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La educación importa

Por Armando Maronese - 14 de Octubre, 2006, 23:09, Categoría: Opinión

Según el Foro Económico Mundial de Davos, Finlandia es la economía más competitiva del planeta y encabeza el ranking en tecnologías de información y comunicación. De a cuerdo con Transparencia Internacional, también es el país percibido como menos corrupto. Una empresa finlandesa, Nokia, es líder mundial en telefonía celular, con 35.000 millones de dólares de venta anuales.

Finlandia no era así. Un país básicamente agricultor se reinventó a sí mismo en los últimos 35 años. Apostó a desarrollar su capital humano, a la investigación científica y tecnológica, a la cultura, a la igualdad de oportunidades y a la ética.

Invierte en investigación y desarrollo el 3,5% de su producto bruto anual, frente al 2,6% de USA y menos del 2% de la Unión Europea. La educación y la salud son prioridades nacionales. Construyó un sistema educacional que, al mismo tiempo que totalmente gratuito, es de excelencia. Todos los finlandeses tienen igual acceso a las escuelas y se beca a los estudiantes universitarios.

El trabajo de los maestros es jerarquizado por la sociedad y las vocaciones docentes son fuertemente estimuladas. Los municipios apoyan activamente a las escuelas, que tienen una elevada dotación de docentes. Se enfatiza una formación integral. Así se decidió que los niños inicien su escolaridad a los 7 años, considerando que desarrollar sus habilidades sociales y darles oportunidad de aprender a jugar era más importante que empezar a leer antes. El país prepara más músicos per cápita que ningún otro.

Todo ello se ha manifestado en resultados concretos. En la última medición internacional de conocimientos de estudiantes de 15 años, Finlandia ocupó el primer lugar. Todos los jóvenes terminan la secundaria y más de la mitad está cursando la universidad. Los finlandeses leen periódicos y extraen libros de las bibliotecas en promedios mayores a los de la gran mayoría de países. Por otra parte, la cobertura total de salud ha logrado algunas de las mejores tasas internacionales de esperanza de vida y de reducción de la mortalidad infantil.

La universalización de la educación, de la salud de alta calidad y de la equidad, están en la base de un proyecto nacional que ha llevado, según explica Robert Kaiser (editor asociado del Washington Post) después de una extensa visita al país, a que las oportunidades no dependan de un "accidente de nacimiento". Resalta: "Todos los finlandeses tienen las mismas oportunidades de vida, libertad y felicidad". Por otra parte destaca que la organización social del país "ha logrado remover de modo efectivo muchas de las causas tangibles de ansiedad" que proliferan en otras sociedades.

La inversión -en gran escala y sostenida- en educación, ciencia, tecnología y salud pública; la equidad y las sabias concertaciones entre Gobierno, empresa privada, organizaciones laborales, sociedad civil y partidos políticos caracterizan al llamado modelo nórdico. En todos lados, los resultados son para tener en cuenta.

Noruega es el número uno del mundo, en los últimos tres años, en las tablas de Desarrollo Humano de la ONU. Tiene logros formidables y ha erradicado casi totalmente la pobreza. Suecia es el número dos en dichas tablas, es el número uno mundial en investigación y desarrollo (invierte 4.3% de su PBI), tiene la tasa de mortalidad infantil más baja del planeta -sólo 3 niños de cada 1.000 mueren antes de cumplir 5 años de edad-, y la red de preescolares con más cobertura del Universo. Los tres países tienen excelentes coeficientes de equidad, y los niveles más altos del mundo de igualdad de género.

Nadie sugiere copiarlos, pero sus ejemplos son referencias muy útiles y sugerentes. Deberían mover a reflexión a una América latina con enorme potencial, pero con serias dificultades para enfrentar los desafíos de la pobreza persistente, de la inclusión social, y de las altas inequidades. Un reciente informe de Naciones Unidas-Cepal sobre la región y las metas del milenio, se inicia señalando que "ostenta la lamentable característica de seguir siendo la región más inequitativa del mundo".

Un estudio de Cepal, IPEA y PNUD concluye que la causa central de la pobreza es la inequidad, y plantea que "los resultados de los esfuerzos por reducir la pobreza han sido desalentadores, en gran medida porque no ha sido posible controlar los elevados niveles de desigualdad de la región".

A pesar de importantes esfuerzos en educación, las brechas son muy altas. Ya los estudios pioneros del BID (1998) las resaltaban, indicando que el 10% más rico de la población tenía 12 años de escolaridad y el 30% más pobre sólo 5. Se estima que hoy, en el 20% más pobre de la población sólo el 12% de los jóvenes termina la secundaria y sólo el 0,9% la universidad. Los efectos sociales regresivos que esto tiene, son muy amplios. Según análisis recientes, con menos de 12 años de escolaridad las personas no tienen "empleabilidad", y en países como la Argentina y otros, las empresas están pidiendo secundaria completa incluso para empleos no calificados. La educación aparece en el país y en el continente como un frente esencial para enfrentar las desigualdades, y para incrementar la productividad y habilitar plenamente a la población para absorber y manejar las nuevas tecnologías, que son base de la competitividad.

Señalando que el gobierno nacional se ha propuesto llevar el presupuesto educativo al 6% del PBI en cinco años, lo que colocaría a la Argentina en el liderazgo regional en este campo crucial, el ministro Filmus, que está llevando adelante impactantes programas de equidad educativa, ha destacado que "de los diez países con mayor calidad en educación, siete no tenían tradición educativa en los años 60. En todas las tasas estaban en un nivel inferior que la Argentina. Son países que han hecho un cambio de modelo, y hoy no sólo tienen mejor calidad que otros desarrollados, sino que son los más igualitarios". Entre ellos están Canadá, Finlandia, Corea, Irlanda, Malasia, y otros con grandes incrementos de sus inversiones en educación.

El siglo XXI será cada vez más, un siglo donde la educación y el conocimiento harán una diferencia fundamental, y el acceso universal a los mismos aparece como esencial para el progreso económico, y la inclusión social. Es necesario concertar esfuerzos colectivos para apoyar la inversión en educación y demostrar, en los hechos, que es realmente prioritaria para nuestras sociedades.

Armando Maronese

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