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Una congresista neoconservadora estadounidense llama al asesinato de Fidel Castro

Por Armando Maronese - 21 de Enero, 2007, 22:22, Categoría: EE.UU. y sus acciones

Yo no soy castrista, de ningún modo, nunca lo podría ser. Pero dejemos eso de lado y vayamos al autoritarismo de un país que debería ser ejemplo ante el mundo y no lo es. Primer mundo. País que debería ser ayuda, amparo, seguridad. Pero no, no es así. Para mí Castro es un enfermo mental, con hambre insaciable de poder que fue usado y financiado por los Estados Unidos para hacer una revolución cubana. Fue usado y luego tirado. Fidel Castro está enfermo pero en vida. Calificado por la izquierda atlantista europea de dictador pero considerado, muy al contrario, de ejemplo de liberación nacional por la izquierda latinoamericana, el revolucionario cubano a sus ochenta años continúa dando pánico a Washington. La vice-presidenta del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, Ileana Ros-Lehtinen viene de hacer un llamado público para su asesinato.

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La aversión de la administración estadounidense y de los republicanos hacia el gobierno de La Habana no tiene límites. «Apruebo la posibilidad de ver a alguien asesinar a Fidel Castro». Éstas son las palabras de Ileana Ros-Lehtinen, la congresista republicana de Florida en marzo de 2006 en su oficina de Washington, durante una entrevista para el documental británico 638 Ways to Kill Castro. Ésta llamada al magnicidio de un jefe de Estado no lo ha hecho cualquier iluminado nostálgico de la época de Batista: lo lanzó la vicepresidenta del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de Norteamérica.

«El día que muera Fidel Castro será un día que celebrarán todos los cubanos que aman la libertad. Hace años que digo esto y no tengo ninguna vergüenza de mis palabras», agregó la elegida de Miami, de origen cubano. «Siempre he dicho lo mismo, me sale del corazón [...]. Quiero que desaparezca de la escena mundial, [quiero verlo] seis pies bajo tierra [...] Si alguien lo hiciera [lo asesinara], no lloraría una lágrima [...]. [Al contrario], estaría feliz por su muerte», añadió.

Originaria de La Habana, Ileana Ros-Lehtinen subrayó que estaba dispuesta a regresar a Cuba un día, «aunque eso implique que alguien mate a Fidel Castro o derroque a su gobierno».

Frente al escándalo que sus declaraciones surrealistas suscitaron, Ros-Lehtinen se retractó primero y acusó al director Dollan Cannell de ser culpable de un montaje y de deformar sus palabras. «Está presentado de manera que da una falsa impresión al televidente», declaró Ros-Lehtinen. «Nadie preconiza el asesinato», se defendió, subrayando que se trataba de un vídeo falsificado.

Se sucedieron varias declaraciones contradictorias que mostraron una evidente falta de coordinación entre la congresista y su responsable de prensa. Alex Cruz, su portavoz, afirmó que jamás había lanzado una llamada al crimen: «Lo que debe estar claro es que no quiere que Castro viva un día más [...], pero no llama a su asesinato». Ros-Lehtinen se mostraba más circunspecta y admitió haber hecho, sin duda en el pasado, una referencia al magnicidio del presidente cubano.

Dollan Cannell rechazó las alegaciones de la presidenta del grupo republicano al Comité de Relaciones Internacionales contra su integridad profesional. «Sus palabras no se alteraron de ninguna manera. Estoy desconcertado por la acusación», certificó. «Ileana Ros-Lehtinen lanzó una acusación muy seria contra el equipo del documental. No se puede ser más serio que eso en términos de acusación de falta profesional grave», enfatizó Cannell. Para probar su buena fe, el realizador proporcionó a la prensa una versión completa de la entrevista en la que Ros-Lehtinen reitera dos veces su anhelo de ver al presidente cubano asesinado. «Su acusación es completa y totalmente falsa. Quisiera que desmintiera sus palabras y que se disculpara», concluyó.

La indignación del cineasta británico, famoso por su obra y su profesionalidad que le valieron un Emmy Award, llevó a Ros-Lehtinen a reconocer sus propias palabras. Alex Cruz admitió que la representante republicana efectivamente había lanzado una llamada al asesinato contra Fidel Castro. «Sí, está en el documental, dijo eso», confesó.

Cediendo a las presiones mediáticas que le reprochaban su falta de valentía, Ros-Lehtinen aceptó finalmente asumir sus declaraciones. «Si estas palabras se encuentran en el documental, entonces las dije. No obstante, quiso reafirmar su deseo de "ver morir a Castro".»

Este nuevo asunto golpeó seriamente la credibilidad de Ros-Lehtinen y empaño aún más su imagen, ya desastrosa. En el pasado militó con éxito a favor de la liberación del célebre terrorista Orlando Bosch, a quien el presidente George H. Bush indultó en 1989, y sigue exigiendo la puesta en libertad del criminal internacional Luis Posada Carriles, responsable de la voladura del avión de Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976 que costó la vida a 73 inocentes.  En cuanto a la administración Bush y al Partido republicano, líderes mundiales de la «guerra contra el terrorismo», no hicieron ninguna declaración y no condenaron las palabras de la congresista, a pesar de que hizo una llamada a la ejecución de un acto grave de terrorismo internacional.

Decididamente, el doble rasero se ha vuelto la norma en política internacional. Las capitales occidentales, tan rápidas en pisarle los talones a Washington cuando se trata de fustigar a Cuba, observaron un extraño mutismo a propósito de este escándalo que hubiera tomado proporciones planetarias si se tratara del presidente estadounidense o de un presidente europeo.

Ningún gobierno europeo se dignó condenar las palabras inadmisibles de Ileana Ros-Lehtinen, al igual que fueron muy pocos los que se conmovieron con las declaraciones del reverendo ultraconservador Pat Robertson, amigo íntimo del inquilino de la Casa Blanca, cuando éste llamó, en agosto de 2005, al magnicidio del presidente venezolano Hugo Chávez. 

Una pregunta: ¿qué pasaría si el presidente de la Asamblea Nacional cubana lanzara una llamada a favor del asesinato de George W. Bush?. ¿Acaso la Unión Europea observaría el mismo silencio?

Armando Maronese

Fuente: Univ. Denis-Diderot

D, 21 de enero de 2007

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