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Sexualidad y cultura

Por Armando Maronese - 28 de Diciembre, 2006, 22:34, Categoría: Opinión

La sexualidad humana se encuentra claramente determinada por las apreciaciones que la cultura determina como correctas, permitidas o adecuadas. Marca condiciones dentro de las cuales el sujeto puede o debe implementar o desarrollar su comportamiento erótico o sexual. Esto hace que se abran nuevas posibilidades para que el estudio y la comprensión de la sexualidad sean más complejas, al estar marcada por las variables culturales.

Se podría afirmar que la sexualidad es una construcción social, ya que no sólo es producto de la naturaleza biológica sino también, del entorno cultural y social en el que está inserto el individuo.

La sexualidad aparece como una pertenencia de personas sociales, integradas dentro del contexto de distintas y diversas culturas sexuales. Esto nos dice que muy pocos son los que viven su sexualidad como quieren y muchos como pueden. Somos seres culturales por excelencia, y la cultura es algo que se da y se define en la sociedad, los individuos asumen y contrarían, en mayor o menor medida, en su proceso de socialización.

Freud, en "El malestar en la cultura", se pregunta si ésta contribuye al bienestar de la humanidad o, por el contrario, alimenta sus miserias. Así mismo, plantea que la cultura persigue el establecimiento de vínculos que unan a los hombres y que esta unión corre a cargo de las fuerzas libidinales del psiquismo humano. Para llevar a cabo esta tarea, la cultura introduce restricciones en la satisfacción de los instintos. Controla los impulsos sexuales y agresivos del hombre –especialmente estos últimos–, generando en él un súper-yo, o conciencia moral que los canaliza y dirige contra el propio sujeto. De este súper-yo, emanan los sentimientos de culpabilidad y la consiguiente necesidad de castigo: al internalizarse la autoridad, la conciencia moral tortura al yo  generándole angustia.

No podemos negar que existen una serie de expectativas culturales en relación a la sexualidad. La no concreción de estas expectativas, llevan a las personas a sentirse fuera del sistema. La visión de vivir la sexualidad como pecado, visión instalada en el imaginario judeocristiano y no como don de Dios, nos ha llevado a vivenciarla como algo oscuro e inconfesable asociado a la culpa. Serviría de ejemplo, sin ponerlo a juicio moral y religioso, lo que sucede con aquellos que tienen una orientación sexual diferente a la heterosexualidad. La opresión a la que están sometidos bisexuales, lesbianas y homosexuales. Se postula que la opresión tiene su origen en un conjunto de creencias culturales denominadas sistema de géneros, son normas sociales que definen cómo deben  ser y comportase las personas de acuerdo a su sexo biológico (…) que se enfrentan a distintas formas de exclusión, discriminación y violencia debido a que no siguen estas normas en dos aspectos: su orientación sexual y en ocasiones en su rol de género (algunos homosexuales son femeninos y algunas lesbianas son masculinas).

Las normas sociales que conforman al sistema de géneros, se expresan en cinco formas de opresión: ocultamiento de la homosexualidad, asignar significados negativos a la homosexualidad y a la trasgresión de los estereotipos de género, violencia y discriminación por homofobia y la exclusión a los ghettos. (Luís Ortiz Hernández y otros, investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco,  Méjico).

Los medios de comunicación, como brazo emisor de lo que es y de lo que quiere imponer la cultura, cumplen un rol más que importante en la sociedad. En ellos, la sexualidad se confunde con genitalidad. Esta confusión, hace que los adultos puedan diferenciar como fantasía lo exhibido, porque tienen capacidad de discernir entre la ficción y la realidad sin embargo, en los niños y jóvenes, actúa como referente que los puede llevar a instalarse en un sistema de creencias que perjudique una sana sexualidad.

Los medios, con la televisión a la cabeza, muestran la sexualidad como algo carente de valores, sin afecto y sin el respeto por el otro. No permitiendo asociarla como una parte integral de la personalidad que comporta valores trascendentes.

En nuestra sociedad, la forma como hemos desarrollado nuestra sexualidad, en vez de crearnos una actitud positiva hacia ella, nos ha creado una variedad de sentimientos ambiguos con una fuerte tendencia a lo negativo. La falta de una educación afectiva sexual mancomunada entre la familia y la escuela, ha venido favoreciendo que los medios se erigieran como educadores informales.

El sistema educativo comunica un imaginario sexual basado en la inequidad de género, cuando trasmite contenidos que refuerzan el rol tradicional del hombre, el cual le exige muestras de virilidad a través del uso de las mujeres como objeto sexual y su coparticipación en las mismas condiciones, cuando le restringe su capacidad de expresar afecto y miedo y sanciona sus expresiones de ternura y delicadeza. En el caso de las mujeres, esto sucede cuando se la educa para la labor doméstica, se le impide el acceso a información adecuada sobre su cuerpo y su sexualidad y crean en ella una conciencia de desconfianza del varón, tanto en términos de amistad como de pareja.

Todavía es posible ver en nuestros países escuelas separadas por sexo, que separan en un aula a los homosexuales o que no hacen nada cuando los adolescentes o jóvenes homosexuales son violentados por sus pares, padres o profesores. (Documento elaborado por el foro electrónico de ACJ-YMCA –Asociaciones Cristianas de Jóvenes de Dominicana, Guatemala, Honduras, Panamá y Uruguay). Para aquellos que opinan diferente a la necesidad de una educación sexual impartida desde las escuelas, bien vale la pena aquí recordar párrafos de Familiaris Consortio, 37: Ante una cultura que banaliza en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida…, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre en una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal… La educación sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos…  

Mientras seguimos discutiendo "educación sexual si o no" la cultura, a través de los medios, sigue operando sobre las mentes de nuestros niños y jóvenes con sus mensajes tergiversados.

La cultura es producto de la humanidad, de los hombres y de las mujeres. Vivimos en sociedad o al menos tratamos de hacerlo. La pregunta que me hago es ¿Hasta qué punto no somos todos cómplices de lo que hoy la cultura en cuanto a sexualidad se refiere, nos quiere incorporar o vender o como quieran llamarlo? El creer que somos dueños de la verdad absoluta, de no aceptar la disidencia y la diversidad ¿No nos llevó a que ciertos sectores usaran la sexualidad como políticas de represión y consumo?

Mucho nos falta por andar, mucho por escuchar,  mucho por decir. ¿Cuándo podremos separarnos de nuestros egoísmos, por el bien común, haciendo respetar nuestros derechos respetando los derechos de los demás?

Armando Maronese

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Fuente: ACJ-YMCA

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