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Cuando Pinochet quiso envenenar el Río de la Plata – Rafael Bielsa

Por Armando Maronese - 17 de Diciembre, 2006, 20:06, Categoría: Corrupción - Violencia

Alguna vez, Pinochet planeó "envenenar las aguas del río de la Plata y exterminar a toda la población de Buenos Aires", en caso de que estallara una guerra con la Argentina. Para ello, el gobierno trasandino había desarrollado "gas sarín" y la toxina botulínica, con el "doble propósito de envenenar a opositores al régimen y exterminar en masa a la población argentina".

Uno de los logros del Chile de Pinochet, fue su modelo económico tomado como ejemplo por muchos economistas. El régimen trasandino implantó un durísimo ajuste que le permitió ostentar un crecimiento que muchos envidiaron. Bajo el general, la economía chilena creció a un ritmo del 8 y 9% anual, mientras los niveles de pobreza, altísimos al despuntar la década de los 80, empezaron a ceder notablemente.

Pero aquella imagen exitosa, perdería su brillo con las acusaciones ante los tribunales locales e internacionales de asesinatos, torturas y corrupción. La aparición de cuentas bancarias secretas a su nombre, unidas a la certeza de que sustrajo varios millones de dólares del tesoro público, o de que obtuvo esos fondos de manera ilegal, añadió otro grave elemento de descalificación al juicio histórico sobre su gobierno. El depósito a nombre de Pinochet en 1980 de más de 9.000 kilos de oro valuados en 160 millones de dólares, hallados en Hong Kong, reveló que aun el sistema más exitoso puede generar casos de corrupción.

La mano dura pinochetista se compensaba con los números positivos de la economía chilena, pero el delito de peculado hirió la sensibilidad de los chilenos. Entonces, la imagen de la era pinochetista comenzó a resquebrarse.

El itinerario del general chileno registra un hecho poco recordado a nivel mundial, pero sí quedó en la memoria de muchos argentinos. Cierta vez, Pinochet planeó la delirante idea de "envenenar las aguas" del Río de la Plata.

El dato se conoció en octubre de 2002, cuando una jueza chilena detuvo a dos oficiales del Ejército de ese país, acusados de asesinar en 1995 a Eugenio Berríos, un técnico que desarrolló armas químicas y bacteriológicas con las que la dictadura de Augusto Pinochet planeaba "envenenar las aguas y exterminar a toda la población de Buenos Aires", en caso de que estallara una guerra con la Argentina.

La revelación fue publicada en su momento por el semanario chileno "Siete+7", en el que se indicó que el gobierno trasandino había desarrollado "gas sarín" y la toxina botulínica, con el "doble propósito de envenenar a opositores al régimen y exterminar en masa a la población argentina".

Durante la investigación del caso, se detuvo a dos militares acusados por el asesinato de Berríos, quien formó parte de los organismos represivos de Augusto Pinochet, la famosa DINA. Berríos perdió la vida en extrañas circunstancias en Uruguay.

La decisión de detener a los ex militares, fue adoptada por la jueza del Sexto Juzgado del Crimen de Santiago, Olga Pérez.

Berríos fue hallado sin vida en la playa El Pinar, en Uruguay. Las investigaciones realizadas por la Justicia, permitieron determinar que Berríos fue llevado por la fuerza a Uruguay, después de que manifestara su deseo de colaborar con la Justicia en el esclarecimiento de varios crímenes de la dictadura. En ese país, intentó huir de sus captores, por lo que fue asesinado entre 1991 y 1992. Parte de sus restos óseos aparecieron abandonados en 1995 en la playa de El Pinar y sólo pudieron ser identificados gracias a exhaustivos exámenes de ADN.

El macabro hallazgo mereció unas pocas líneas en los periódicos y pronto quedó en el olvido. En el Instituto Técnico Forense, sin embargo, el antropólogo Horacio Solla siguió durante meses una pista apoyada simplemente en una corazonada.

Solla inició una paciente labor con una técnica relativamente novedosa en Uruguay: la reconstrucción en computadora de los rasgos de una cara y de la forma de una cabeza, a partir de un cráneo. Una vez fotografiado desde distintos ángulos, y escaneadas las fotografías, la pantalla de la computadora comenzó a reproducir una imagen ósea tridimensional. Aplicando fórmulas antropológicas, la imagen se fue recubriendo lentamente de cartílagos, tendones, músculos y finalmente piel; los restos de los vellos encontrados en las dunas, permitieron incluso reproducir el tipo de barba y cabello levemente canoso.

En julio de 1995, las autoridades del Instituto Técnico Forense que habían supervisado el proceso de reconstrucción virtual quedaron anonadadas:

La imagen que reproducía la computadora era casi un calco de la fotografía publicada en los diarios, que el ministro del Interior, Juan Andrés Ramírez; de Defensa Mariano Brito; y de Relaciones Exteriores, Sergio Abreu, habían presentado al Parlamento en agosto de 1993, como prueba de que Eugenio Berríos, secuestrado de la comisaría de Parque del Plata en noviembre de 1992, estaba vivo. Berríos aparecía, barbudo y sonriente, sentado en un sofá junto a un ejemplar de Il Mesaggero, de Milán, desplegado en el asiento contiguo, con la fecha de edición bien visible. Esa foto, dos años después, resultaba un testimonio de lo contrario: Berríos estaba muerto.

