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La pobreza, ese es el problema

Por Armando Quintana - 10 de Marzo, 2007, 22:34, Categoría: Opinión

     No debemos resignarnos a pensar, que es mejor en nuestra sociedad el que más dinero tenga. Eso excluye ya casi a más del 80% de la población mundial que cuando usan sus calculadoras no salen números ni cuentas corrientes, sino Sida, hambre, falta de trabajo, explotación, colonización, fuga de cerebros, migración a otros países y cosas similares que son, en definitiva, los nombres de la pobreza hoy en nuestra sociedad global.

       Pensar así es renunciar a la utopía. A esa de la que habla E. Galeano cuando afirma "la utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".

       En el siglo donde al tiempo que ha aumentado la desigualdad entre los pueblos lo han hecho también los progresos técnicos, dicho progreso no ha sido capaz aún de poner manos a la obra y comenzar a acabar con la pobreza mundial. Porque ese es el gran problema que tenemos hoy, no las guerras o el terrorismo islámico. Mil millones de personas siguen muriendo por desnutrición, por falta de agua. Y son africanos además los países que están en la cola del Indice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.

      Y, sin embargo, en el primer mundo nos seguimos nutriendo de ellos. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) cada año se vienen a vivir con nosotros 20.000 médicos desde el continente africano. Y a nivel general se calcula que en poco tiempo uno de cada diez africanos vivirá fuera del continente.

       Sin embargo, como los poderes políticos no dan respuesta, los movimientos sociales no renuncian a las ganas de que otro mundo pueda ser posible. Y eso ha hecho reunir en Nairobi a todos ellos para intentar afianzar las redes que originen una transformación en nuestra sociedad. No todo, pues, está perdido. Hay muchos que intentan que este siglo sea el de la gente, como nos ha recordado Mayor Zaragoza: "el siglo XXI tiene que ser el siglo de la gente". Son signos nuevos que en este mundo nos pueden indicar que es posible que más tarde o temprano la racionalidad vuelva a imponerse.

      Y habrá que seguirlo haciendo, pero de otro modo a Estados Unidos, Francia o la misma China, que se internan cada día con mas virulencia económica en el continente negro, al descubrir las inmensas riquezas que aún están por explotar. Harán falta otro tipo de políticos, empresarios y gente que cuando hagan estas operaciones lo hagan con los africanos y por los africanos. Tendrá que haber más gente, allende los poderes políticos, que recuerden con sus acciones, testimonios y palabras que sigue siendo posible otro mundo al que nos diseñan con sus estrategias lucrativas los actuales líderes en el poder.

      Hará falta todo esto porque sigue habiendo gente que no puede moverse, que no puede comer, que no puede respirar. En esas condiciones es difícil hasta pensar, y saber diferenciar lo real de cada día de lo que se quiere como esperanza. Hace falta, como dice el poeta, "manos que nos estrujen el pecho, partan en dos nuestro corazón, y tomen nuestra alma prestada por un momento, para hacerla viajar por lugares sombríos y hasta a veces encantadores". Lo serán, podrán ser encantadores, aunque para ello haga falta experimentar con fuerza el dolor.

      Harán falta algunos cambios importantes, y de hecho sigue habiendo gente seria e importante que nos lo recuerda de una u otra manera. El fin de semana pasado en la revista Magazine se encargaba de ello el escritor sueco Henning Mankell: "El problema principal del mundo actual es la pobreza, que la política no ha sabido, querido o podido controlar. No hay ningún otro problema que, de una u otra forma, no esté conectado con la pobreza. El gran problema de hoy está entre los que tienen y los que no tienen, y en que el espacio que separa a unos de otros está aumentando constantemente. Es un problema que incide en la estabilidad del planeta. Me angustia el silencio de la humanidad, y que nosotros permitamos que estas cosas ocurran. Vivimos en un mundo terrible en el que muchas de las cosas que pasan podríamos detenerlas si realmente quisiéramos hacerlo"

Por Armando Quintana

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