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La caja de Pandora – Sobre la esperanza

Por Armando Maronese - 14 de Octubre, 2006, 23:01, Categoría: Opinión

En la vida nos sucede como en el dentista: siempre pensamos que va a llegar lo malo y mientras lo pensamos, ya ha pasado. Bismarck   

El mundo en que vivimos, nos ofrece cotidianamente situaciones que nos pueden llevar a vivir en medio del espanto. Posiblemente, hoy mismo, la provisionalidad de la vida es la vivencia más inmediata en la realidad del hombre en comunidad. Tal vez, en la intimidad del propio corazón, muchos puedan proyectar y proyectarse, creer y confiar, mirar hacia el horizonte con mirada clara, pero, en la vida comunitaria, cuando sale de su casa y se conecta con el colectivo, la provisionalidad parece imponerse. Hambre, desempleo, muerte, terrorismo, guerra, marginalidad creciente... Todo parece cuestionar el sentido de proyectarse cuando el presente es agobiante, espantoso.

De todas formas, la idea de estas reflexiones es cuestionarnos cuál es la respuesta posible a este signo de nuestro tiempo. La provisionalidad, el fatalismo, son socios de la imprevisibilidad de la vida. O así parece ser. ¿Cuál es la respuesta a la imprevisibilidad?

Muy posiblemente Pandora tenga la respuesta, veamos.

La Esperanza - Muy posiblemente, sea oportuno partir de un intento de definición de la esperanza. Obviamente, hay muchas. De todos modos, voy a partir de definirla como un espíritu de rebeldía ante lo aparentemente inmutable, un noble impulso hacia la vida que lleva a vencer el desaliento de los callejones sin salida que la vida misma nos impone.

Muchas veces se ha interpretado a la esperanza como una manifestación de debilidad, mansedumbre o pasividad. Sin embargo, se manifiesta como un espíritu de rebeldía, es decir, una manera de oponerse activamente, ni tibia ni temerosamente, al acontecimiento de la vida. Es una manera de no aceptación de lo actual como definitivo, aún cuando tenga apariencia de inmutabilidad.

Asimismo, es un noble impulso hacia la vida, es decir, no se trata de una actitud pasiva, una espera resignada; es un verdadero motor o polea que acciona a favor de vivir. No sirve para refugiarse en la mágica expectativa de que "algo suceda", ni en la dependiente actitud de esperar que "alguien haga algo" para rescatarme o salvarme de lo que acontece. Es un verdadero impulso "hacia la vida", lo que es igual a decir un impulso al acto. Finalmente, siguiendo la definición propuesta, este impulso nos lleva a vencer el desaliento de los callejones sin salida, es decir, no pretende modificar la realidad de los hechos, sino que actúa sobre el modo de asumirlo. Por lo tanto, se opone al "desaliento" que muchas veces, inevitable e inicialmente, nos imponen los hechos.

Es que el hombre parece debatirse eternamente entre la esperanza y la desesperanza. Vive en permanente estado de tensión entre ambos extremos límites, en torno de los cuales, se van dando los vaivenes normales de la existencia en respuesta a los avatares de la vida.

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Armando Maronese  

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