo de 2007

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