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¿Seguimos siendo tolerantes?

Por Armando Quintana - 8 de Febrero, 2007, 21:32, Categoría: Opinión

Hace ya tiempo se puso de moda en nuestro diccionario la palabra "tolerancia". Tiene sus defensores y también sus detractores, pues entre estos últimos hay quienes ven el peligro de dejarla reducida a permitir todo lo que sucede a nuestro alrededor. A mi juicio, ser tolerantes tiene que ver con el hecho de que vivimos en una sociedad donde todos, siendo iguales por dignidad y derechos, somos también diferentes. La tolerancia es un elogio y un reconocimiento a la diferencia.

No se trata de igualar a todo el mundo en cultura, costumbres, maneras de ser. Justo por eso la tolerancia debe asomarse a nuestras vidas. Porque existen las diferencias, porque hay diferencias que deben seguir existiendo, ya que cada uno es de acuerdo a su cultura, sus ideas, su religión, su historia, su familia, sus opciones, sus circunstancias. De nuevo aquel viejo axioma filosófico: "Yo soy yo y mis circunstancias".

Si no fuéramos diferentes, si todos fuéramos iguales, no haría falta la tolerancia. Pero ¿todos iguales? ¿Se imaginan Uds. un jardín con todas las flores del mismo color? ¿No sería algo feo? Justamente la variedad es lo que le da colorido.

Eso también pasa en nuestras familias, en nuestros vecinos, en el trabajo, en el mundo: todos somos diferentes. Pero, siendo diferentes, todos somos iguales. Esto es lo importante. Y no podemos olvidarlo.

A veces en este Primer Mundo, tan civilizado que tenemos, cuando nos llega gente con otras costumbres, con otras culturas, con otros hábitos, pretendemos cambiárselos y que se integren en nuestro ritmo, hacerlos a nuestra mano, como quien dice, sin descubrir que también ellos nos pueden estar aportando una variedad que nos enriquece.

Lo mismo ocurre con las ideas, con las opciones de vida de cada uno. Todas son legítimas, en diálogo abierto con las demás, sin imposiciones, fanatismos ni dogmatismos.

Con un límite, que es el respeto a los derechos humanos. Al menos, a mi juicio, esto es lo mínimo que se debe pedir. Lo cual nos da una garantía de convivencia. Tolerantes sí, pero pasivos no.

También por todo eso, y a pesar de ser diferentes, debemos protestar por lo que es injusto de acuerdo a esos mínimos, actuar para cambiar lo que nos rodea. Y de hecho, hay cosas en las que decimos que la tolerancia ha de ser cero.

Tolerancia cero por ejemplo al maltrato a cualquier persona, o hasta el mismo comercio de armas cuando no se ajusta a las mínimas normas internacionales de transparencia. Y ahí está la campaña de varias organizaciones sociales en estos últimos días, pues afirman que la futura ley española de comercio de armas es un colador que impedirá saber exactamente el destino final de las armas y su uso. Denuncian que municiones made in Spain llegan a países del Sur, donde las situaciones de pobreza y matanzas a causa de conflictos de armas y violencia sexual campan por sus anchas. Frente a ello se reclama la modificación de la ley, pues la tolerancia a que se venda a países donde se violan estos derechos humanos debe ser cero.

Por cierto, en dicho documento de denuncia se habla de que en estos momentos en España "hay 180 empresas dedicadas a la industria del armamento y de defensa", y que en los últimos años se ha exportado este material de muerte desde España a "destinos preocupantes", que "difícilmente cumplen con el Código de Conducta de la Unión Europea", como Colombia, Israel, Marruecos o China.

Tolerancia cero a la mutilación genital que cada año sufren en el mundo dos millones de niñas según el informe emitido por Save Children hace un par de días con motivo del Día mundial contra la mutilación genital femenina, no solo porque en la mayoría de estos países se realiza sin las mínimas condiciones higiénicas sino porque atenta contra la persona dada las consecuencias físicas inmediatas y permanentes contrarias al desarrollo de la naturaleza humana. Recordemos, p.e., que España considera estas prácticas como un delito en el Código Penal.

Y así más etcéteras que habría que añadir. Pero que, al tiempo, nos refuerzan la necesidad de respeto al diferente. Comenzando, claro está, por nosotros mismos, nuestra casa, familia, amigos, vecinos, compañeros y sociedad de convivencia. En la medida que vamos rompiendo las cadenas de intolerancia a nuestro paso, estamos aportando un grano de arena a hacer de nuestro universo un entorno de paz, siendo responsables en devolver positivismo donde aparece lo imposible.

Eso sí, luchando contra todo tipo de fanatismo e intolerancia que suele venir revestido de comportamientos irrespetuosos, intransigentes, autoritarios, arrogantes, egoístas, agresivos, violentos, desconsiderados e insensibles. No estaría nada mal desterrar este tipo de actitudes en los manuales de prácticas a seguir en la próxima campaña electoral.

Por Armando Quintana

www.archipielagonoticias.com

08 de febrero de 2007

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