La justicia se tomó varios meses para confirmar la identidad. Puesto que se desconfiaba del procedimiento técnico de los antropólogos forenses aunque se admitía la base científica de la suposición, el magistrado González reclamó vía Interpol, ante la policía chilena, algún tipo de registro dental de Eugenio Berríos. La Brigada de Homicidios de la Policía Metropolitana chilena salió a la búsqueda de placas y radiografías y, previsoramente, adjuntó también registros médicos de antiguas fracturas sufridas por el joven Berríos en riñas callejeras durante la presidencia de Salvador Allende. Las placas dentales de Berríos coincidieron con la dentadura del cadáver de El Pinar, pero aun así el magistrado resistió una confirmación de la identidad y propuso un examen de ADN, que obligó a los padres del bioquímico a realizar análisis de sangre. Finalmente, en enero de 1996, la justicia rebautizó la carátula del viejo expediente de 1993 con el rótulo de homicidio, pero en la investigación no avanzó un ápice, como no había avanzado antes bajo el rótulo de secuestro.

Los estudios de los forenses Guido Berro, Beatriz Balbela y Guillermo Meza, fueron coincidentes en ajustar con precisión la fecha probable de la muerte, que situaron en los primeros días de marzo de 1993, exactamente en el mismo período en que el entonces comandante en jefe del ejército chileno, general Augusto Pinochet, realizaba una visita de carácter privado a Uruguay, y solicitaba al comando uruguayo la deferencia de nombrar como su edecán al teniente coronel Thomas Cassella, el hombre que guarda el secreto del "caso Berríos".

Rafael Bielsa colaboró con Pinochet - Según informe de Inteligencia de Uruguay sobre Bielsa y que fuera publicado el 11 y 12 de octubre de 2005 en el diario "El Observador" de Montevideo. En pocas palabras Bielsa quedó "pegado" porque después de cumplir exitosamente con su misión, se apresuró en regresar al país, aprovechando la cobertura que le proporcionaba la influencia de su padre con las autoridades de turno. Pese al consejo que se le dio, de no volver, no sólo lo hizo, sino que además "aceptó un puesto en el gobierno".

Bielsa fue detenido y secuestrado en 1977, y pasó dos meses detenido en el centro clandestino de detención denominado "El Castillo" o "El Fortín", ubicado en las inmediaciones de la Estancia La Española, a pocos kilómetros de la Ciudad de Rosario. Allí fue interrogado y torturado en diversas oportunidades. "El Castillo" fue el último destino de una extensa lista de desaparecidos Argentinos y Uruguayos que, tras las rutinarias sesiones de tortura e interrogatorio, eran asesinados y desaparecidos por los grupos de tareas del II Cuerpo de Ejército, en el marco del llamado Plan Condor.

En un período en el que muy pocos sobrevivían independientemente de su apellido (recordemos que los sobrinos del mismo Jorge Rafael Videla o de Álvaro Alzogaray, fueron secuestrados y nunca aparecieron), inesperadamente y por orden del entonces Ministro del Interior, General Albano Harguindeguy, el joven Bielsa fue liberado y se le facilitó, desde el Poder Ejecutivo, su escape al Reino de España, donde residió entre 1977 y 1980.

Hasta aquí podríamos decir que la historia del Canciller es casi normal. Es a partir del año 1980, que se vuelve sorprendente.

Para 1980, el joven Bielsa había sido:

-Entre 1974 y 1978, designado auxiliar en la Fiscalía Federal Nº 2 de los Tribunales Federales de Rosario, por lo que entendía cabalmente el estado de falta de derecho en el que se vivía, así como la gravedad de los hechos que ocurrían, y que le habían ocurrido a él mismo.

-En 1977 fue secuestrado y torturado durante semanas por el mismo gobierno militar, sabiendo que en ese mismo lugar habían secuestrado, torturado y asesinado a tantas otras víctimas.

-Fue posteriormente liberado y enviado a España por la misteriosa gestión del Ministro del Interior de Jorge Rafael Videla, General Albano Harguindeguy.

En 1980 Bielsa decide retornar de su exilio en España, y automáticamente consigue trabajo.

Ahora bien, ¿donde comenzó a trabajar este ex montonero, secuestrado, torturado y posteriormente liberado por Harguindeguy? ¿En la Justicia? No. ¿Como profesional independiente? No. ¿En alguna organización defensora de los derechos humanos? Tampoco.

Sorprendentemente, el ex montonero comienza a trabajar -en plena dictadura-, para sus antiguos captores. Y es así que:

Entre 1980-1981, trabajó en la Comisión de Ordenamiento Legislativo del Poder Ejecutivo Nacional.

Entre 1981-1982, fue asesor en la Subsecretaría de Asuntos Legislativos del Ministerio de Justicia de la Nación.

En 1982 fue designado miembro integrante, por el Ministerio de Justicia de la Nación, de la Comisión de Estudio de un sistema adecuado para el tratamiento informático del material bibliográfico existente en la Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Es decir el señor Canciller trabajó no en uno, sino en tres cargos políticos para las cuales fue designado específicamente por el Proceso de Reorganización Nacional, Dictadura responsable del secuestro, tortura, muerte y desaparición de miles de argentinos.

Y, aunque cueste creerlo, el ex Canciller argentino Rafael Bielsa, también tuvo el mal llamado privilegio de trabajar a sueldo para el gobierno del mismísimo Augusto Pinochet. Es así que, entre 1982-1983, fue contratado como asesor para un Proyecto Piloto de Informática Jurídica en Chile. Parece ser que jugaba para varios bandos.

Armando Maronese

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