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De lo nuestro, lo peor

Por Gallego Soto - 18 de Octubre, 2006, 2:41, Categoría: Peronismo: régimen, caída e historia

Los bochornosos sucesos que se desarrollaron durante el acto de necrolatría que significó el traslado de los restos de Perón, muestran una parte de lo que es nuestra sociedad y, sobre todo, la estatura de nuestros dirigentes políticos. Por un lado, vimos personas cuyas conductas y razonamientos se aproximan más a las de un simio que a las de un ser humano. Por el otro, no hemos visto a ningún dirigente político ni sindical que asuma las culpas de los groseros errores que ayer se cometieron. Una vez más, la culpa es de "los infiltrados" es decir, del otro.


"Yo no tuve nada que ver" podría ser el resumen del discurso oficial y, como veremos, esto no es así: el gobierno tiene que ver y mucho y los animales protagonistas del escándalo, también.


La actitud de numerosos asistentes al clásico ritual necrólatra peronista es repulsiva al más elemental razonamiento y propia de ignorantes y violentos que, nos guste o no, no vienen de ningún país extranjero sino que son una parte considerable de nuestra sociedad. La peor parte es cierto pero parte al fin.


Es una buena parte de ese pueblo que, al decir de nuestros iluminados dirigentes, "nunca se equivoca". Son, en síntesis, los vándalos de siempre que por un vaso de vino, un choripán y unos pesos, dan y reciben palos, cuchiladas y tiros en cuanta ocasión haga falta.


Puede ser en un acto como el de ayer, en un partido de fútbol, en una elección interna de cualquier partido político o en cualquier disputa gremial de las muchas que hay en nuestro país.

Estos animales muestran claramente que no sólo las Fuerzas Armadas albergan trogloditas en su seno sino que también la sociedad civil los tiene y posiblemente en cantidad superior a los uniformados. Ser violentos no es patrimonio de civiles o militares sino de sociedades incultas como la nuestra. Los dirigentes políticos merecen un capítulo aparte y en una democracia verdadera deberían dar las explicaciones del caso aunque en realidad no las haya.


Cualquier Estado moderno, delega el poder de policía que le otorga su Constitución en las fuerzas de seguridad que dicha Constitución ha previsto. No es concebible, en ningún Estado civilizado, que se delegue la seguridad de un acto multitudinario únicamente a quienes son partes del acto. Esto es más propio de los "camisas negras" de Mussolini que de una sociedad democrática pero, y esto hay que decirlo, está implícito en la filosofía justicialista desde el comienzo de este movimiento político.


El Gobernador de la provincia de Buenos Aires y el mismo Presidente de la Nación deberían explicarnos a los que queremos un país más civilizado, culto y, de esa forma más justo, cómo es posible que en un acto de esas características sean unos cuantos analfabetos que responden a otros analfabetos que lideran algunos sindicatos los encargados de velar por la integridad física de los asistentes. Deberían explicar en virtud de que extraña legislación un grupo de cavernícolas tiene el derecho de arrogarse una función que nuestra Constitución delega en las fuerza públicas de seguridad.


Con el criterio empleado en este bochornoso espisodio, en los partidos de fútbol deberían encargarse de la seguridad las diferentes barras bravas de los distintos equipos de fútbol.
En los campeonatos mundiales de este deporte, deberían cuidar la seguridad los simpatizantes de los diferentes países que intervienen en el mismo. Y, en definitiva, habría que poner al zorro a cuidar a las gallinas.


Todo un disparate que, lamentablemente, registra antecedentes en la historia de barbaridades cometidas por el peronismo aunque luego todos se esmeren en aclarar que los vándalos "no son verdaderos peronistas".


Sucedió en Ezeiza cuando Perón regresaba al país luego de su exilio en España, sucedió hacen 10 años cuando los "democráticos" líderes sindicales peronistas se disputaban la "torta" que representa la conducción de la CGT, ocurrió ayer en el día de la ¿lealtad? Peronista y seguirá ocurriendo cada vez que un grupo de inadaptados sociales se junte a arreglar cuentas pendientes bajo cualquier excusa.


Se ha dicho que los peronistas "no son buenos ni malos, sino incorregibles" y esto vuelve a demostrarse con los hechos recientes. Mientras estos dirigentes y este "pueblo" sean los que manejan la vida política del país, seguiremos teniendo más de lo mismo. 


Un pueblo de brutos, como el que se vio ayer en todos los canales de televisión, se equivoca y mucho y por eso estamos como estamos. Es lo que cualquiera que reflexione sobre nuestra historia reciente, sin pasiones, podrá ver sin mucho esfuerzo.


En Argentina vivimos otras personas que no compartimos los métodos fascistas del peronismo ni que gobiernen los militares para "salvarnos" de misteriosos males. Es hora de que empecemos a hacernos oír porque de lo contrario, barbaridades como las de San Vicente seguirán siendo moneda corriente entre nosotros.

Por Gallego Soto

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