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Murió Pinochet: No hay nada que festejar

Por Armando Maronese - 10 de Diciembre, 2006, 22:54, Categoría: Opinión

¿Quién desea festejar la muerte? La izquierda, a veces, tiene esas tonterías inexplicables que sólo resultan de cierta impotencia ante determinados acontecimientos. Lo mejor que se puede hacer con Augusto Pinochet Ugarte es dejarlo descansar en paz. "Si Pinochet muere de viejo, los chilenos no tenemos perdón". La frase estaba plasmada en un graffiti en una calle de Santiago y fue rescatada por Eduardo Galeano en su libro "Patas Arriba" y ante la muerte del ex dictador, Augusto Pinochet es propicio analizar si corresponde o no la celebración o el duelo.

Al conocerse el domingo la noticia de que Pinochet había muerto, la postura de la ciudadanía era enfrentada. Mientras un sector analizaba que había hecho bien al país y por lo tanto tenía que establecerse un duelo de Estado, otros comenzaron a salir de sus casas portando banderas chilenas y partidarias para festejar el fin del tirano.

No vamos a contradecir la información que marca que Augusto Pinochet encabezó la dictadura más sangrienta de Chile, que es responsable por torturas, muertes, desapariciones y detenciones de personas. Pero hay realidades que se deben analizar desde la realidad y la conciencia y no desde la emoción.

El sábado 25 de noviembre Pinochet cumplió 91 años, en un país donde la esperanza de vida es de 74,4%. En una carta que hizo leer a su esposa reivindicaba lo que hizo y se hacía cargo; es decir, que no le importaban las acusaciones y se enaltecía por ellas.

A lo largo de los últimos años, Pinochet era procesado por diferentes casos: Plan Colombo, Operación Cóndor y otras travesuras similares. Pero tranquilo en su gran residencia del barrio de La Dehesa, conseguía que su poder y sus abogados lo hicieran escapar de varios de esos casos. Además si quedaba detenido en su casa no le importaba, porque ahí se sentía cómodo.

Eran las 2 de la mañana del domingo 3, cuando Pinochet se despertó con dolores estomacales y problemas al respirar. Allí el médico y el enfermero que tiene las 24 horas lo atendieron, lo subieron a una ambulancia y salieron velozmente hacia el Hospital Militar escoltados por un automóvil del Batallón de Policía Militar, que custodia el ex militar por orden judicial.

Iban seguidos por otro auto en el que iba el hijo mayor de Pinochet, Augusto, acompañado de su madre, Lucía Hiriart. A los siete minutos de haber ingresado al Hospital Militar, los médicos realizaban una angioplastía para revascularizar el miocardio y estabilizar un edema pulmonar.

"Entró casi muerto", dijeron sus familiares después que un sacerdote le diera la extremaunción esperando el final de sus días.

Una semana después Pinochet, quien había tomado la comunión, volvió a recibir la bendición sacerdotal y ser recomendado a Dios. Él cree que hizo las cosas bien y creyó hasta último momento que el ataque judicial que recibía, era de sus enemigos a los que combatió para salvar el país.

Pinochet murió tranquilo. Pinochet no pagó. Pinochet murió bendecido y libre. Entonces ¿qué debemos festejar? Como personas de bien tenemos que lamentarnos. Pinochet consiguió matar, desaparecer y torturar a quienes quería. Consiguió tener poder e impunidad hasta el final de sus días, como quería. Consiguió que se le brinden honores en su funeral. Murió viejo y orgulloso.

El festejo correspondía cuando el juez Baltasar Garzón lo detuvo el 17 de octubre de 1997 y lo dejó 503 días retenido.

Ahora sólo resta pensar que dejó de existir físicamente, pero que su obra sigue casi intacta. Ahora resta lamentarse que no haya terminado tras las rejas y no relajado en su casa y en un hospital. Ahora resta aprender qué se hizo mal. Porque, lamentablemente, quienes tienen más para festejar son los pinochetistas.

Armando Maronese

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