Calendario

<<   Diciembre 2006  >>
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Archivos

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog

Scioli – Kirchner: enemigos íntimos

Por Alfredo Leuco - 29 de Diciembre, 2006, 15:54, Categoría: Opinión

El presidente Néstor Kirchner es el peor enemigo que tuvo, tiene y tendrá Daniel Scioli. Sólo hay que apelar a la memoria, o al archivo, para comprobar que es casi imposible encontrar otro dirigente o funcionario que, como Daniel Scioli, haya sido públicamente tan maltratado y humillado desde el mismo arranque del Gobierno.

Las primeras definiciones suavemente críticas del vicepresidente, desataron un verdadero huracán de castigos, que incluyeron el arrebato del manejo del área de Turismo, con el que pusieron a sus colaboradores de patitas en la calle y lo dejaron congelado y en silencio por un largo tiempo.

Algunos lenguaraces, más kirchneristas que Kirchner, recordaban en público que Scioli era un motonauta que había ingresado en las aguas de la política con el padrinazgo de Carlos Menem, que tenía demasiados empresarios amigos y que no se le conocían definiciones muy contundentes en la defensa de los derechos humanos y en el combate contra el terrorismo de Estado. Lo rotulaban con claridad: "es de derecha". Y olvidaban con fantástica velocidad, que esos presuntos defectos eran las presuntas virtudes por las que Kirchner lo había elegido como compañero de fórmula unos meses antes, paseando por El Calafate y en compañía de sus dos bellas esposas. En aquellos momentos los argumentos habían sido: "Daniel complementa la candidatura de Néstor. Nos suma votantes menos ideologizados, más de centro, y aporta a la fórmula niveles de conocimiento" que Kirchner definitivamente no tenía.

Aquel temprano cachetazo de Kirchner a Scioli sirvió para empezar a conocer más su estilo de conducción, su furia ante la opinión distinta que se potencia si es pública y en boca de un funcionario propio, y su desmesura y desproporción en las reacciones: empezaba a mostrarse como alguien capaz de matar un mosquito con un misil. Como alguien que pierde las dimensiones, producto de su obsesión por lo ínfimo, y que no siente culpa ni vergüenza por llamar a un CEO de una poderosa empresa española, por medio del embajador, para minucias tales como levantar la publicidad en un programa televisivo no obsecuente.

Esa ostentación de mano dura para la conducción del país no fue la última ni la más grave que padeció Daniel Scioli, quien durante largas épocas estuvo exiliado de las palabras y de los principales despachos del poder.

Cristina Kirchner no se quedó atrás. Los retos por televisión en vivo y en directo que le propinó al vicepresidente de la Nación en el recinto del Senado, con el dedo levantado, la mirada por encima de sus anteojos y el tono de voz elevado muy por encima de lo aconsejable, lograron conmover la inconmovible actitud de Scioli, que por momentos lucía turbado y tambaleante contra las cuerdas. Pero eso no fue todo. Hubo acusaciones más veladas y no tanto de espionaje, de operaciones de prensa, escuchas telefónicas cruzadas entre compañeros y una verdadera "guerra popular prolongada", como decía Mao, contra todas las múltiples actividades de Scioli.

Los que quieren al vicepresidente, dicen que su responsabilidad institucional y el terror de convertirse ante la historia en un nuevo "Chacho" Alvarez, frenaron la presentación de una renuncia que algunas veces imaginó. Los que no lo quieren dicen que sólo estómagos entrenados en el consumo de sapos y rostros endurecidos por la adversidad, son capaces de soportar semejantes niveles de escarnio público. La historia dirá a quién le asiste la razón. Pero el pasado que acabamos de recordar, confirma que Scioli tuvo en Kirchner al peor enemigo de su carrera política.

Ahora corresponde argumentar por el presente. Tratar de explicar por qué hoy, cuando la imagen de abrazos y actos en el conurbano indica otra cosa, Kirchner sigue siendo un obstáculo del tamaño de un glaciar para las aspiraciones de Scioli. Hay que poder mirar entre la selva de la hipocresía y el pragmatismo, que lleva a dos personas que se desprecian a trabajar juntos por un objetivo. Porque Kirchner, para solucionar un grave problema en la provincia de Buenos Aires, le arrancó, en cuestión de segundos, un probable triunfo que –según las encuestas más serias–, Scioli tendría en la Capital: estaba a punto de lograr su máxima aspiración, para la que venía preparándose durante toda la vida como nadie. Unos metros antes de llegar a la meta, el Presidente le ordenó que cambiara de distrito y de objetivo personal. Una vez más, las necesidades de Kirchner le arrebataron el sueño histórico a Scioli. Vale la pena recordar que Scioli ya había resignado la posibilidad de ser candidato a jefe de gobierno de la ciudad cuando Kirchner le ofreció integrar el binomio presidencial. En los dos casos, Scioli se sometió a las urgencias del patagónico y resignó (tal vez para siempre) su propio destino.

Eso sólo ya es un problema gigantesco. Cambiar en una baldosa y sobre la marcha los obsesivos planes que tenía y los cuadros técnicos elegidos para ejecutarlos, por la inmensidad y complejidad social y política de la provincia de Buenos Aires. Ahora tiene sobre sus espaldas la responsabilidad de lograr un triunfo abultado en un distrito que no conoce en profundidad, con ausencia de estructura territorial propia, con los millonarios números en rojo que deja Felipe Solá y tratando de explicar lo inexplicable: que puede ser candidato pese a que no vive en Buenos Aires y que, cuando vivió, no ejerció ciudadanía ni voto nunca, porque era menor de edad. Difícilmente la Justicia le impida la candidatura, pero nadie sale indemne después de gambetear la Constitución.

