No a los curas casados, no a la comunión para los católicos divorciados, no a las formas de parejas que no sean el matrimonio y no a la poligamia. No también a sermones largos, a las músicas no respetuosas con la misa y a los vestidos sagrados, decoraciones y arquitecturas de los templos que no sean adecuados. En cambio, sí a la posibilidad de celebrar la misa en latín. El latín, la lengua universal de la iglesia católica, junto con los cantos gregorianos, deberá imponerse como un nuevo modelo a efectuarse de aquí en más. Leer artículo completo