Son varias las piedras que Kirchner le puso en el camino. Hasta ahora, no había dudas de que Scioli podía representar a los porteños. Ahora hay que explicar que también puede hacerlo con los bonaerenses. Algo así como que es apto para todo servicio. Eso sólo ya lastima su imagen positiva, construida con años de optimismo, trabajo incansable y actitud generadora de consensos y diálogos, aun entre sectores muy diferentes. Por eso, Scioli prácticamente no tiene enemigos muy marcados. Salvo en su propio gobierno.

En la vida y en la política, las epopeyas seducen más cuando se hacen por pasión y convicción que por temor, disciplina o conveniencia. Es insólito: Scioli es "premiado" con una candidatura ahora, por los mismos motivos por los que fue castigado antes. Scioli no cambió. Kirchner necesita lo que antes rechazaba. Y allí aparece otro problema. Scioli es casi la contracara del Presidente. Cero formación setentista, nada de Fanon ni Cooke, lejos de la poesía de Paco Urondo y de la música de Silvio Rodríguez. Cuando los comisarios ideológicos del kirchnerismo provincial, como Carlos Kunkel o Emilio Pérsico, hacían la revolución con las armas, Scioli hacía una fortuna con los electrodomésticos de su padre. Era "fusiles-machetes, por otro 17" vs. "Un televisor en 20 cuotas sin intereses". Agua y aceite.

Esos sectores crujieron en sus convicciones y entraron en debates internos, y se preguntan si se puede calificar de victoria del campo popular y de la nueva política a un triunfo electoral con la bandera de Scioli. ¿Es una táctica inteligente hasta que lo nuevo termine de nacer, o pura codicia de poder y pragmatismo filo-menemista?

Scioli es una persona amable y afectuosa, capaz de ir a veinte actos por día, aun de gente que no conoce o con la cual no comparte demasiado. Esa actuación nada agresiva, ni siquiera con sus viejos compañeros menemistas, adolfistas o duhaldistas, esa vocación por hablar en todos los encuentros de empresarios y su ausencia absoluta de crispación, lo convierten en todo lo que Kirchner no es ni será jamás. Y ésa es una de las principales virtudes de Scioli. Eso es lo que gran parte de la población valora en todas las encuestas: sus maneras diplomáticas, su coraje para superar adversidades y escaparles, incluso, a los sablazos del matrimonio Kirchner. A punto de cumplir 50 años, Scioli es casi el único gran protagonista que le habla con lenguaje sencillo al segmento menos politizado de la sociedad, que es la inmensa mayoría. Muchísimos dirigentes cometen el error de dirigirse al periodismo, a sus pares o a la militancia, y así achican su universo de acción. "Soy un progresista de gestión", se define y apela a una de las 20 verdades peronistas; que mejor que decir es hacer.

Hay que ver si Kirchner va a permitir que Scioli muestre esas virtudes que lo singularizan y que son su carta de triunfo, o va a intentar verticalizarlo y uniformarlo; hay que ver si aprendió del fracaso de Rafael Bielsa en la ciudad de Buenos Aires. Porque el ex canciller era un gran candidato para el ciudadano sofisticado y voluble de la Capital. Cultísimo, irónico y libre pensador, capaz de cuestionar al propio Presidente, era un bocado de cardenal para los porteños. Hasta que Kirchner y Alberto Fernández resolvieron cortarle las alas y convertirlo en un burocrático y disciplinado instrumento del Presidente que entendía (y entiende), poco y nada del habitante de esta ciudad.

Sin rivales de fuste a la vista, Scioli tiene ahora en Kirchner a su principal preocupación y, en el futuro, para afirmar que Kirchner será su peor enemigo, debemos imaginar dos escenarios. Si Scioli pierde (cosa poco probable), será arrojado al infierno de los fracasados. Pero si Scioli gana, se convertirá para Kirchner en algo peor: en su principal competidor para 2011.

Seguramente asistiremos a una formidable lucha de acuerdos y desacuerdos y de equilibrios inestables entre el Presidente y un gobernador que luchará por hacer una buena gestión sin perder autonomía, pese a la gran dependencia que tendrá de los dineros del poder central. Cristina y/o Néstor Kirchner, el que sea presidente, deberá encontrar el punto medio entre evitar que Buenos Aires se incendie –trasladando inestabilidad a la Nación–, y no dejar crecer demasiado la figura de un Scioli que quedaría en inmejorable situación para pulverizar la leyenda de que ningún gobernador bonaerense pudo llegar a la presidencia de la Nación mediante el voto popular.

¿Podrá Scioli conducir algo? ¿Será rehén de los fondos kirchneristas? ¿Logrará un perfil y un proyecto con juego propio? ¿O deberemos padecer una batalla por los liderazgos en el peronismo, a los que los argentinos estamos tan acostumbrados? Para eso falta mucho todavía. Pero Scioli ya puede decir con sabiduría popular: con amigos como Kirchner, ¿quién necesita enemigos?

Por Alfredo Leuco

Permalink :: Comentar | Referencias (0)

Blog alojado en ZoomBlog.com